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Mujeres fuera de serie

La empresaria coruñesa Rosa Carabel, CEO de Eroski, la primera mujer en el cargo en España

Rosa Carabel es la primera mujer al frente de Eroski, uno de los grupos de alimentación más grandes de España. Madre de familia numerosa, defiende un liderazgo cercano, firme y comprometido con la igualdad

Rosa Carabel, CEO de Eroski, la semana pasada en A Coruña

Rosa Carabel, CEO de Eroski, la semana pasada en A Coruña / Carlos Pardellas

Amaia Mauleón

No ha sido un camino de rosas, pero mucho menos un proceso traumático. «Normalidad» es la palabra que más utiliza Rosa Carabel para definir su trayectoria. Pero, en realidad, la carrera profesional de esta mujer es extraordinaria. La CEO del Grupo Eroski–una organización con más de 1.500 establecimientos y una plantilla que supera las 28.000 personas– es la primera mujer en este cargo y también la primera en España en el ámbito de distribución organizada en esta categoría. Aún así, esta coruñesa, madre de tres hijos, mujer espontánea, directa e inteligente, resta importancia a este hito. Prefiere insistir en el compromiso, el valor del esfuerzo, la generación de empleo y la necesidad de seguir trabajando para avanzar en la igualdad.

El mérito de Rosa se agranda cuando relata que no tuvo ningún referente en su familia en el mundo empresarial. «Yo procedo de una familia muy normal: madre italiana, ama de casa, padre trabajador en una empresa de aluminio y un hermano siete años menor que yo. Pero me crie rodeada de mucho cariño y de valores. Sobre todo, mis padres me inculcaron el valor del esfuerzo para lograr mis objetivos y el respeto a los mayores», describe la empresaria.

Estudió con las Hermanas Franciscanas, un colegio femenino, hasta el último año, que cursó en Salesianos, inaugurando las aulas mixtas. «¡Imagina la novedad que era para unas y otros!», ríe. Asegura que era una estudiante aplicada y responsable. «Me gustaban mucho también las ciencias, pero al final opté por estudiar Empresariales porque ese mundo me atraía y, además, la facultad estaba en A Coruña y así no tenía que desplazarme», explica.

Rosa Carabel en una imagen de su infancia

Rosa Carabel en una imagen de su infancia / Cedida

La joven pronto destacó en las aulas universitarias y asegura que los estudios le «engancharon» desde el principio. Tras cursar la diplomatura, decidió continuar con la licenciatura en Santiago, pero ya en el cuarto curso, gracias a su fantástico expediente, le ofrecieron trabajo en el área administrativa de una empresa semipública de fabricación de aluminio y Rosa comenzó a trabajar a tiempo completo y estudiar a distancia, presentándose por libre a los exámenes. El valor del esfuerzo que tan bien le habían inculcado sus padres ya daba sus frutos.

En aquella primera experiencia laboral –donde permaneció cuatro años– Rosa se encontró inmersa, por primera vez, en un entorno eminentemente masculino. «De los 500 trabajadores, solo unas pocas éramos mujeres, y todas en el ámbito administrativo. En aquel momento recuerdo que se incorporó la primera mujer ingeniera y se creó todo un revuelo», cuenta. Corría el año 1988 y aquello era toda una gran novedad.

Al año siguiente, con 22 años, Rosa se casó con su novio, con el que sigue hoy «feliz a su lado». Recién casada y sin hijos, Rosa sabía que no era la mejor carta de presentación de cara a su futuro profesional. «En algún caso me pudo perjudicar, eso era algo que estaba a la orden del día, pero no me hizo echarme atrás».

De hecho, la gallega fue despedida de un trabajo al quedarse embarazada. Pero tampoco esa injusticia cambió los planes de esta decidida mujer. «Como decía siempre mi abuela, ‘No hay mal que por bien no venga’ y precisamente gracias a que me despidieran de aquel trabajo entré en lo que hoy en día es Vegalsa-Eroski (compañía resultante de la alianza paritaria producida en el año 1998 entre la empresa gallega y familiar Vegonsa y la cooperativa vasca Eroski) y comenzó mi camino en el sector del retail (venta final del producto a los consumidores), que me apasionó desde el principio y al que sigo enganchada hoy en día», destaca. «Además, de todas las etapas he aprendido y me he curtido», apunta.

Cuando Rosa entró en la empresa, su hija Alba solo tenía dos meses. Se incorporó en el área de la dirección general como adjunta, lo que asegura le permitió tener una mirada global y «conocer el sector en toda su amplitud, desde la negociación con los proveedores, la salida al punto de venta, el marketing… Es un sector muy dinámico y muy demandante, que requiere mucho tiempo, pero aprendí muchas cosas», describe.

Muy poco tiempo después llegaría al mundo su segundo hijo, Fabio, y el tercero, Diego, seis años después. «Ellos son lo mejor de mi vida y en ningún momento supusieron un freno a mi carrera gracias a que conté con el apoyo e implicación totales de mi pareja. Nunca lo he sentido como una renuncia», considera.

«Imagina las cosas que tuvimos que escuchar tanto mi marido como yo misma al tomar esta decisión. Si hubiera sido al contrario, que el hombre se hubiera desplazado, a nadie le habría sorprendido»

Así, cuando Rosa planteó la necesidad de vivir entre semana en Elorrio –pueblo de Vizcaya donde tiene la sede la cooperativa– y pasar en A Coruña los fines de semana, su marido, José Manuel, asumió con naturalidad la logística necesaria y la corresponsabilidad de los cuidados. «Imagina las cosas que tuvimos que escuchar tanto mi marido como yo misma al tomar esta decisión. Si hubiera sido al contrario, que el hombre se hubiera desplazado, a nadie le habría sorprendido. Este tipo de cosas son las que la sociedad tiene que empezar a normalizar para avanzar en la igualdad», advierte la empresaria.

Aun estando convencida de que habían tomado la decisión adecuada, Rosa confiesa que las primeras semanas fueron muy duras. «Mis hijos tenían 9, 7 y 1 año y les echaba muchísimo de menos. Pero cuando comencé a darme cuenta de que las cosas funcionaban perfectamente sin mí y que los fines de semana estaba de verdad a tiempo completo con ellos, estuve segura de que merecía la pena», justifica. Sus hijos, asegura, «lo vivieron todo con naturalidad, sin ningún tipo de trauma. Son unos chicos maravillosos, con grandes valores, que han elegido con libertad su futuro, sin condicionantes, y estoy muy orgullosa de ellos», destaca.

La consejera delegada de Eroski, Rosa Carabel, durante una entrevista con EL PERIÓDICO

La consejera delegada de Eroski, Rosa Carabel, durante una entrevista con EL PERIÓDICO / Marc Asensio Clupes

Rosa tomó el timón como directora general de Eroski en 2021 y como CEO en 2022. Ejerce un liderazgo desde la cercanía y asegura que disfruta trabajando con las personas: «Soy consciente de que tengo mis limitaciones y mi vulnerabilidad, así que trato de rodearme de profesionales que saben más que yo y de ayudarles a que crezcan», define. Rosa ha pasado por escenarios de crisis económica muy complejos en la empresa en los que ha tenido que tomar decisiones estratégicas. «Cuando tengo que serlo, también soy muy firme y capaz de decidir con templanza y tranquilidad», advierte.

«Somos una cooperativa y las mujeres son socias con la misma capacidad de decisión que los hombres, pero la realidad es que al ir ascendiendo a los puestos de mando, las mujeres se reducen al 46%»

Uno de sus grandes objetivos es dar la oportunidad a las mujeres para ser más independientes y libres. «En Eroski el 77% de las personas trabajadoras somos mujeres y apostamos por la igualdad desde los inicios. Somos una cooperativa y las mujeres son socias con la misma capacidad de decisión que los hombres, pero la realidad es que al ir ascendiendo a los puestos de mando, las mujeres se reducen al 46%», explica. «Este es un problema complejo que depende de muchos factores y nunca se puede dar por terminado. En nuestro primer plan de igualdad ya vimos que había muchos sesgos: por ejemplo, no había hombres en cajas ni mujeres en plataforma. Lo hemos identificado y hemos trabajado sobre ello, pero además hay muchos factores culturales y educacionales que provocan que entre el 95 y el 98% de las reducciones de jornadas las sigan pidiendo las mujeres, porque nos sentimos responsables de los cuidados y eso lleva a muchas profesionales a rechazar puestos de mayor responsabilidad», lamenta la CEO.

Rosa lleva casi 30 años en este sector y habla con verdadera pasión de su trabajo, una emoción contagiosa que la ha convertido, sin ella buscarlo, en una verdadera referente. «No me veo jubilada, me encanta lo que hago y, ahora que tengo mucha experiencia, quiero seguir aportando, compartiendo y contribuyendo a que otras mujeres brillen», concluye.

Las pioneras: Margaret Hardenbroeck, pionera del comercio en el siglo XVII

Margaret Hardenbroeck fue una de las empresarias más destacadas del siglo XVII en la colonia de Nueva Ámsterdam, hoy Nueva York. De origen neerlandés, llegó a América como sirvienta contratada, pero pronto ascendió social y económicamente gracias a su talento para los negocios. Se dedicó al comercio minorista y mayorista, importando productos europeos –especialmente textiles– que luego vendía en la colonia. Aprovechó las leyes neerlandesas, que permitían a las mujeres gestionar propiedades y contratos, para operar con notable autonomía. Tras enviudar de su primer marido, amplió su actividad y, junto a su segundo esposo, fortaleció su red comercial atlántica. Acumuló una considerable fortuna y participó en transacciones inmobiliarias, convirtiéndose en una figura clave del temprano comercio urbano en Norteamérica.

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