«Al dejar Venezuela lo perdí todo, mi mundo, los afectos»
'La edad infinita' es la primera novela de Miriam Reyes, una ‘carta’ de amor a Venezuela, a donde viajó con ocho años desde Ourense para reunirse con sus padres emigrados. El libro, una ‘ficción’, no es una historia de éxito ni de padres devotos de la hija; pero sí de violencia en el silencio familiar y en las calles de un país que aún duele a Reyes, Premio Nacional de Poesía con 'Con'

Miriam Reyes, Premio Nacional de Poesía, con su novela «La edad infinita». / Lavandeira jr
Mar Mato
—¿Qué aprendió usted con esta «La edad infinita» (Tránsito)?
Los aprendizajes que tuve al escribir la novela son incontables. Para empezar es la primera vez que consigo escribir una novela hasta el final. Lo he intentado una vez por década pero me daba contra una pared y me decía a mí misma que eso no era para mí. En mi poética busco la concisión, un equilibrio entre lo abstracto y lo concreto. Ambos se me hacían difíciles en narrativa. Corregía antes de seguir avanzando. Cada pequeña fase de creación llevaba dentro de sí muchas fases de corrección.
—¿Está todo el libro basado en algo vivido?
La experiencia de la migración es una experiencia personal pero quería sentirme libre y no atada como si escribiese unas memorias. La narradora es un personaje.
—¿Teme que las personas lectoras juzguen a su familia?
No se puede leer como que es mi familia. Insisto no es un testimonio; esto es un artefacto literario con una voz narrativa que lo mira desde un sitio subjetivo y literario. A mí me interesaba hablar de unos temas universales, de las experiencias de las personas cuando dejan su lugar de origen.
—¿También sintió angustia al dejar Galicia con ocho años?
Sí, la angustia pasó a formar parte de mi carácter. Hay cuestiones identitarias que para mí no son sencillas ni están claras. Todavía me continúo preguntando.
—¿Fue al llegar a Venezuela cuando empezó a escribir?
Sí, la escritura ayuda mucho. La escritura necesita soledad y fue en esa soledad de llegar a un lugar donde no había nadie más que mis padres, que trabajaban todo el día, en el que empecé a escribir.

Miriam Reyes, en Santiago. / Lavandeira jr
—¿La función de la escritura ha ido variando en su vida?
Cada vez me ayuda más y me da más cosas. Creo que cuanto más le das, más te da. Ayuda a saber de uno, a conocerse, a entenderse a una misma y al mundo. Pero luego tiene una parte de dejarse llevar por el propio lenguaje a ver dónde te lleva. Tú no diriges a la literatura; te dirige a ti. Es una manera de estar viva.
—Hasta leer el libro, desconocía que había «clases» de emigrantes gallegos y estereotipos. No sabía que los procedentes de las capitales de provincia se creían superiores a los de las aldeas...
Hablo de los estereotipos en general. Todos tenemos tópicos en la cabeza. No sabía cómo se iba a recibir eso. Imagino que pasará con todos los pueblos migrantes. En la novela, se habla de los grandes empresarios triunfadores.
—También está presente el etnocentrismo, cómo algunos emigrantes gallegos se creían superiores a los venezolanos.
Está en el inconsciente colectivo. Hay una carga de educación cultural y de historia que está ahí. Me parecía importante ponerlo sobre la mesa. ¡Cuántas cosas tenemos en nuestro inconsciente colectivo como gallegos que están ahí con un peso!
—Las diferencias de género quedan patentes en las páginas.
Es algo que sufrí desde muy pequeña y que es contra lo que me revelaba en la medida de mis posibilidades. Desde niña no entendía por qué las mujeres teníamos que servir a los hombres en la familia. ¿Por qué se nos educaba así? Yo no entendía qué tenía yo de diferente, qué tenía yo de menos para tener menos libertades que ellos.

Entrevista a Miriam Reyes, escritora. / José Luis Ponce
—Ser niña en la Caracas de los 80 o 90 suponía sentir miedo a que pasara algo malo en la calle. Se respira en «La edad infinita».
Es una de las razones principales por las que me fui. Le llaman inseguridad ciudadana pero tendrían que llamarle violencia. Vivir en un estado de violencia así te quita libertad y te hace vivir en un estado paranoico.
—En Caracas podían encañonarte para robarte...
En aquella época no era extraordinario que te mataran por un par de zapatos. Pasaba y pasaba tanto que hasta lo veías en telenovelas.
—¿Fue Caracas su paraíso?
Desde que entré en la universidad a los 16 fue un periodo que recuerdo como el paraíso perdido. Aunque como adolescente lo pasé mal también; estaba muy mal conmigo misma.
—¿Sufrió mucho cuando tuvo que volver a España?
Me vine sola. A pesar de que tomé yo la decisión no era consciente de lo que significaba. Fue muy duro. Lo pasé muy mal. Volví a perder todo, mi mundo, los afectos... Nunca volví a Venezuela
—¿Cómo vive que Trump tenga el timón de Venezuela?
Es un momento incierto. No tengo nada claro. Yo no he vuelto porque la violencia en el país se fue incrementando. Lo que me expulsó no cambió. Entré en estado de ansiedad el día 3 de enero con la noticia y estoy intentando salir de ahí porque tiene que ver con intentar entender a todas las partes. Quiero pensar más allá de la incertidumbre y el pesimismo. Está claro que es una locura, no sé qué va a pasar.
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