El despido de A Coruña, a orillas del mar
Robe Iniesta, fallecido a los 63 años, revolucionó con Extremoduro el lenguaje del rock en este país en un repertorio de canciones catedralicias con un pie en la calle, hechuras literarias e inquietud filosófica

Robe Iniesta, en el escenario del Festival de Porta Ferrada, en el Guíxols Arena, el 10 de agosto de 2024. / Ferran Sendra

La categoría del rock urbano es minúscula para explicar su arte, porque Robe Iniesta creó una expresión propia, salvaje y filosófica, con calle y vuelo literario, que emergió como un cuerpo extraño, marginal, y que cautivó a multitudes por un carril genuino, sin postureo, hiperrealista y asentado en una rara belleza y en una idea del amor como tormento y refugio. Fue una de las figuras más idolatradas de la moderna música española, y su peripecia se cortó en seco la madrugada de ayer, al sucumbir, a los 63 años, de causa todavía no precisada, un año después de haber suspendido los últimos conciertos de su gira en curso tras diagnosticársele un tromboembolismo pulmonar.

El despido de A Coruña, a orillas del mar
Robe sabía que había creado un personaje de aura mítica y lo conllevaba como podía, atendiendo a su intuición y haciendo valer sus reglas en el showbusiness. No le gustaba ahondar en el significado de sus canciones y desplazaba a los oyentes el poder de interpretarlas a su libre manera. Hablaba poco con la prensa porque decía reservarse para cuando tuviera algo que decir y porque discrepaba de tener que opinar sobre todo por el hecho de ser un músico conocido. Rompió esquemas como cancionista: composiciones, algunas, largas y tortuosas, sobre lo humano y lo divino, en una categoría bastante inaudita entre lo punk (o metal-punk) y lo sinfónico.
Y ese lenguaje lírico, rompedor en el rock en castellano, casando brutalismo y metafísica con Extremoduro (grupo del que firmó casi todo el cancionero, solo o acompañado) en textos que muchos de sus seguidores llegaron a tatuarse: «Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor» (de La ley innata), «Y qué importa ser poeta o basura» (de Quemando tus recuerdos) o el expeditivo título del disco en vivo Iros todos a tomar por culo. Robe Iniesta picoteó a Machado, Neruda y Miguel Hernández, y se ha relacionado su escritura con la de Bukowski y los simbolistas franceses.
Amigo del ‘carpe diem’
Material de extremos, crudo y deslenguado, expresivo de sus cuitas sentimentales y sexuales, de sus discrepancias con el orden sociopolítico y de sus tiras y aflojas con las sustancias adictivas, como en Jesucristo García, del primer álbum de Extremoduro, Rock transgresivo (1989), donde se mostraba «crucificado a base de pastillas». En La hoguera asomaba el que sería uno de sus principios vitales, el carpe diem: «Y tú que te preocupas por culpa del futuro / Cuando ya no te quede será cuando te enteres».
Extremeño, nacido en Plasencia (16 de mayo de 1962), había dejado los estudios en tercero de BUP y montado su primera banda, Dosis Letal, a la que siguió Extremoduro, que en sus primeras etapas tuvo distintas formaciones y que avanzó a base del boca a boca y de su fichaje por el sello Dro, a punto entonces de integrarse en la major Warner. En su cabeza no paraban de bullir ideas, y Deltoya (1992) iba a ser el debut de una banda paralela, Extremozoide, pero se convirtió en un álbum de éxito (disco de platino) de Extremoduro, con temas como Ama, ama, ama y ensancha el alma, significativo de su desmarque del nihilismo: «Los brazos, la mente: y repartíos / Que solo os enseñaron el odio y la avaricia».
Robe se iba metiendo en su llamada «época del caos», con tensiones internas en la banda y un modo de vida desbocado. El lenguaje rock de Extremoduro incorporó instrumentos inusuales (saxo, flautas) en ¿Dónde están mis amigos? (1993), el álbum de Pepe Botika, pieza sobre «un honrado traficante» que adaptaría Albert Pla y cuyo estribillo es un alegre recitado de cárceles: «Carabanchel, la Modelo, Herrera de la Mancha, Cáceres 2, Alcalá Meco, Puerto de Santa María».
Otro artefacto que no llegó a cobrar forma fue Los Q3 (o sea, Los Cutres), cuando se instaló en Rubí. También Pedrá (1995, álbum con una única canción de 29 minutos) iba a ser el debut de una banda paralela que no fue. Sí cuajó Extrechinato y Tú, alianza de medio Extremoduro (Robe y su cómplice más duradero, el guitarrista Iñaki Antón, Uoho) con Fito Cabrales (Platero y Tú) ideado para musicar textos del poeta Manolo Chinato, que dejó un único álbum, Poesía básica (2001).
En la obra de Extremoduro hay que consignar Agila (1996), con sus textos de amores y abandonos, así como Canciones prohibidas (1998), con nuevos matices sonoros, y su última cumbre, La ley innata (2008), con 45 tortuosos minutos, presentados en seis movimientos, que reflejan un proceso de transformación interior con el amor como fuerza redentora. En esa época, Robe Iniesta hizo una incursión en la narrativa con la novela El viaje íntimo de la locura.
El fin de la química
Robé publicó en 2015 un primer álbum en solitario, Lo que aletea en nuestras cabezas, preludio del fin de Extremoduro, atribuido a una degradación de la química interna. La gira de despedida prevista para 2020 saltó por los aires a causa del covid 19 y no se reprogramó (y Robe acusó a la promotora Live Nation de «no haber querido esperar a que pasara la pandemia»).
Ya en solitario, Mayéutica (título que aludía al método socrático, 2021) y Se nos lleva el aire (manifiesto a favor de vivir el presente, 2023) deslizaron el influjo del rock andaluz. En una entrevista de hace un año auguraba una pausa y situaba en su creatividad el centro de todo, más allá de los tempos industriales: «No puedo planear nada, porque no tengo ni idea de cuándo va a salir una canción».
El comunicado publicado ayer por El Dromedario Records habla de Robe como filósofo, humanista y literato, y también como «líder político». Recuerda que fue «capaz de poner de acuerdo a PSOE, PP, Unidas Podemos y Vox». Una alusión al día, el pasado septiembre, que el Ayuntamiento de Plasencia votó por declararle Hijo Predilecto de la localidad, pasando por encima de las trincheras ideológicas.
Robe Iniesta sonó por última vez en A Coruña el 13 de julio de 2024. El cantante tocó el que sería el último concierto en la ciudad en el puerto, durante el Coruña Sounds, con los sones del tercer y último disco que publicó en solitario, Se nos lleva el aire. En 2022 había tocado en el gran recinto de la ciudad, el Coliseum y dentro de su gira Se nos lleva el aire. Iniesta ya conocía el recinto de su época de Extremoduro (en la imagen, en 2014), y en 2021 había cancelado un recital en él dentro de su gira Mayéutica: el local no permitía hacer conciertos con el público de pie por las prevenciones del covid, así que se lo llevó a Santiago. Iniesta dijo entonces que quería tocar con el público «de pie y bailando como putos locos». Y los coruñeses, en todos sus recitales, lo cumplieron.
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