Fármacos para adelgazar: eficaces y seguros, pero no milagrosos
Los fármacos contra la obesidad no son una solución definitiva si no se adoptan hábitos saludables. Sin embargo, esto no les resta valor. Los especialistas aseguran que se trata de medicamentos altamente eficaces que permiten que algunas personas consigan pérdidas de peso sin precedentes
ágatha de santos
Los fármacos basados en incretinas utilizados para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad no son una solución milagrosa. Así lo revela un metanálisis publicado en la revista The BMJ, que confirma un fenómeno observado en consulta. Como ocurre con cualquier estrategia para adelgazar y evitar la recuperación de peso, el temido efecto rebote, el éxito a largo plazo solo es posible si el paciente mantiene hábitos de vida saludables.
«La recuperación de peso tras suspender el tratamiento de estos medicamentos es algo que vemos con frecuencia en las consultas», comenta el doctor Manuel Penín Álvarez, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi).
Este especialista matiza, sin embargo, que no se recupera todo el peso perdido tras suspender el tratamiento. «Los pacientes que han utilizado estos fármacos suelen mantener un peso aproximadamente un 10% inferior al que tenían antes de iniciarlo», subraya.
Además, la recuperación de peso es menor en quienes han preservado su masa muscular mediante la práctica de ejercicios de fuerza y una alimentación rica en proteínas, una combinación que también favorece una mayor pérdida de peso durante el tratamiento farmacológico.
La obesidad tiene una base genética y metabólica, agravada por un entorno con alimentos hipercalóricos y sedentarismo. En este contexto, los fármacos agonistas del receptor GLP-1 actúan como una herramienta eficaz para contrarrestar esa predisposición.
En opinión del endocrino Eduardo Pena González, estos medicamentos no tienen un efecto rebote por sí mismos; quien puede presentarlo es el paciente. «Debemos recordar que la propensión o facilidad para ganar peso persiste, ya que es una característica inherente a la persona y no puede modificarse. Lo que sí puede cambiarse son los hábitos de vida. Si identifica y evita alimentos hipercalóricos, ajusta las raciones a sus necesidades energéticas y abandona el sedentarismo mediante actividad física aeróbica y de fuerza mantendrá la pérdida de peso lograda», sostiene este especialista, anterior responsable de este servicio y que desde su jubilación ejerce en la sanidad privada.
Por el contrario, si el paciente no comprende que lo fundamental es el cambio de hábitos y que el medicamento es únicamente una ayuda para alcanzar tal fin, recuperará los kilos perdidos. Por ello, ambos endocrinos recalcan que el medicamento es una ayuda, pero no sustituye a los hábitos de vida saludables.
«Sucede lo mismo en pacientes con obesidad severa sometidos a cirugía bariátrica cuando no mantienen modificaciones sostenidas en su estilo de vida», agrega el doctor Pena.
Frente al temor al posible efecto rebote, los especialistas subrayan la elevada eficacia de estos tratamientos farmacológicos en la pérdida de peso, con una reducción que puede llegar al 20%, por lo que aseguran que estas terapias están marcando un antes y un después en la práctica clínica.
Actualmente, existen tres fármacos agonistas del receptor GLP-1 originalmente destinados a tratar la diabetes tipo 2, indicados para el tratamiento de la obesidad: liraglutida (Saxenda), con pérdidas medias del 5%; semaglutida (Wegovy), con reducciones de hasta el 15%; y tirzepatida (Mounjaro), que supera el 20% de pérdida de peso corporal.
Estos tratamientos suelen mantenerse durante largos periodos, ya que su efecto máximo no se alcanza hasta pasados entre doce y dieciocho meses. Además, el doctor Penín añade que para poder suspenderlos sin que se produzca una recuperación del peso es imprescindible que el paciente haya consolidado previamente hábitos saludables de alimentación y actividad física, algo que no se logra en poco tiempo.
Dado que la obesidad es una enfermedad crónica, en algunos casos, el tratamiento puede prolongarse de forma indefinida, siempre bajo control médico. El seguimiento incluye controles periódicos de peso, glucosa, colesterol y función renal, así como la evaluación de la masa muscular para ajustar dieta y actividad física.
Los fármacos para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad incrementan la sensación de saciedad, lo que permite a los pacientes reducir la ingesta sin experimentar hambre ni sensación de privación. «El medicamento no exige un esfuerzo constante por parte del paciente, sino que facilita que se sienta saciado antes y deje de sentir hambre», explica el doctor Pena.
Según el doctor Penín, la prescripción de estos fármacos ha aumentado de forma notable en los últimos años. De hecho, asegura que son el grupo de medicamentos usados en las consultas de Endocrinología y Nutrición cuya prescripción ha aumentado más en los últimos años. El motivo es sencillo: funcionan. «Consiguen pérdidas de peso que nunca se habían logrado con medicamentos», asevera el especialista del Chuvi.
Por su parte, el doctor Pena destaca que su eficacia y seguridad han impulsado un aumento exponencial en su prescripción. «La industria farmacéutica lo sabe, por eso varios laboratorios están investigando nuevas moléculas. Pronto veremos algunos triagonistas (triple agonistas) y también opciones administrables por vía oral», explica.
Los agonistas del receptor GLP-1 están indicados en personas con obesidad (índice de masa corporal igual o superior a 30) o con sobrepeso a partir de 27 cuando existen problemas de salud asociados como hipertensión, colesterol elevado, apnea del sueño o alteraciones de la glucosa.
Según el doctor Penín, el perfil del paciente es el de una mujer de entre 30 y 60 años, aunque estas moléculas funcionan igual en ambos sexos, independientemente de la edad, aunque cuando se emplean en personas mayores, la pérdida de peso es más lenta.
Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas, vómitos y diarrea, generalmente leves y transitorios. Las complicaciones más graves son la inflamación de páncreas y los cálculos de vesícula, aunque son poco frecuentes.
Los especialistas señalan que además de la pérdida de peso, estos fármacos mejoran el control de la diabetes tipo 2 y aportan beneficios cardiovasculares, hepáticos y renales. También se están investigando posibles efectos positivos sobre enfermedades neurodegenerativas y el control de adicciones. «Por todo ello, el balance de eficacia y seguridad no puede ser más favorable —afirma el doctor Penín—. Incluso hay estudios de seguridad a partir de los once años».
Un punto de inflexión en la lucha contra la obesidad
El uso de fármacos para la diabetes tipo 2 en el tratamiento de la obesidad en España se popularizó con la introducción de la semaglutida (Ozempic) entre 2018 y 2019. Aunque inicialmente fue aprobada para el control glucémico en pacientes con diabetes tipo 2, su marcado efecto sobre la pérdida de peso impulsó su uso fuera de indicación con fines adelgazantes. Esta tendencia se consolidó después con la aprobación específica para obesidad del mismo principio activo con el nombre comercial Wegovy, así como con la incorporación de otros agonistas del receptor GLP-1, como la liraglutida. Antes de 2018, ya existían tratamientos para la obesidad, como el orlistat. Sin embargo, su eficacia en la reducción de peso era limitada. La irrupción de los agonistas del receptor GLP-1 supuso un cambio de paradigma, al demostrar una pérdida ponderal significativa más allá de su efecto sobre el control glucémico.
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