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Los gozos y las sombras de Eusebio Poncela en Bueu

En el año 1982, Televisión Española estrenaba la adaptación de la trilogía de ‘Los gozos y las sombras’, de Torrente Ballester y rodada, entre otros lugares, en Bueu. Una serie protagonizada por Eusebio Poncela en el papel de Carlos Deza y Charo López como Clara Aldán. El actor falleció esta pasada semana a los 79 años

David García

Bueu

El mundo del cine y la interpretación despedía esta pasada semana al actor Eusebio Poncela, fallecido a los 79 años. Películas como Arrebato, La ley del deseo, Matador o Martín Hache forman parte de la filmografía esencial del intérprete. Pero su popularidad entre el gran público comenzó a raíz de la adaptación al mundo de la televisión de Los gozos y las sombras, la trilogía de Gonzalo Torrente Ballester, y que tuvo entre sus lugares de rodaje Bueu. Poncela se metió en la piel de Carlos Deza, el protagonista principal de la novela y al que Torrente Ballester le «prestó» algunos de sus propios rasgos e inquietudes, como su interés por la psiquiatría y el psiconálisis o su amor por la música. «La verdad es que en aquel momento no era muy conocido. Todo el mundo se refería a él como un actor joven y muy guapo», explican algunos de los vecinos de Bueu que trataron con el equipo de rodaje y que incluso participaron en la serie como extras, como Antonio Toño Quintela, de Casa Quintela.

Escena con una manifestación de los marineros en la zona de Pescadoira. |  Peris Sastrería Teatral

Escena con una manifestación de los marineros en la zona de Pescadoira. | Peris Sastrería Teatral

Poncela venía de rodar Arrebato con Iván Zulueta, una película vanguardista y arriesgada que con el paso de los años se ha convertido en obra imprescindible del cine español. Cuando comenzó el rodaje de Los gozos y las sombras el rostro de Eusebio Poncela no era el más conocido entre el público. En aquel elenco destacaban Charo López como Clara Aldán, o Carlos Larrañaga, que era una especie de cacique local y el dueño de unos astilleros.

Toño Quintela, en el comedor de Casa Quintela en el que comían los intérpretes y equipo durante el rodaje. |  Santos Álvarez

Toño Quintela, en el comedor de Casa Quintela en el que comían los intérpretes y equipo durante el rodaje. | Santos Álvarez

La elección de Bueu como una de las localizaciones para el rodaje de Los gozos y las sombras era poco menos que obligada. El nombre del pueblo de la trilogía es Pueblanueva del Conde, pero a nadie se le escapa que en realidad era un trasunto de Bueu. La historia está llena de referencias más o menos explícitas a la localidad en la que Torrente Ballester vivió en su juventud y donde se casó con su primera esposa, Josefina Malvido.

El rodaje de la serie para Televisión Española comenzó en diciembre de 1980 y se prolongó hasta el verano de 1981. Pero la grabación en Bueu y sus alrededores se concentró en dos semanas del mes de febrero de 1981.

El pazo de Santa Cruz, las antiguas lonja y plaza de abastos, el entorno de Petís y Pescadoira... son algunos de los espacios más reconocibles. Las localizaciones en Galicia incluyeron también Aldán, Marín —en la zona donde hoy está el puerto y que en la serie acogía a los astilleros de Cayetano Salgado—, Pontevedra y O Grove.

Durante esas dos semanas de febrero que se rodó en exteriores de Bueu, Aldán, Marín y Pontevedra todo el equipo de Los gozos y las sombras tenía su base de operaciones en el restaurante Casa Quintela, que en aquel entonces regentaban los padres de Toño Quintela. «Venían a comer todos los días, con puntualidad británica. A las dos de la tarde tenían que estar sentados a la mesa para acabar a las tres menos cuarto para volver a rodar. Estábamos aún en invierno y necesitaban aprovechar la luz», recuerda Toño, que por aquel entonces era un adolescente de apenas 16 años. «Comían como cualquiera. Se les servía el menú del día en el comedor y estaban todos juntos: Charo López, Eusebio Poncela, Carlos Larrañaga y el resto de actores y actrices, técnicos, cámaras...», explica Toño Quintela desde ese mismo comedor.

Antes de que empezase el rodaje de la serie en Bueu aparecieron carteles anunciando que se necesitaban extras para rodar algunas de las escenas. Una oportunidad única para participar en una producción televisiva, especialmente en un momento en el que los únicos canales que existían eran «la primera y la segunda» de TVE. «Había una escena que era un enfrentamiento entre dos grupos de sindicalistas: la CNT, que eran los pescadores, y la UGT que eran los trabajadores del astillero de Cayetano. Se anotaron como unas 40 personas y teníamos que ir a Marín. La productora nos puso un autobús de Cerqueiro, pero solo aparecimos la mitad de los anotados», recuerda Quintela.

Esa falta de compromiso exasperó al director, Javier Moreno de Alba, que tenía bastante genio. Para resolver la papeleta no hubo más remedio que caracterizar a los extras primero como los integrantes de un sindicato, cortar y luego caracterizarlos nuevamente como los del bando rival. «Grabaron así y luego mezclaron las imágenes en el estudio. Pero hubo que repetir alguna de las escenas por mi culpa. ¡No podía parar de reírme! Yo estaba al lado de Carlos Larrañaga, sin poder parar de reír y de repente se oye al director: ‘¡Corten! A ver ese rubio al que le da la risa, ¿no es capaz de estarse serio?’», recuerda Toño Quintela.

La serie se estrenó en 1982 y fue un enorme éxito. Abrió el camino a que TVE adaptase más obras de la literatura española y el Círculo de Lectores editó una tirada de un millón de ejemplares de la trilogía de Los gozos y las sombras, que se agotó. La adaptación televisiva de esta obra gestada en Bueu le dio el éxito definitivo a Gonzalo Torrente Ballester, cuando ya tenía 72 años edad, y convirtió a Eusebio Poncela, aquel «actor joven y guapo» que ya tenía más de 35 años, en uno de los rostros más populares del cine español.

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