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Carril, el muelle de las corsarias de Arousa

Una investigación de José María ‘Chema’ Leal, reconocida con el premio Valentín Paz Andrade, profundiza en un hecho muy poco conocido, el de las mujeres que se dedicaron al corso y que tenían su puerto base en el muelle pontevedrés de Carril, azote de las embarcaciones inglesas y portuguesas en el siglo XVIII

A. G.

Vilagarcía

La pesca y los negocios marítimos han sido una constante en la historia de Galicia durante siglos, pero todavía quedan algunos aspectos desconocidos o muy poco abordados que abren las puertas a muchas investigaciones. Una de esas puertas la aprovechó el vilanovés José María Chema Leal, profesor de la UNED y doctor en Historia de las Instituciones Económicas por la Universidade de Santiago (USC), que ha recibido el premio Valentín Paz Andrade por un trabajo que se centra en la actividad marítima durante los siglos XVIII y XIX en la zona del cantábrico gallego y su relación con otros puntos de la costa. La tesis, desarrollada bajo el epígrafe Pesca e negocio no Cantábrico galego, de Cariño a Ribadeo entre o Catastro de Ensenada e o Desestanco do sal, mereció la calificación de sobresaliente cum laude.

En esa investigación, Leal pone de relevo aspectos inéditos, como la presencia de mujeres de Ribadeo que establecen relaciones comerciales con la burguesía marítima de Carril, Pontevedra o Vigo. En este sentido, la Compañía Viuda de Pérez Villamil, establecida en Ribadeo, que trafica desde el norte con productos ultramarinos o de otra procedencia gracias a las alianzas comerciales con próceres del comercio arousano, como Santamarina o Moreda, asturianos tratantes de lino establecidos en Santiago, que tienen el puerto de Carril como epicentro de sus actividades.

Una de las cosas que resalta Leal en su tesis es que, tras bucear en los archivos históricos provinciales de Pontevedra y Lugo, aparecen las primeras mujeres dedicadas a armar barcos corsarios para apresar mercantes ingleses y portugueses en las guerras que se mantenían con los primeros en los siglos XVIII y XIX. La Compañía Viuda de Pérez Villamil, explica el historiador «mandará construir barcos corsarios en Ribadeo para el más grande de los corsarios de la época, Buenaventura Marcó del Pont, asentado en Vigo, además de enviar a sus barcos a apresar navíos portugueses, aliados de Inglaterra, a la altura de las islas Cíes».

Es en este contexto donde surge con fuerza el nombre de Carril. El puerto arousano jugará un papel importante en esta labor corsaria en la que se apoyaba la corona borbónica en sus luchas con Inglaterra. «Aquí también había mujeres corsarias, como la viuda de Viéitez, comerciante de lino instalada en Compostela y que tenía al puerto carrilexo como el centro de operaciones». La mujer, tras fallecer su marido, «se dedica a armar barcos corsarios en el puerto de Carril, con capitanes vascos o de Muros, famosos por su eficacia, y tripulaciones gallegas o vascas». Con su actividad en la bocana de la ría de Arousa, explica Leal, «impidió que los enemigos ingleses penetrasen y provocasen estragos que, por ejemplo, ya habían cometido en Vigo a principios del siglo XVIII».

Importancia de Carril

En esa época, el muelle carrilexo era uno de los puertos más importantes de Galicia en lo que a tareas corsarias se refiere, algo que refleja Leal en su tesis, ya que, además de la viuda de Viéitez, los más afamados empresarios compostelanos importadores de lino del Báltico, Santamarina y Moreda, también arman repetidamente navíos corsarios con capitanes y tripulaciones gallegas y vascas, zarpando en cada incursión del muelle vilagarciano.

Leal hace hincapié en que, hasta el momento, «no se conocían estas relaciones corsarias y comerciales entre el norte y el sur gallego», puestas de manifiesto en su tesis. Sin embargo, una de las cuestiones más importantes para él es «la aparición de las corsarias que, además, también son comerciantes, ya que la viuda de Viéitez carga fragatas y bergantines, barcos de alto porte, para negociar con las posesiones españolas en América, y todo desde el muelle de Carril».

Esta presencia femenina en actividades como el corso no es algo puntual, sino que contaba con cierta relevancia, tal y como muestra la tesis, destacando el papel jugado por la mujer en las tareas marineras, tanto en la descarga de la pesca, en su transformación en salazón o como porteadoras en las labores de carga y descarga de las mercancías, en la reparación de redes o en la venta de pescado o, como es el caso de las anteriormente citadas, al frente de entidades comerciales que acababan derivando su actividad en la lucha contra los ingleses a través de actividades corsarias.

La tesis de Leal, dirigida por el catedrático emérito de la USC, Xoán Carmona Badía, fue elegida por el jurado del Valentín Paz Andrade no solo por la calidad de la investigación, sino por el uso crítico y exhaustivo de las fuentes disponibles para «modificar de forma significativa la interpretación de un período de la historia pesquera e industrial de Galicia» y que resulta clave en el desarrollo socioeconómico que experimentaría la región en el futuro.

Fomentadores catalanes

Además de la existencia de las corsarias que utilizaban Carril como puerto base, Leal también desmonta muchos de los mitos existentes sobre una de las migraciones más importantes que experimentó la costa gallega, la llegada de los industriales catalanes. En su tesis, Leal la relaciona más con el abastecimiento de aguardientes y vinos al arsenal ferrolano que con la explotación de la sardina, adelantando esa llegada a los años 30 del siglo XVIII. En su investigación los sitúa primero en el golfo Ártabro: Ferrol, Mugardos o Ares, «por la presencia de la base militar de Ferrol y no en otros enclaves, a los que después se desplazarían».

También resalta otras cuestiones a este respecto, como el «triunfo» de los empresarios de la zona de Ortegal y de A Mariña lucense en esos dos siglos sobre los fomentadores catalanes en la conocida como Guerra de la Sardina, algo que no ocurrió en otras zonas de Galicia.

Cantábrico

El estudio visibiliza un mar «hasta ahora no estudiado por la historiografía gallega, excepto por el profesor Meijide Pardo, en el que se trata de dar relevancia a que el Cantábrico tenía una gran importancia en los tráficos comerciales marítimos que, desde las Rías Baixas Galegas, se acercaban al norte hispano, e incluso, europeo». Leal no duda en destacar que ser reconocido con el premio Valentín Paz Andrade «es una honra, ya que se trata del galardón a la investigación en ciencias sociales más importante de los que existen en las universidades gallegas». Además, destaca Leal la composición del jurado, formado por un buen número de eruditos. Esta investigación, además del reconocimiento, tendrá aparejada la publicación en forma de libro, algo que ya estaría tramitando el historiador vilanovés con la Consellería do Mar.

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