«Querría ver el mundo con la cabeza y ojos de una persona del Neolítico»
«Me gustaría saber cómo pensaba la gente del pasado, qué ideas y valores venían a su mente, qué valores culturales simbólicos implicaban los conceptos y las reglas de pensamiento en su vida», manifiesta el arqueólogo gallego Felipe Criado, el primer español premiado por la Academia de Ciencias Sociales china e investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC, en Santiago

Felipe Criado Boado, arqueólogo y profesor de investigación en el Incipit del CSIC. | Antonio Hernández
koro martínez
Primer español galardonado por la Academia de Ciencias Sociales china. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?
Uno se siente agradecido, pero choca que sea individual cuando los trabajos de investigación son siempre en equipo e involucran a muchas personas. Esto no sería posible si no estuviera en un instituto como el Incipit, con compañeros que me exigen lo mejor de mí todos los días y aportan estilos, ideas y reflexiones que enriquecen las ideas propias. Y volviendo a estos premios, reconocen la investigación arqueológica más importante y prometedora a nivel mundial, pero también a sus arqueólogos, creando una caja de resonancia tremenda para su arqueología.
¿Cómo ve la arqueología china?
Para la cultura china la investigación en humanidades y sobre el pasado es importantísima desde el punto de vista cultural, no como algo para identificar un proyecto identitario de una nacionalidad determinada. En los últimos 30 años, al igual que ha pasado con el país, se ha modernizado y adaptado a técnicas que antes no había, y están siendo muy innovadores.
Premio Nacional de Investigación, ¿está en período de cosecha de una larga carrera profesional?
No es eso, pero sí creo que en el ámbito de las ciencias humanas los reconocimientos llegan tarde, muy conectados a la señorialidad, y a mí no me gusta. Deberíamos estar ya viendo lo más innovador. No quiero decir que la gente pasados los 60 no lo haga porque a veces son los que más innovan, pero sí que en otros ámbitos es más frecuente encontrar una media de edad más joven en los premiados. Un reconocimiento a temas con los que avancé en arqueología hace cuarenta o veinte años, que eran arriesgados y que en algún momento incluso fueron mal entendidos, no habría venido mal. Quiero decir que hay que abrir estos premios a la gente más joven. Precisamente, el director del Incipit pasa poco de los 40 años y el Premio Nacional de Ensayo de 2024 fue para Alfredo González-Ruibal, ambos más jóvenes que yo.
Hablando del Incipit, ¿por qué ha abandonado la dirección?
Porque creía que era oportuno después de quince años, había pilotado todo el proceso de creación y consolidación, y pensé que era el momento de echarme a un lado cuando aún sigo como investigador. Dirigirlo ha sido espectacular, apasionante por la cantidad de investigaciones que conoces de primera mano y la posibilidad de compartir el día a día con compañeros buenísimos y unas investigaciones con las que aprendes todos los días, pero tenía claro que había que dejar paso a una nueva generación. Además, tengo importantes compromisos de investigación a los que debo destinar el 120% de mi capacidad.
¿El hijo ya puede volar solo?
Con la salvedad de que, en todo caso, es un hijo de muchos padres y madres que trabajamos codo con codo de una forma muy intensa para lograr que hoy sea un instituto de referencia en su ámbito dentro y fuera de España. Son cien personas muy interesantes, algunas de fuera, y todas compartimos trabajar juntos con ilusión, y hacerlo en todo el mundo porque estamos en los cinco continentes.
¿Y todo desde Santiago?
Claro. Nunca destacamos lo suficiente que la investigación hace ciudad. Un instituto que consolida a cien personas, muchas con familias, que atraen una media de seis millones de euros de financiación competitiva al año, se convierte en un multiplicador. Santiago es una marca mundial, y eso tira del turismo, pero tiene el mismo potencial para hacerlo de la investigación, del mundo académico o del empresarial. Tiene varios centros de investigación importantes, que funcionan como un multiplicador económico porque la financiación que atraen se gasta en la ciudad. Y como los científicos también somos vecinos, sí reivindicaría que se mirara hacia la Cidade da Cultura, donde trabajamos casi un millar de personas y no hay una buena conexión de autobuses. Y eso también repercute en los voluntarios que vienen a hacer los experimentos del proyecto Xscape.
¿Cuál es su mayor satisfacción?
La de haber tenido, sobre todo en la Universidade de Santiago, pero también en Cambridge y en otras estancias en el extranjero, referentes intelectuales que me hicieron pensar en unos términos que no eran frecuentes en la arqueología y la historia que se hacía en España entonces. Me hicieron plantearme preguntas totalmente distintas sobre el pasado y me permitieron hacer una arqueología que mira más allá de sí misma para dialogar con otras ciencias.
¿Y su reto aún pendiente?
Quien se dedica a la investigación siempre mantiene la curiosidad por aprender más porque es mucho más lo que no sabemos. Me gustaría saber cómo pensaba la gente del pasado, qué ideas y valores venían a su mente, qué valores culturales simbólicos implicaban los conceptos y las reglas de pensamiento en su vida diaria.
¿Es posible conocerlo?
Para quienes trabajamos en arqueologías preliterarias, preescritura, propiamente hablando es imposible. Pero ello no quiere decir, y ahí está mi esfuerzo actual, que no podamos plantear el problema y, en la medida en la que se nos resiste, estimule nuestras capacidades para diseñar técnicas y metodologías que nos permitan aproximarnos de forma indirecta. Respondiendo de otra forma, me gustaría estar en la cabeza de una persona del Neolítico, ver el mundo con su cabeza y con sus ojos, pero no va a ocurrir, es imposible.
«Pretendemos explicar por qué existen las estructuras culturales»
Defina en pocas palabras el proyecto Xscape: Mentes materiales que coordina?
Es un proyecto con otros tres investigadores principales. Luis Martínez Otero, también gallego, y yo somos los promotores esenciales de un trabajo que estudia las relaciones entre el proceso cognitivo y el mundo material, cómo los elementos que nos rodean influyen en un grupo y determinan sus procesos cognitivos. Y los materiales dependen de la sociedad en la que están.
¿En qué fase se encuentra?
En la más prometedora y fructífera, aunque la más bonita ya la hemos pasado, esa en la que piensas con muchísima libertad. Pero hay que pasar a la de producción de resultados notables y rigurosos, a rentabilizar la investigación, y es importante dar cuenta de la financiación pública que consumes.
¿Hincando los codos?
En investigación, siempre. Y perdón por el tópico, pero la genialidad es 10% de inspiración y 90% de transpiración. Mi padre como pintor me lo enseñó.
¿Se puede avanzar algo?
Con todas las cautelas, somos optimistas sobre poder comprender cómo la mente en interacción con el mundo material formaliza y genera conceptos abstractos para comprender el mundo. Y sobre poder explicar por qué las estructuras culturales existen y son tan persistentes y duraderas.
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