Sucesos
Negociadores frente a secuestros, atrincherados y suicidios: “Hay que tener la mente fría, son situaciones extremas”
En lo que va de año, los guardias civiles Miguel y Domingo [nombres ficticios] han mediado en 17 intervenciones en Sevilla, muchos de estos episodios "relacionados con la salud mental"

Así es el grupo de Negociadores de la Guardia Civil de Sevilla. / Jorge Jiménez
Carlos Doncel
Los teléfonos de Miguel y Domingo [nombres ficticios] tienen siempre el sonido activado. La llamada puede llegar en cualquier momento: hay un atrincherado amenazando a las autoridades, una joven que pretende quitarse la vida, un padre que quiere tirar a su hijo desde la azotea. Ahí arranca un proceso que alcanza su punto más crítico en el cara a cara, cuando todos se apartan y son ellos quienes se encargan de la situación. Sin armas ni escudos: solo a través de la palabra, de la empatía y la confianza. Son los negociadores de la Guardia Civil.
"En los años que llevamos en la Comandancia de Sevilla hemos tenido de todo: secuestros, suicidios, atrincherados, rehenes…", enumera Domingo. "Tomamos la responsabilidad cuando existe un escenario de máximo riesgo y los compañeros de seguridad ciudadana piden nuestra ayuda. Somos gestores de crisis que usan la comunicación como herramienta", explica este agente a El Correo de Andalucía. En cualquier parte de la provincia, sea cual sea la hora.
Una labor que se resume en un simple gesto: "Cuando llegamos los negociadores, la gente da un paso hacia atrás y nosotros uno para adelante", señala Miguel. "En ese instante es vital tener la mente fría, templanza, porque puede salir gente perjudicada", relata este miembro del Instituto Armado. "Debemos ser muy prudentes a la hora de hablar, de seguir un hilo. Y tener siempre presente que hay que ponerse en la piel del otro".
Más casos en Sevilla, muchos por salud mental
En lo que va de 2025, estos especialistas han mediado en un total de 17 intervenciones en Sevilla. Una cifra que, poco a poco, "ha ido aumentando" en la provincia, tal como reconocen estos guardias civiles con años de experiencia. "Últimamente nos hemos encontrado muchos episodios relacionados con la salud mental, como crisis psicóticas", coinciden en señalar.
"Hemos estado en situaciones en las que le han quemado la cara a un bombero, se han disparado arpones o han utilizado armas de fuego. La mayoría es gente que tiene una realidad muy distorsionada, pero otros casos son planificados. Y ahí la negociación ya no es la misma", aclara Miguel. "Recuerdo que actuamos en un caso de violencia vicaria en el que un padre cogió al niño e intentó acabar con su vida tirándolo desde la azotea", rememora. "Por eso digo que no son todos iguales: en ocasiones hay cálculo de por medio".

Uno de los agentes negociadores de la Comandancia de la Guardia Civil de Sevilla. / Jorge Jiménez
Conocer, escuchar, empatizar: un trabajo de equipo
La negociación comienza justo en el momento en que reciben el primer aviso. "Desde que nos montamos en el coche, nuestro trabajo es saber cuál es la motivación, el detonante. Ahí es fundamental el trabajo de todos: buscamos problemas médicos, el contexto laboral y conocer las relaciones familiares de la persona en cuestión", detalla uno de estos profesionales. Si detectan un hueco en alguna de estas áreas, bingo: ya saben por dónde entrar.
"Nos vamos nutriendo de esa información para tomar una estrategia u otra. La primera comunicación es importantísima", asegura Domingo. "Son situaciones extremas, en las que el estrés y la ansiedad están en picos altísimos, y hay que rebajarlos". ¿Y cómo lo consiguen? Intentando empatizar "a través de la escucha activa". Oyen, parafrasean, repiten las mismas expresiones que el agresor, el atrincherado o la persona con conducta suicida. "Eso hace que ventile emociones y podamos crear un clima de confianza, de cercanía. La idea es adaptar su ritmo al nuestro".
"Son situaciones en las que el estrés y la ansiedad están en picos altísimos, y hay que rebajarlos"
Y no lo hace solo quien está en primera línea, este es un trabajo de equipo. Por eso, una vez que se ha delimitado una distancia de seguridad, se reparten los roles: un agente asume el de Nego-1, en contacto directo con el individuo, y otro el de Nego-2. Tal como subraya Miguel, este Nego-2, desde fuera de la escena, "tiene una vista más panorámica de todo lo que ocurre". Esto le permite ir dándole indicaciones a su compañero: "Sigue así, lo estás haciendo bien", "Cuida las pausas, baja el tono", "Pregúntale por su pareja" o "Dale más confianza", por ejemplo.
"Lo que vale en un sitio no nos sirve en otro: no es lo mismo una persona en riesgo de suicidio que un tío que se ha parapetado con una escopeta de cartuchos", apunta Domingo. El objetivo, eso sí, es el mismo en todos los casos: "Ganar tiempo, rebajar pulsaciones, salvaguardar la integridad física de los implicados y resolver el incidente de la mejor manera".
Entre la responsabilidad y la vocación
Desde que se delimita el cerco de seguridad, la carga de cómo van a transcurrir todos los hechos recae en el equipo de negociación. Pero ¿cuánto pesa la responsabilidad? "Sí que pesa, pesa mucho", reconoce Miguel. "Imagina que una persona con intención suicida se quita la vida al poco de empezar a dialogar. O que acaban pegándole un tiro a un rehén. Por supuesto que es una carga".
"Debemos tener claro que no somos tampoco la varita mágica para solventar una crisis", afirma Domingo. No existen trucos ni palabras infalibles. Todo es escuchar, entender y acercarse al otro incluso durante horas. "En el momento en que todo termina e imaginas otros posibles escenarios que se podrían haber dado, toma sentido aquella frase hecha de 'la satisfacción del deber cumplido'", destaca su compañero.
Secuestros, agresiones, suicidios. Miguel y Domingo afrontan todos estos escenarios "sin montar un espectáculo". Llegan como cualquier otro agente, anónimos en el caos de cualquier crisis. Solo la palabra como herramienta y un chaleco. "Siempre acabamos con un cansancio emocional enorme, pero nuestra vocación hace que nos desvivamos por esto", apunta Domingo. "La gratificación que nos llevamos es esa: vas, se arregla y te vuelves a casa". Y el móvil, como siempre, con el sonido activado. Esperando una nueva llamada.
- Los gallegos guardan 4.000 millones más en sus cuentas bancarias por falta de rentabilidad
- Los taxis de A Coruña cortarán Alfonso Molina para manifestarse contra los VTC
- La Xunta pagará 139.000 euros a un alumno de Oleiros que perdió un ojo
- Jon Karrikaburu vuelve a escena para el Deportivo
- Lucas Pérez deja de entrenarse con el Leganés
- Deportivo - Atlético: Horario y dónde ver por TV y online los octavos de final de la Copa del Rey
- El precio medio de nuevos alquileres en A Coruña baja de los 700 euros por primera vez en un año, pero también caen los contratos
- Las 70 plazas del aparcamiento de la estación intermodal para vecinos: estos podrán ser los precios y plazos