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No son juguetes: adopción responsable

Las protectoras reciben animales de forma constante. La adopción puede salvar vidas y aliviar la presión que soportan estos centros, pero debe ser una decisión meditada y responsable, no el resultado de un impulso. Aunque incorporar un animal a la familia es una experiencia gratificante, también conlleva importantes responsabilidades.

Perros en una protectora de animales.

Perros en una protectora de animales. / EP

Ágatha de Santos

Vigo

Ney, Coconut, Onís, Niky, Dano, Arán, Billie, Aretha, Chispa, Lulú... Detrás de cada uno de estos nombres se esconde una historia de abandono y sufrimiento. Los más afortunados escribirán una segunda parte, más feliz, más justa, con una familia dispuesta a darles una segunda oportunidad a través de la adopción. Otros, sin embargo, seguirán pagando las consecuencias de la crueldad de otros.

En Navidad, muchas familias se plantean incorporar un animal, generalmente un perro o un gato, a su hogar. Muchas veces, animadas por la insistencia de los niños de la casa. Para evitar adopciones impulsivas, muchas protectoras interrumpen los procesos de adopción en estas fechas. No es el caso de la Protectora de Animales de O Morrazo que, a diferencia de otras entidades, da animales en adopción durante todo el año, siempre bajo un proceso riguroso que incluye cuestionarios, entrevistas y una información detallada previa. «Nunca entregamos animales para regalar ni por capricho. No son juguetes, son seres vivos», afirma Lorena Gago.

Esta voluntaria insiste en que la adopción ha de ser una decisión meditada porque hacerse cargo de un animal conlleva una serie de responsabilidades. Por ello, las entidades animalistas y protectoras de animales promueven la adopción responsable, un proceso que comienza incluso antes de acudir a estos centros. «Adoptar implica cambios en muchos aspectos de la vida y hay que tenerlo muy claro. Cuando adoptas, una vida pasa a depender de ti. No es una vida humana, pero es una vida, y eso hay que tenerlo muy presente», insiste Gago.

En la misma línea, Rubén Pérez, gestor de comunicaciones y campañas de la Fundación Franz Weber (FFW) en España, aconseja no adquirir animales en contextos festivos o de ocio, como periodos vacacionales, cumpleaños o Navidad, ya que esto conlleva considerarlos de manera utilitarista. «Esto convierte al animal en un regalo, cuando implica un compromiso diario: paseos y socialización en el caso de los perros, cuidados y alimentación para todo tipo de animales, así como gastos veterinarios y posibles imprevistos, como una enfermedad que requiera tratamiento. Además, cabe destacar que el IVA aplicable a estos servicios es del 21%, lo que refleja cómo, legalmente, el cuidado de un animal se considera un lujo», afirma Pérez.

Sin embargo, y contrariamente a lo que podría pensarse, no se produce un aumento significativo de adopciones en estas fechas. Según Gago, el interés por adoptar funciona por ciclos. «Hay épocas en las que todo fluye mejor. Ahora la actividad está más tranquila y hay menos personas interesadas, pero aun así logramos dar en adopción a muchos perros y gatos. Este año, además, hemos incorporado la acogida y adopción de gatos, con un balance positivo», comenta la voluntaria de esta protectora, que actualmente se ocupa de 45 perros y 5 gatos.

Adopciones fallidas

A veces, las adopciones salen mal. Hay personas que adoptan y luego devuelven al animal porque no era lo que esperaban. ««Eso, por desgracia, siempre puede ocurrir, pero para minimizar el riesgo de fracaso y evitar un nuevo sufrimiento al animal, es fundamental elegir aquel que mejor encaje contigo y con tu estilo de vida», afirma Gago.

Cuando alguien tiene claro que desea incorporar un animal a su hogar, los animalistas siempre apuestan por la adopción y nunca por la compra. «Las protectoras están llenas de animales que necesitan un hogar. Comprar un perro significa contribuir a que esos animales sigan esperando en los refugios. Cada día, muchos perros mueren en estos centros, especialmente los mayores, debido a enfermedades, peleas o simplemente por falta de espacio. La saturación es una realidad que limita la capacidad de acoger a tantos animales abandonados. Por eso, para nosotros, la compra no es una opción», añade Gago.

Según el miembro de FFW, en Galicia, el abandono de animales sigue siendo un problema pese a la legislación vigente. Solo en 2021 se produjeron unos 27.000 abandonos. «La mayoría de los animales no están debidamente identificados con microchip, lo que dificulta la actuación de las autoridades», explica.

En su opinión, además de sanciones, se necesita un enfoque educativo y social que fomente la responsabilidad y el reproche comunitario frente al abandono, adaptado a contextos urbanos y rurales.

Pérez reconoce que la prohibición de la exhibición y venta de animales en tiendas, así como el control de los anuncios de venta a través de Internet, ayuda a evitar que los animales sean considerados objetos de consumo y reduce la compra impulsiva.

«En su momento, las redes sociales se convirtieron en un mercado fácil y económico para vender perros, gatos y otras especies, con muy poco control. FFW llegó a denunciar cientos de ofertas en páginas web y redes sociales, logrando que la Xunta de Galicia tomara más en serio esta situación e investigara distintos casos», afirma.

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