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De la depresión postparto a la psicosis que te impide reconocer a tu hijo: la salud mental sobre la que todavía se susurra

Depresión posparto, ansiedad, trauma del parto, psicosis puerperal y riesgo de suicidio: así impacta la salud mental perinatal en las madres, los bebés y las familias en un contexto de precariedad, falta de recursos y estigmas

Una madre con su bebé

Una madre con su bebé / Europa Press

A. Chao

La llamaremos Laura. Durante el embarazo había escuchado mil veces que estaba viviendo «la etapa más feliz de su vida» aunque las náuseas, el insomnio y la hipertensión gestacional también la llenaban de malestar e incertidumbre. En Instagram todo eran fotos de barrigas perfectas o cunas de madera en las que los bebés dormían seguido desde los primeros días. Comer y dormir, ¿qué más va a hacer un bebé? Pero cuando su hijo nació, el decorado se vino abajo: noches en blanco, llanto que no cesa, miedo constante a hacer algo mal, una tristeza espesa que no se iba. «Tienes que estar feliz, si el bebé está sano», le repetían. Ella asentía, pero por dentro pensaba que algo no encajaba.

Laura no es Laura, son muchas «lauras», mujeres que se encuentran de bruces con la realidad de la maternidad que la sociedad parece empeñarse en ocultar, así como las implicaciones que tiene en su salud mental. Datos de organizaciones internacionales de la salud cifran en alrededor del 80% las mujeres que se enfrentan a los «baby blues», episodios de tristeza puerperal, un estado transitorio no patológico en el que se sucede la sensación de indefensión ante la maternidad, llanto o decaimiento. Se estima su duración desde un par de días a varias semanas. Pero, ¿qué ocurre cuando la situación se agrava? La salud mental perinatal, esa que abarca desde la búsqueda del bebé hasta la primera crianza, todavía se cuenta entre susurros.

De la depresión postparto a la psicosis postparto

«La salud mental perinatal comprende las etapas que van desde la preconcepción hasta la primera crianza, se inicia ya en el deseo de la maternidad», explica Jesica Rodríguez Czaplicki, psicóloga especialista en esta área. Y añade un matiz que no siempre se contempla, «no afecta o comprende sólo a la mujer, sino que involucra a su pareja, al bebé, otros hijos, en definitiva, a toda la familia».

Aunque el término se asocie a lo que sucede después del parto, «más del 50% de los trastornos depresivos y ansiosos se inician durante el embarazo» y pueden manifestarse incluso 12 meses después de dar a luz. Las cifras que maneja la experta sitúan la prevalencia de sintomatología depresiva entre el 21% y el 30% de las mujeres, y la sintomatología ansiosa entre el 8% y el 14%. Durante la gestación, los porcentajes también son significativos: depresión entre el 14% y el 23%, y ansiedad entre el 10% y el 15%. Y en ese mapa, recuerda, también hay otros diagnósticos relevantes, como el trastorno obsesivo compulsivo.

«Una verdadera emergencia psiquiátrica que requiere de una adecuada intervención multidisciplinar inmediata, y que por desgracia puede llevar a resultados fatales»

Entre los cuadros más graves, la psicóloga señala la psicosis posparto, «que afecta a un 0,1% de las mujeres» y que define como «una verdadera emergencia psiquiátrica que requiere de una adecuada intervención multidisciplinar inmediata, y que por desgracia puede llevar a resultados fatales».

Detalla además cómo se presenta. «La psicosis puerperal es un trastorno mental grave y una urgencia psiquiátrica, que tiene un inicio brusco tras el parto». Puede brotar con «síntomas positivos (delirios y alucinaciones)», con temáticas que van desde «no reconocer al bebé como suyo» a «sentir que se lo han arrebatado» o que «está en extremo peligro».

La especialista también menciona «el trastorno bipolar, un trastorno mental grave que requiere tratamiento psicológico y psiquiátrico». Además, sitúa el suicidio en el centro del problema: «Sabemos además que es la primera causa de muerte no natural en las mujeres en el primer año tras el parto».

Estigma y diagnóstico

La pregunta, entonces, es cómo se llega a tiempo. «En cuanto a cómo detectarlos, es importantísimo atender al historial de la madre y los factores de riesgo que pueda presentar», apunta la psicóloga. Pero en la práctica, el recorrido suele estar lleno de silencios.

«Sabemos que solo el 25% de las mujeres reciben un diagnóstico y tratamiento adecuado en esta etapa», afirma. Los motivos, «existe cierto desconocimiento profesional, pero en una gran parte porque las mujeres no relatan sus síntomas por miedo a ser juzgadas».

«El estigma que rodea a la enfermedad mental en nuestra sociedad sigue siendo muy alto, si nos situamos en la etapa perinatal aún más. Afortunadamente cada día se habla más de ello»

De ese mandato de felicidad imperante, dice, se alimenta de mitos. «El mundo perinatal está cargado de ellos» así como de expectativas comunes. Aun así, se percibe un cambio de marcha, quizá más lento de lo deseado, pero presente. «El estigma que rodea a la enfermedad mental en nuestra sociedad sigue siendo muy alto, si nos situamos en la etapa perinatal aún más. Afortunadamente cada día se habla más de ello», concluye.

Precisamente, el pasado 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, un paso más en el camino que ayudará a todas las «lauras» a convencerse de que no hay nada mal en ellas que deban ocultar, que cuidarse es cuidar. Y no, ese cuidado no va necesariamente de potingues, tratamientos estéticos o de «recuperar el cuerpo de antes». Va de reencontrarse, de pedir ayuda porque la hay, de permitir que te sostengan mientras sostienes y de vivir.

Brecha de género en la salud

«Ser mujer es ya un factor de riesgo en nuestra sociedad para padecer trastornos emocionales», resume Jesica Rodríguez Czaplicki. En el caso de las madres, añade, la presión se multiplica: «Se espera que sean madres y vuelvan a su estado de antes de serlo como si nada hubiera cambiado». Enumera en esta línea factores que sostienen esa vulnerabilidad, desde «las condiciones laborales y los escasos recursos de conciliación” hasta “la maternidad cargada de mitos y prejuicios». También pone el foco en cómo se minimiza lo que les pasa con el pretexto de la «revolución hormonal».

Aterrizando el problema en el sistema de salud, subraya que se cuenta con escasos recursos, «absolutamente insuficientes para dar cobertura a toda la población de manera rápida y continuada». En ese escenario, «la brecha económica y social va a influir, ya que no todas las mujeres van a poder acceder a una atención privada por falta de recursos». Además, «los tiempos de espera para las primeras consultas en el sistema público pueden dilatarse en el tiempo, y no dar la frecuencia de sesiones que sería ideal en estos casos».

Frente a esa realidad, defiende el trabajo en red. «En esta etapa debemos aprender a trabajar de manera interdisciplinar», porque a menudo «la matrona, obstetra o pediatra pueden ser quienes detecten indicios de que algo no va bien, y hagan la primera derivación».

Si pudiera cambiar solo tres cosas para proteger la salud mental en embarazo y posparto insiste en tres urgencias que se resumirían en «concienciación social», «vencer a ese estigma que rodea a la salud mental materna» y «dar espacio y voz a las madres sin invisibilizar sus quejas».

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