Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Casi uno de cada diez ahogamientos en Galicia tiene fines autolíticos

Un estudio vincula el fenómeno a trastornos de salud mental, señala un mayor riesgo de muerte en personas mayores y destaca la presencia de testigos como factor protector

Un hombre, con signos de depresión. |  E. P.

Un hombre, con signos de depresión. | E. P.

Ágatha de santos

A Coruña

Nueve de cada cien ahogamientos por sumersión en Galicia no son accidentales, sino suicidios. Así lo revela un estudio gallego que aborda, por primera vez, el ahogamiento como método autolítico desde su origen del incidente al desenlace clínico y que vincula este fenómeno a trastornos de salud mental como la depresión, señala un mayor riesgo de muerte en personas mayores y destaca la presencia de testigos como factor protector. El trabajo analizó los 1.083 ahogamientos registrados en Galicia entre 2004 y 2021, identificando 99 como ahogamientos con fines autolíticos.

«Esta investigación tuvo como objetivo identificar y describir las características de los ahogamientos intencionales en Galicia, considerando las relaciones entre la franja etaria, el sexo, la localización del suceso, la patología psiquiátrica previa y el pronóstico de la víctima, analizando una cohorte retrospectiva de dieciocho años», explican los autores del estudio Ahogamiento intencional como método de lesión autoinfligida y suicidio: un análisis de 18 años en Galicia, que publica Revista Española de Salud Pública.

Casi la totalidad de las víctimas por ahogamiento intencional (99%) habían sido diagnosticadas previamente de algún tipo de trastorno de salud mental. Para los investigadores, esto refuerza la necesidad de detección temprana y apoyo en salud mental.

En relación con el sexo, las mujeres representaron un 20% más de ahogamientos intencionados que los hombres —60% frente al 40%—, un dato que contrasta con las estadísticas nacionales, donde predominan los hombres (67%). Los investigadores atribuyen esta diferencia a un posible sesgo metodológico en el registro de los casos. Los datos proceden de la Central de Coordinación de la Fundación Pública Urxencias Sanitarias de Galicia-061 y de historiales hospitalarios del Sergas, sin incluir otros indicios ni informes forenses.

En cuanto a la edad, un 53% de las víctimas tenían 65 años o más; 36% entre 36 y 64 años; 9% entre 18 y 35 años, y solo hubo un caso de un menor. La mayoría de las víctimas (82%) residía en el mismo municipio donde ocurrió el incidente, lo que sugiere un componente local en su planificación.

A Coruña fue la provincia con mayor número de casos (38%), seguida de Pontevedra (35%), Ourense (14%) y Lugo (12%). El número de casos por año osciló entre dos y nueve, siendo 2021 el año con mayor número de casos registrados y 2006 el que registró menos.

El estudio muestra que dos tercios de los ahogamientos con fines autolíticos ocurrieron en municipios costeros y numerosos casos se localizaron en ámbito rural, incluso en municipios que no tienen grandes zonas de agua. «Una bañera, pilón o pozo pueden ser utilizados para fines autolíticos, y en Galicia esto es bastante frecuente y constituye un medio de acceso al ahogamiento intencional», comentan los investigadores.

Asimismo, no se detectaron diferencias relevantes entre estaciones del año, lo que indica que el suicidio por ahogamiento no depende de las condiciones atmosféricas, a diferencia del ahogamiento accidental. El mayor número de casos (60%) se registró entre semana, registrándose el mayor número de casos entre las 10 y las 15 horas (40%), especialmente en personas mayores.

Los intentos en personas jóvenes ocurrieron más en entornos urbanos y con testigos, lo que se asoció a una alta supervivencia. En cambio, los mayores tendieron a intentar el suicidio en zonas rurales y sin testigos, con mayor probabilidad de fallecer. La presencia de testigos resultó un factor clave para la supervivencia.

La investigación destaca la dificultad de distinguir ahogamientos accidentales de suicidios, lo que puede provocar un subregistro relevante. Por ello, el ahogamiento intencional debe reconocerse como un problema de salud pública. Las estrategias preventivas deberían integrar la perspectiva del suicidio; identificar entornos acuáticos no convencionales —como pozos, pilones y bañeras— como espacios de riesgo; reforzar la educación comunitaria en salud mental; mejorar los sistemas de registro y la coordinación institucional, y desarrollar programas dirigidos a personas mayores y poblaciones vulnerables.

Tracking Pixel Contents