Carlos Umaña, un Nobel de la Paz en Santiago: "Estamos más cerca que nunca de una guerra nuclear a gran escala"
"La industria armamentística influye decisivamente en la política global", señala el activista
"El gran error de la Guerra Fría fue no eliminar las armas nucleares", añade desde Santiago

Entrevista a Carlos Umaña, Premio Nobel de la Paz / Jesús Prieto
Arturo Reboyras
El médico y activista costarricense Carlos Umaña, integrante de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2017 por su labor en la concienciación y promoción del tratado de prohibición nuclear, visitó este jueves Galicia, invitado por el Rotary Club en Santiago. Reconocido por su defensa del desarme y por situar el debate sobre las armas nucleares en el centro de la agenda global, Umaña advierte de que el mundo atraviesa un momento crítico en materia de seguridad internacional, pero también de oportunidad para avanzar hacia su eliminación definitiva.
Usted forma parte de la campaña que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2017. ¿Qué significa hoy aquel reconocimiento y por qué cree que el mundo sigue sin haber cumplido plenamente su mensaje?
Significa muchísimo. El premio Nobel nos cambió mucho porque es una plataforma enorme que nos ha abierto muchísimas puertas. Y hay muchas cosas que sí han progresado porque el premio Nobel de la Paz en 2017 fue por dos razones: por generar conciencia sobre las consecuencias humanitarias de las armas nucleares y por el tratado sobre la prohibición, que actualmente lo han firmado 99 países. Si hablamos de los países miembros de la ONU, 196, 99 es la mitad más uno, o sea, oficialmente es la mayoría. No es un evento noticioso, pero sí es algo que cala: que la mayoría de los países del mundo estén rechazando la disuasión nuclear como un mecanismo de seguridad. Ese es el mensaje que tiene que calar y se está dando.

Carlos Umaña, ayer en Santiago. / Jesús Prieto
¿Cree que estamos realmente más cerca de un mundo sin armas nucleares?
Es una pregunta interesante porque estamos más cerca que nunca de una guerra nuclear a gran escala. Es el riesgo más alto de la historia, según varios expertos. Hace dos semanas, cuando Trump hizo la amenaza de que iba a terminar con una civilización, muchos no dormimos hasta ver qué pasaba, porque es un riesgo bastante real. Sin embargo, se están dando condiciones que antes no existían. Este rechazo contundente a las armas nucleares es algo que antes no existía como instrumento. Entonces, este puede ser un momento pivote, así como lo fue la crisis de los misiles en Cuba en los años 60, que dio paso a tratados internacionales que han sido fundamentales, como el Tratado de No Proliferación, el Tratado de Tlatelolco, o la crisis de los años 80 que dio paso al fin de la Guerra Fría. Estamos en un momento similar.
¿Hasta qué punto considera que la industria armamentística condiciona hoy las decisiones políticas globales?
Es un factor influyente importantísimo. Hay muchas guerras de desgaste que se dan prácticamente para justificar la existencia de la industria armamentística, y las armas nucleares entran ahí también. Si vemos la inversión nuclear que se hizo en 2024, estamos hablando de más de 100.000 millones de dólares al año. Casi el 60 % de esa inversión fue Estados Unidos, y Estados Unidos no es el que tiene más armas nucleares, es Rusia. ¿Por qué hay una inversión tan grande? Eso tiene que ver con empresas que buscan mantenerse, ofrecer un producto que solo ellas ofrecen. Entonces, ahí definitivamente hay una influencia.
Entre Vladimir Putin y Donald Trump, ¿usted con cuál se queda?
Yo me quedo con el pueblo ruso y con el pueblo estadounidense, porque tenemos que tener claro que Putin no es un resumen de Rusia ni Trump es un resumen de los Estados Unidos.
¿En qué momento decidió implicarse tan activamente en la lucha contra las armas nucleares?
Es algo que se fue dando gradualmente. Yo soy médico y también estudié artes, y de hecho estaba vendiendo pinturas en una feria cuando surgió la oportunidad de abrir la filial costarricense del movimiento. Y eso fue en el 2012. Ahí me fui implicando poco a poco y siempre tenía la idea, porque todo ha sido de forma voluntaria, de regresar a mi carrera. Y al final terminé en España con la Alianza por el Desarme Nuclear, y cada vez la implicación es más profunda y más fuerte.
¿Cree que el concepto tradicional de paz se está quedando corto?
El problema con el concepto de paz es que no ha sido bien trabajado, y ahí también puede entrar la academia, no tanto redefiniendo sino definiendo bien qué es la paz, porque la paz no es la ausencia de guerra. Cuando surgió la era atómica en 1945, muchos pensaban que las guerras convencionales iban a ser obsoletas con la amenaza de la destrucción mutua asegurada. Ocurrió lo opuesto, porque las armas nucleares son una amenaza de la peor violencia. La paz hay que redefinirla no solamente como la ausencia de guerra o de conflicto, sino como la resolución no violenta del conflicto, sacar la violencia de la ecuación, y también como la construcción de relaciones generando oportunidades de cooperación, generando puentes, construyendo tratados. Una exagente de la CIA lo definía como un hechizo que nos hace deshumanizar a los demás. Entonces, la paz es aprender a vernos a nosotros mismos en las otras personas.

Carlos Umaña, con Richard Denton (derecha), ayer en Santiago / Jesús Prieto
¿Qué medidas realistas considera urgentes para avanzar en la reducción del riesgo nuclear?
Cuando hablamos de realismo, urgencia, diplomacia, comunicación y diálogo, con lo nuclear no nos podemos quedar en la reducción del riesgo, porque el riesgo siempre va a estar ahí. El gran error del 91, cuando se alcanzó el punto de menor tensión en la era nuclear, fue no haber eliminado las armas nucleares. Eso pasó porque se habían convertido en un símbolo de estatus, en una moneda de poder. Entonces, de forma realista, el paso es la deslegitimación: que las armas nucleares dejen de ser parte de la doctrina de seguridad y que la disuasión nuclear sea abandonada como una estrategia legítima.
¿Cómo se combate el escepticismo o la sensación de impotencia ante la amenaza nuclear?
Involucrándose. Cuando empezamos a trabajar con el tratado de prohibición en 2012 y 2013, nadie en la ONU hablaba de la prohibición, porque implicaba desafiar a los grandes poderes militares y económicos. Pasar de eso a negociar un tratado con 130 países y aprobarlo con 122 votos demuestra que el cambio es posible. Eso uno lo ve cuando se involucra. El optimismo surge cuando uno actúa, y también es realista: solo las personas que creen que el cambio es posible son las que lo pueden llevar a cabo.
¿Qué papel cree usted que deberían jugar las universidades y los espacios académicos como la Universidad de Santiago en la construcción de una cultura de paz más activa?
Las universidades, el mundo académico en general, tienen que tener un rol activo en la construcción de una cultura de paz que va de la mano con la ciencia, va de la mano con la educación y, obviamente, la concienciación. Entonces, es importante que el mundo académico se integre a la conversación, no solamente desde el análisis frío, sino también desde el activismo. Y en nuestra coalición, tanto a nivel español con la Alianza por el Desarme Nuclear, como a nivel internacional desde ICAN, la campaña internacional para la abolición de las armas nucleares, tenemos también un espacio para integrar a la academia dentro de estas acciones, dentro de esta coalición.
Para terminar, si tuviese que enviar un mensaje al mundo desde Santiago, ¿cuál sería?
El mensaje es que el desarme nuclear no solamente es urgente y necesario, sino posible y realista, no es una utopía. Esta historia va a terminar de una de dos formas: o con el fin de las armas nucleares o con el nuestro. Tenemos que hacer todo lo posible para que sea el fin de las armas. Todos tenemos un rol que jugar aquí. Involucrémonos.
Fuente: El Correo Gallego
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