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El sector de los cuidados

Isidra Cobos, 66 años, cuidadora a domicilio en tres casas: "Este trabajo es muy duro y no me dejan prejubilar"

Entre los clientes de esta auxiliar de enfermería está Jorge Macías, viudo sin hijos que va en silla de ruedas y asegura que la ayuda le ha cambiado la vida

Isidra Cobos, profesional de la ayuda a domicilio, y Jorge Macías, usuario con grado 2 de dependencia

Isidra Cobos, profesional de la ayuda a domicilio, y Jorge Macías, usuario con grado 2 de dependencia

Patricia Martín

Madrid

Isidra Cobos es auxiliar de enfermería y lleva casi 40 años trabajando cuidando a enfermos y dependientes. Aunque el sector de la ayuda a domicilio tiene problemas para encontrar y retener el personal porque se requiere una formación específica, los sueldos son bajos y el trabajo requiere ir de casa en casa, a Isidra le "encanta" su trabajo y por eso ha preferido esta opción a otras salidas laborales.

Considera que poder ayudar a familias que están "agotadas" y a enfermos que necesitan asistencia prácticamente para todo, en su propio hogar, "es muy bonito" y "mucho más personalizado que en una residencia de mayores". Sin embargo, admite que ha tenido que pedir reducción de jornada porque tiene 66 años y no les permiten prejubilarse, una de las principales demandas de las trabajadoras del sector de los cuidados.

"Pedimos podernos prejubilar porque es un trabajo duro, que requiere mucho esfuerzo"

Isidra Cobos, 66 años

— Profesional de la ayuda a domicilio

"Yo, gracias a Dios, estoy bien, pero eso no quita que ya note que tengo una edad y por eso defiendo que nos podamos prejubilar, porque es un trabajo duro, que requiere mucho esfuerzo, tanto a nivel psicológico como físico y, con la edad, se nota", argumenta.

La jornada de Isidra, que vive en San Pedro de Alcántara (Málaga), comienza a las ocho de la mañana, cuando va a un domicilio a ayudar a una persona a asearse y preparase para ir a un centro de día. A continuación, entre las 09.30 y 12.00 de la mañana ayuda a Jorge Macías, que tiene 66 años y desde hace dos años está en silla de ruedas debido a que una fuerte artrosis le impide andar. Y, después, acude a otro domicilio, otras dos horas, a ayudar a una persona enferma y a su familia.

Jorge Macías, de 66 años, tardó dos años en conseguir la ayuda a domicilo, pese a que apenas puede levantarse de la cama

Pero siempre corre que te corre, porque las necesidades son muchas y las prestaciones que concede el sistema de dependencia, insuficientes. Da buena cuenta de ello Jorge, que tardó dos años en conseguir la ayuda, pese a que apenas puede levantarse de la cama. "Los dedos, no puedo ni cerrarlos y las rodillas, no puedo andar, se me han quedado encogidas", describe.

Jorge está viudo y no tiene hijos, por lo que antes de que apareciera Isidra en su vida, no podía salir de casa, salvo cuando le ayudaba su hermano mayor. Por eso subraya que tener ayuda le ha "cambiado la vida". "Estar encerrado en casa solo sirve para dar vueltas a la cabeza, pero Isidra me saca a la calle y puedo hablar con la gente. Como trabajaba como fontanero en el ayuntamiento, me conoce casi todo el mundo y es salir a la puerta y ya es una distracción. Además, me hace la comida, me compra material para hacer manualidades, que también sirven para entretenerme, porque me gusta el dibujo, las sopas de letras y los puzzles", relata.

Antes de que llegara Isidra, Jorge no podía salir de casa: "Isidra me saca a la calle, limpia, me hace la comida y me compra material para hacer manualidades"

Sin embargo, reconoce que las dos horas y media que tiene concedida de ayuda es "insuficiente". "La pobre Isidra, está a la carrera, tiene que comprar, hacerme la comida, la cena, limpiar lo que le da tiempo y sacarme a la calle. Se necesita más tiempo, el Gobierno debería mirar más por estas personas, que son bellísimas, pero tienen que ir todo el día a la carrera", reivindica.

Además, añade Isidra, "te llevas el trabajo a casa". "Psicológicamente, ayudar a personas enfermas y a familias que están agotadas, que no tienen vida, te desgasta mucho. Aunque no quieres llevarte la enfermedad a casa, al final te la llevas, te preocupas. Por ejemplo, el señor Jorge necesita un piso con ascensor, porque el suyo no tenía y se ha tenido que mudar a una pensión y no encontramos. Es una preocupación constante, voy preguntando a todas mis amistades, tendrías que tener muy poco corazón para no llevarte todas estas situaciones contigo a casa", reflexiona.

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