Testimonio
El director de dos hospitales de campaña en Gaza: "Tratamos con paracetamol a niños con amputaciones"
Eliezer Rodríguez, un médico venezolano que reside en la Comunitat Valenciana, narra la situación que vive en Gaza tras el alto al fuego como director de dos hospitales humanitarios. El bloqueo fronterizo pone en jaque la atención sanitaria sin casi fármacos ni equipos sanitarios con los que atender a una población que sigue sufriendo una tregua «virtual y frágil» dos años después del inicio de los bombardeos

Las víctimas infantiles centran gran parte de las atenciones sanitarias en la Franja de Gaza / E. R.
Íñigo Roy
Hace tres meses que volvió a Gaza. La primera vez que pisó la Franja fue hace casi 2 años. Acababa de comenzar el conflicto. Pocos podían imaginar que los bombardeos y la muerte siguiera tanto tiempo. Vio demasiado y tuvo que tomarse un tiempo. "Lo peor es ver morir a niños", confesaba este médico venezolano en una entrevista a Levante-EMV. En abril volvió a Requena (Valencia), donde reside con su familia, desde donde partió a otra misión humanitaria, esta vez en Madagascar. Sin embargo, en septiembre surgió la oportunidad de volver a Gaza y lo hizo. Ahora Eliezer dirige dos hospitales de campaña en la zona más castigada por las bombas. En total, la ONG a la que pertenece dispone de más de 300 camas y está construyendo un centro de campaña en ciudad de Gaza, la zona cero del genocidio.
Pese a la tregua de paz, los bombardeos siguen y con ellos la muerte también. "La paz es virtual y frágil", reconoce mientras prepara la maleta y guarda algunos regalos para sus pacientes tras unos días de vacaciones en València. "Desde el alto el fuego, Israel ha creado áreas donde concentra la actividad militar. Es cierto que la situación ha cambiado pero la guerra, las bombas y el conflicto sigue… y la paz pende de un fino hilo. Desde el hospital seguimos oyendo el silbido de las bombas".
Las ruinas son trampas mortales
El panorama que se encuentra cada mañana es desolador. En Gaza apenas queda en pie un puñado de edificios y los que quedan son "trampas para la población, especialmente para los niños". Con el alto al fuego miles de refugiados comenzaron el camino de vuelta a casa, a lo que quedaba de ellas, y se encontraron con ruinas y hambre.

Refugiados regresando a Ciudad de Gaza tras el alto el fuego / E. R.
El reto ahora, detalla Eliezer, es dar soporte y atención sanitaria a toda esa población que ha emprendido el regreso a casa. En ciudad de Gaza solo queda en pie un hospital público, que fue bombardeado, y del que solo quedan operativas las urgencias.
El bloqueo fronterizo se mantiene y, pese a la paz, Eliezer detalla los problemas con los que se encuentra día a día para lograr suministros sanitarios: "El ejército israelí bloquea mucho de los materiales que un hospital necesita diariamente. Hay camiones bloqueados llenos de material. Tenemos bloqueadas en la frontera dos máquinas de rayos X, no hay forma de lograr que lleguen fármacos como la morfina y, por ejemplo, conseguimos que apenas pasen a la semana tres o cuatro sillas de ruedas. Tampoco dejan pasar ni oxígeno y material para reparar las plantas para producirlo que necesitamos en la región".
Tenemos bloqueadas en la frontera dos máquinas de rayos X, no hay forma de lograr que lleguen fármacos como la morfina y, por ejemplo, conseguimos que apenas pasen a la semana tres o cuatro sillas de ruedas

Bisan, una de las pacientes más jóvenes atendidas por Eliezer / E. R.
Aunque parezca sorprendente, la falta de material médico para atender a las víctimas y a los enfermos se mantiene pese a la tregua y llega a situaciones tan extremas como las que relata Eliezer al hablar de quienes ahora mismo son uno de los principales afectados, los niños. "Las ruinas de los edificios se han convertido en cepos para los niños. Muchos entran para buscar comida o cosas que vender en el mercado negro y en lugar de eso acaban mutilados al explotar bombas que todavía permanecen sepultadas entre los cascotes de los edificios", explica el doctor, mientras reconoce que muchos de ellos llegan a los centros hospitalarios con las miembros ya amputados. "En las últimas seis semanas hemos atendido a cientos de niños así. Los traen sin posibilidad de reimplante o reconstrucción por los daños. Los intervenimos para frenar las hemorragias y los tratamos con paracetamol para el dolor porque no hay otros fármacos disponibles".
Pero las heridas no se limitan a cicatrices y amputaciones. Desde la ONG a la que pertenece Eliezer calculan que pasarán al menos cuatro o cinco años hasta que la situación pueda salir de la precariedad siempre y cuando no se recrudezca el conflicto armado.
Las ruinas de los edificios se han convertido en cepos para los niños. Muchos entran para buscar comida o cosas que vender en el mercado negro y en lugar de eso acaban mutilados al explotar bombas que todavía permanecen sepultadas entre los cascotes de los edificios
Las víctimas, mientras tanto, los niños con miembros amputados aguardan a un futuro con pocas esperanzas. "Con los medios de los que disponemos y el filtrado en la frontera es imposible hablar de prótesis. Intentamos enseñarles a valerse por ellos mismos con muletas y las pocas sillas de ruedas que nos llegan pero las limitaciones son enormes", confiesa Eliezer al tiempo que muestra fotos con algunos de sus pacientes "sonriendo siempre pese a todo".

El doctor junto a tres niñas atendidas en uno de los hospitales de campaña / E. R.
Una máquina de rayos para 100.000 habitantes
La logística y la complejidad para poner en marcha dos hospitales de campaña con más de 1.000 sanitarios implicados es enorme. Sin embargo, todo eso choca con la realidad del bloqueo. Llevan meses esperando dos máquinas nuevas de rayos X. El primero de los hospitales de campaña (formado por varios contenedores sanitarios equipados con todo lo necesario) contaba con una máquina de rayos que no ha parado de funcionar día y noche durante los últimos dos años. Ahora mismo esa unidad es el único medio de diagnóstico por imagen con el que cuentan para dar servicio una población asistencia de 100.000 personas. "Los pocos hospitales públicos que se mantienen en pie en Gaza no disponen de suficientes máquinas de rayos y nos piden ayuda para trasladar pacientes a nuestras instalaciones para poder diagnosticar".
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