Las aplicaciones de citas pierden fuelle
La saturación de navegar por cientos de rostros y datos, el cansancio de chatear durante horas sobre temas triviales, la frustración de no ver cumplidas las expectativas puestas en el candidato elegido y el rechazo son algunas de las causas que explican la decadencia de aplicaciones de citas como Tinder, que han perdido cerca de 17 millones de suscriptores en el segundo trimestre de 2024

|Freepick
ÁGATHA DE SANTOS
Las aplicaciones de citas están perdiendo fuelle, mientras toman impulso otros formatos digitales que favorecen encuentros con intereses comunes, foros o citas breves, y las alternativas presenciales para conectar a personas, como los run clubs, grupo de corredores que se reúnen para entrenar juntos, mejorar su técnica y rendimiento, y socializar.
Según la revista The Economist, las apps de citas perdieron 17 millones de suscriptores y las descargas bajaron un 20% en el segundo trimestre de 2024. Según Purificación Leal, presidenta de la Sociedade Galega de Sexoloxía (Sogasex), las causas de este descenso se deben, sobre todo, a la insatisfacción de necesidades emocionales y sociales básicas. «Primero tenemos que tener en cuenta que nuestra felicidad en lograr objetivos como tener pareja es un viejo mandato sociocultural que nos dice cómo debemos relacionarnos, que, en la era digital y ante la decreciente red de apoyo comunitario, se convirtió en el nicho de mercado de algunas plataformas», afirma.
Según añade, la falta de autenticidad, la saturación digital por la monotonía y el cansancio que puede llegar a producir el estar iniciando conversaciones que en muchos casos resultan estériles, la frustración de no ver cumplidas las expectativas puestas en esa persona idealizada, el ser rechazado y la monetización de la aplicación son algunas de las causas que apuntan varios informes sobre la decadencia de estas apps.
Según Leal, este declive era previsible. «Se predecía un desgaste emocional por este tipo de elección y el uso prolongado en la búsqueda de parejas, ya que no produce la misma satisfacción que cuando una persona se siente reconocida y validada a través de la atracción y el deseo, donde juegan un papel muy importante el uso de todos los sentidos, sobre todo el olfato, el contacto visual y el tacto», explica. Además, el estar expuestos a una sobreestimulación en esa búsqueda continua en las aplicaciones provoca fatiga emocional, al igual que aislamiento y deterioro de los vínculos sociales en ese proceso. «De ahí que, después de ese repunte de su uso durante la pandemia, le siguiera una necesidad de conexión social directa, más auténtica, en búsqueda de pertenencia y acompañamiento, lo que también implica más compromiso», comenta.
Este declive, sin embargo, no significa que estas apps vayan a desaparecer. «Las personas somos gregarias, y necesitamos seguir conociendo y filiando con otras personas, además de seguir los mandatos patriarcales de encontrar la media naranja para cubrir necesidades afectivas y sexuales», esgrime.
Al contrario, cree que han llegado para quedarse. «Será difícil sustituirlas, por las dinámicas sociales actuales que nos hacen ser nómadas y estar en permanente movilidad, bien por estudios, en busca de trabajo, de vivienda o por curiosidad; o bien porque la gente joven, como nativa digital, establece y mantiene sus relaciones sociales a través de las nuevas tecnologías, y esta interconexión con el grupo de iguales les permite crear un sentimiento de pertenencia que le va repercutir en el establecimiento de relaciones afectivas e íntimas», argumenta.
Las personas de mediana edad son las que más utilizan las aplicaciones de citas tipo Tinder, mientras que la generación Z comienza a conectarse de manera más directa y han surgido nuevas formas de ligar, como las pulseras Approach Project, que facilita información sobre las personas que están disponibles y dispuestas a mantener un primer contacto en ciertos contextos, como bares y fiestas. «Resultan más auténticas y permiten una conexión con todos los sentidos. Sin embargo, esta tendencia no descarta el uso de otras aplicaciones, que suelen demandar menos habilidades sociales y son menos confrontativas frente al rechazo directo», añade.
Las alternativas presenciales para socializar también ganan adeptos. «Se trata de lugares que sirven para reconectar físicamente a las personas, y no solo bares o asociaciones sin ánimo de lucro, con temáticas concretas que favorecen interacciones espontáneas, sino encuentros organizados por empresas para favorecer interacciones de personas, donde el propósito inicial es el encuentro físico, y lo romántico o el encuentro sexual no es la prioridad», detalla.
Las apps de citas han generado cambios en las maneras de relacionarnos y de buscar citas. Antes, estas solían darse en los lugares cercanos: trabajo, locales sociales... o por azar, y obedecían al modelo dominante de amor romántico en busca de la media naranja. Asimismo, aunque la conexión podía ser a primera vista, la mayoría de las veces se producía de forma lenta y progresiva, lo que permitía conocerse mejor. Por el contrario, las apps favorecen la rapidez y la diversidad de citas, y en cualquier lugar del mundo. Aunque algunas fomentan las relaciones duraderas, las más populares presentan una sobreoferta de personas candidatas a quedar con ellas y enfatizan en el físico. «Las expectativas en la elección suelen ser altas, por lo que es fácil que se acompañe de frustración al no verse cumplidas en la realidad», advierte Leal.
Por otro lado, la sobreoferta de opciones promueve una sobredemanda constante y una insatisfacción persistente, marcada por la búsqueda continua de «alguien mejor». Este fenómeno fue descrito por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman con el término amor líquido, para referirse a la fragilidad de las relaciones humanas en la cultura contemporánea, donde la experiencia amorosa se transforma en un objeto de consumo.
Según Leal, al tener como propósito la inmediatez y las conexiones casuales, estas apps tienden a reducir a la otra persona a un objeto de deseo. «La elección se realiza a partir de un catálogo de fotografías y algunos datos sociodemográficos que acompañan al perfil, usualmente atractivos pero estereotipados, y carentes de una biografía o narrativa personal que lo presenten como un sujeto que piensa, siente y actúa», sostiene.
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