Los médicos alertan del uso de la testosterona como ‘milagro’ antiedad
Las ventas de los tratamientos en las farmacias aumentan el 15% en solo cuatro años | Famosos e ‘influencers’ de la longevidad y el deporte toman y recomiendan estos productos

Un hombre entrenando en el gimnasio. | José Lores

Las recetas antiedad están de moda y, entre ellas, los tratamientos de testosterona, que se están convirtiendo en un símbolo de fuerza, músculos, deseo sexual y juventud. Desde famosos como Robbie Williams o Hugh Jackman a políticos como Robert F. Kennedy Jr, secretario de Salud de Donald Trump, pasando por influencers en longevidad, dietética o deporte, unos y otros toman y recomiendan una terapia con beneficios para hombres que por edad o por determinadas enfermedades presentan niveles bajos de esta hormona. Los tratamientos, sin embargo, requieren de control médico: si bien es cierto que pueden aportar más vitalidad, también pueden incrementar el riesgo de mortalidad si se hace un uso recreativo y sin supervisión sanitaria.
De hecho, las ventas de tratamientos de testosterona —usados sobre todo para aumentar la libido, la masa muscular y la energía— han aumentado un 15% en las farmacias españolas en los últimos cuatro años, hasta un total de casi 600 mil unidades vendidas en el último año, según los datos de la consultora Iqvia.
A escala internacional, el estudio más robusto en la materia revela un crecimiento del número de prescriptores de testosterona del 8,8% anual entre 2016 y 2019. A este respecto, Eduard García, responsable de la Unidad de Andrología en el Instituto de Urología Serrate & Ribal, considera que la testosterona se está recetando «con ligereza» porque un grueso de clínicas de belleza y antiedad han encontrado en ella un «gran negocio» y porque hay médicos «que no tienen suficiente formación» en cuanto a sus posibles efectos secundarios.
Como ejemplo, explica que entre el 70% y el 80% de sus pacientes que habían recibido testosterona farmacológica de forma previa a su consulta no habían sido advertidos de que causa infertilidad, uno de sus principales efectos negativos.
García explica que la moda de la testosterona, que puede suministrarse con geles, inyecciones o mediante implantes, empezó en EEUU hace unos 10 años y llegó a España tras la pandemia, momento a partir del cual los especialistas han notado un incremento de consultas de hombres interesados en este tratamiento.
El especialista apunta a cuatro perfiles. Por un lado, hay personas que debido a la edad, la obesidad, la diabetes u otras enfermedades sufren hipogonadismo o andropausia, es decir, un déficit marcado de testosterona. Junto a este grupo también están deportistas de alta intensidad o culturistas interesados en aumentar su masa muscular; hombres «de más de 40 años, solteros, que quieren verse más atractivos», y mayores de 50 que «se sienten cansados, más lentos de respuestas y quieren estar mejor».
Corrobora el aumento del interés Juan Manuel Corral, responsable de la Unidad de Andrología del Hospital Clínic, quien apunta que en los últimos cinco años han aumentado los hombres que llegan a la consulta interesados en la terapia de reemplazo hormonal por dos motivos: «Los mayores de 50 años, porque quieren vivir una eterna juventud y cada vez hay más población envejecida que busca calidad de vida. Pero también hay jóvenes, de menos de 40 años, que quieren testosterona por estética, aconsejados en sus gimnasios, para mejorar la masa muscular». La hormona parece ser la receta milagrosa para incrementar el deseo sexual, mejorar la apariencia y frenar el efecto del paso de los años.
Pero ¿realmente es un elixir de eterna juventud? Es cierto que la testosterona disminuye con la edad, pero no a un ritmo frenético, sino entre un 0,4% y un 1% al año a partir de los 50. Si los niveles bajan mucho más y se mantienen bajos, entonces existe hipogonadismo. Más allá de este trastorno, los tratamientos de testosterona hacen aumentar la masa muscular, aspecto que no solo es bueno para sentirse con fuerza, vigoroso y evitar fracturas, sino que los estudios indican que «es el principal factor protector de la función cerebral». «Estar musculado no solo es estético: hay estudios que apuntan a que la gente con testosterona especialmente baja tiene más riesgo de morir a diez años, pero sobre efectos concretos antienvejecimiento no hay estudios a largo plazo», indica García.
Por su parte, Corral sentencia que «la testosterona puede mejorar el aspecto y la calidad de vida, pero no retrasa la muerte y, por el camino, puede incrementar el riesgo de mortalidad si se toma sin indicación ni control médico».
El especialista del Clínic añade que, incluso en hombres mayores con hipogonadismo, solo se prescribe si tienen «síntomas»: la mitad de ellos no suele tenerlos más allá de la pérdida de libido. «A los médicos no nos preocupa que tengan disfunción eréctil o menos deseo sexual, sino si ha empeorado su masa ósea, muscular, si les cuesta más entender o tienen más riesgo cardiovascular. Prescribimos testosterona médicamente, no por estética», precisa. En cuanto a la disfunción eréctil, la testosterona ha demostrado aumentar el deseo, pero no mejorar radicalmente la respuesta sexual.
Por otro lado, los tratamientos con testosterona pueden provocan infertilidad y dependencia al producir atrofia testicular. Es decir, los testículos dejan de producir la hormona de manera natural o al menos en las cantidades necesarias, por lo que los tratamientos —en caso de necesitarse— tienen que ser de por vida. «Si se abandonan después de años tomándolos, además de la pérdida de la masa muscular, hay riesgo de obesidad, de atrofia testicular y de enfermedades cardiovasculares o del sistema nervioso», indica el doctor García.
Todo depende de la dosis. En niveles normales, no se ha demostrado que aumente el riesgo de infarto o de cáncer de próstata, pero con tratamientos con dosis muy altas, como por ejemplo los que consumen algunos culturistas en forma de anabolizantes, el cuerpo puede reaccionar y sufrir desde problemas cardiacos, hepáticos y renales hasta otros relacionados con la salud mental, como un aumento de la agresividad, la depresión, las adicciones o el suicidio.
Toda una revolución sexual parecida a la que la Viagra provocó en los hombres. Sin embargo, el uso de testosterona, la hormona masculina, no está exento de riesgos, por lo que su empleo en mujeres genera controversia y divide a la comunidad científica.
De entrada, la testosterona farmacológica para mujeres, que de forma natural tienen una décima parte de esta hormona respecto a los hombres, no cuenta con la aprobación de las principales agencias del medicamento, ni la de EEUU (FDA, por sus siglas en inglés) ni la europea (EMA) o la española ( ), por falta de evidencia a largo plazo sobre su seguridad y eficacia.
Además, puede provocar efectos secundarios como pérdida del cabello en la cabeza y crecimiento de vello en la zona del bigote o del mentón. También acné, agrandar el clítoris, cambiar la voz, aumentar la agresividad o, lo que es más grave, incrementar el riesgo metabólico o cardiovascular.
Las redes venden esta hormona como la ‘viagra para mujeres’
A la vez que la menopausia ha salido del armario y cada vez más mujeres buscan soluciones a sus síntomas, entre famosas e influencers se han puesto de moda los suplementos o parches de testosterona con el fin de recuperar el deseo sexual que, en ocasiones, cae en picado a medida que se cumplen años. Las redes sociales, sobre todo en EEUU, están llenas, de hecho, de testimonios de mujeres anónimas que explican que desde que usan testosterona en forma de crema, parches subcutáneos o microinyecciones se sienten como adolescentes que solo piensan en sexo.
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