Entrevista
Mara Mariño, sexóloga: "Los espacios digitales son un reflejo del machismo que existe en la esfera 'offline'"
La autora de '#S3xpidemia', galardonada con el Premio Menina 2025, incide en la necesidad de acabar con la impunidad en redes y la monetización de la violencia

Mara Mariño / Jaime García Morato | cedida
Miriam Anguita
La tecnología avanza más rápido que la capacidad de la sociedad para protegerse de sus riesgos. En los últimos meses, la investigación sobre la creación de imágenes sexuales de menores mediante inteligencia artificial en un instituto de Almería reabrió el debate sobre los límites de la violencia digital. A ello se suman otros casos recientes, como la investigación de la Unión Europea a Shein por la venta de muñecas sexuales con apariencia infantil o la existencia de grupos en redes donde se comparten imágenes íntimas robadas.
En este contexto, la periodista y sexóloga Mara Mariño (Madrid, 1992) analiza en '#S3xpidemia' (Loto Azul) cómo el entorno digital está redefiniendo la sexualidad, el deseo y las formas de violencia, especialmente hacia mujeres y menores. El libro describe una realidad donde conviven anuncios pornográficos en juegos para niños, tutoriales que enseñan a monetizar el cuerpo de compañeras de clase en OnlyFans y chatbots que automatizan la violencia sexual mediante inteligencia artificial.

Mara Mariño recibió el premio Menina Creadoras de Contenido en Defensa de la Igualdad y Contra las Violencias Machistas' el pasado 25N / Cedida
"Ver cómo crecía la violencia digital con herramientas de inteligencia artificial para desnudar o sexualizar a mujeres me hizo ver que el machismo analógico se estaba amplificando en las pantallas", explica a El Periódico de España. Su labor de análisis y divulgación en redes sociales, que le valió el Premio Menina 2025, ha llevado a Mariño a la incidencia institucional en 2026 como parte del Consejo Asesor de Políticas de Igualdad del PSOE. En este equipo, su enfoque prioritario es la seguridad en la red: "En la primera reunión, hice hincapié en la importancia de que no haya impunidad en redes y en cómo la pornografía socializa a los hombres desde pequeños en convertir a las mujeres en objetos de consumo".
Para Mariño, esta mirada crítica conecta con una trayectoria donde el feminismo llegó a través de los libros de su madre y se consolidó ante casos como el de la Manada. Actualmente, la autora también de 'Todo lo que mi novio debe saber sobre feminismo' (Grijalbo) compagina esta asesoría con la formación en centros educativos y empresas, analizando cómo las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta de violencia dirigida, especialmente, hacia mujeres y niñas.
P. ¿Subestimamos los delitos digitales?
R. Hace unos años, cuando la IA no estaba tan avanzada, delitos como los deepfakes [contenido audiovisual manipulado con inteligencia artificial que simula que una persona dice o hace algo que nunca ocurrió] se percibían como de menor gravedad que si se tratara de una fotografía real de una persona. Con lo sucedido en el caso de Almendralejo y en otros centros educativos en La Rioja o Barcelona, la concienciación ha llegado a pasos agigantados, porque hemos visto la construcción de una nueva forma de violencia muy grave: es más rápida, permite violentar a más personas con tan solo unos clics y difundirlas hasta el punto de que pueden terminar en webs pornográficas sin ningún tipo de control. Esto se ha dado a la vez que aumentaba la presión contra las periodistas, políticas, divulgadoras o activistas en redes sociales. Esos dos frentes han dejado en evidencia que los espacios digitales son solo un reducto más de un machismo que existe en la esfera offline. A nivel social, es importante el consenso en cuanto a rechazar este machismo 2.0, pero también deberíamos pedir protocolos nacionales de actuación ante los delitos de imágenes sintéticas, la exigencia de responsabilidades de quienes están detrás de esas plataformas y, de una vez por todas, la responsabilidad legal de quienes perpetran amenazas.
P. Como denuncian otras cuentas de divulgación, ¿tus contenidos llegan sobre todo a quienes los rechazan?
R. Esto me pasaba al principio, hace unos tres años. Cuando hablaba de temas de feminismo, veía que quienes contestaban eran sobre todo hombres que estaban totalmente en contra de lo que yo decía. Con el tiempo y con lo que he investigado para el libro, me he dado cuenta de que las redes sociales, tanto Instagram como TikTok, utilizan estas automatizaciones para que te lleguen los contenidos con los que más vas a conectar o con los que más vas a estar en contra. Eso genera que un montón de gente comente para expresar que no están de acuerdo y, al final, es engagement. Para la plataforma significa que esa persona va a estar más tiempo consumiendo contenido y lo puede monetizar.
P. ¿Recibes muchas amenazas?
R. Al principio sí. Recibí amenazas de agresiones sexuales y físicas. Llegó un punto en que me empezó a seguir más gente alineada con mis valores feministas y ahora esa presión ha disminuido. No estar tan expuesta como figuras como Irene Montero, que generan una reacción mucho más rabiosa, hace que el nivel de violencia que sufro sea menor. Hace poco, Torbe me sacó en uno de sus vídeos y en los comentarios había cientos de hombres diciendo que "ya tendré lo que me merezco". Cuando ves ese tipo de cosas, 100% segura no te puedes sentir. Pero no quiero hacer hincapié en la inseguridad de las divulgadoras, es algo que echa para atrás a muchas mujeres.
P. ¿Cómo fue tu estudio sobre los grupos de Telegram?
R. Investigando con María Chisova (@mariia.en.ia), salió el tema de los chatbots que permiten desnudar mujeres. Entré en un link y lo primero que ofrecían eran monedas virtuales para canjearlas por desnudos sintéticos. Usaban fechas como San Valentín para animar a comprar monedas; me pareció increíble que el día del amor romántico se ofreciera desnudar a mujeres. Reporté el grupo y me olvidé, pero meses después vi que seguía activo, así que escribí un artículo. A las pocas horas me escribió el portavoz de Telegram pidiendo que añadiera que la plataforma no estaba de acuerdo con eso. Le propuse una entrevista para que contara qué mecanismos de vigilancia tenían y no volví a recibir respuesta. El grupo se cerró, pero al buscar el nombre aparecieron otros 15. No es un error, es intencionado para tener usuarios y monetizar.

Mara Mariño, junto a la portada de #S3xpidemia / Hazhard Espinoza Vallejos | cedida
P. ¿Esa pasividad se traslada a Onlyfans?
R. Con OnlyFans y con la pornografía. Van de frente diciendo que necesitas ser mayor de edad, pero hay muchísimos casos de menores usando cuentas de adultos o DNIs de otros. No es una casualidad: un hombre que trabajó en marketing para OnlyFans confesó que lo que más interesaba a los hombres eran las chicas que acababan de cumplir 18, así que captaban a menores que estaban en esa línea fina. Incluso OnlyFans empieza a relacionarse con redes de trata de personas y de menores desaparecidos. Es una industria que sirve para la captación.
P. ¿Por qué la pornografía es cada vez más violenta?
R. Porque ha evolucionado con la tecnología. Lo que antes no se podía ver o grabar, ahora sí se puede con cámaras de una definición impresionante. Para que esto siga atrayendo a los consumidores, metieron en la ecuación las dinámicas de poder. Un estudio sobre las 100 películas pornográficas más vistas reveló que el 84% de ellas contenían violencia hacia las mujeres. Hay estudios del Instituto de Salud Carlos III que relacionan esta exposición con hombres poniendo en práctica violencia en sus relaciones íntimas y con mujeres aceptándola. Él se convierte en el que controla y ella en la sumisa. Es una escuela de algo que no se debe llamar sexo, porque muestra prácticas que se pueden definir como delitos.
"La exposición a la pornografía se relaciona con la puesta en práctica de violencia en las relaciones íntimas"
P. Precisamente hablas de la "sumisión sexual" de las mujeres como "eje del patriarcado".
R. Sí. Viene por dos vías: por un lado, puedes cosificar a las mujeres (ya no son tus iguales, son objetos de consumo) y, por otro, si ellas se resisten, aparece la amenaza de la violencia sexual. Todas crecemos socializadas con el miedo de que lo peor que nos puede pasar es que nos violen. Ahí entran los mecanismos simbólicos, los mensajes en titulares y redes, e incluso cómo se aplica la justicia patriarcal.
P. Todas esas cuestiones están atravesadas por el liberalismo económico. ¿Crees que se puede lograr la igualdad en un marco capitalista?
R. Ahora mismo, la IA, OnlyFans, Telegram, la pornografía y la prostitución forman parte de un sistema capitalista que monetiza el deseo masculino convirtiendo a la mujer en objeto de consumo. Es un negocio de billones. Esto no cambiará solo con barreras a la pornografía; hay que ir a la raíz: la educación y la socialización. Mientras ellos nos vean como objetos de consumo, el sistema crecerá. En este aspecto estoy un poco negativa porque no veo un interés real en abordarlo.

Mara Mariño, en Injuve / cedida
P. ¿Qué se puede hacer desde la educación?
R. Necesitamos una educación digital con urgencia. Debemos empezar a sentar unas bases que enseñen desde privacidad a seguridad, pasando por los buenos usos de la tecnología. Esto tiene que venir acompañado de una educación en casa donde se aprenda a construir la empatía y el pensamiento crítico. Si se forman unos valores éticos, tendremos una buena brújula moral para practicar el civismo dentro y fuera de internet. Poner esta educación en práctica va desde decir que "no" a pasar una foto o a recibirla, participar en una conversación sin incomodar, no insistir, no hacer chantaje emocional, no presionar para que se active la cámara... en resumen, trasladar al entorno digital el mismo cuidado que reclamamos fuera de la pantalla.
P. ¿Por qué el feminismo parece haber quedado en un segundo plano?
R. Ha sido prácticamente una campaña de marketing para denostarlo, tachándonos de "charos" con pelos en las axilas. Interesa desmembrar un movimiento que busca la igualdad de derechos porque eso asegura que no haya personas peleando en esos frentes y permite un retroceso.
"Hay más hombres feministas que nunca, pero de eso no interesa hablar"
P. ¿Los 'incels' son un problema real o un fenómeno virtual que hace mucho ruido?
R. Por lo que he visto para el libro, es más marginal de lo que parece, pero logran una viralidad que un discurso pedagógico nunca tendrá. Chicos que se sentían perdidos han encontrado guía en influencers como los hermanos Tate, J.R. Romer o Llados, que les dan un sentido de "hombres de valor" basado en una forma física estereotipada y roles de género antiguos. Además, hay más hombres feministas que nunca, pero de eso no se interesa hablar. Visibilizar esto anima a las mujeres a ver que no estamos solas y que esto no es una guerra de sexos.
P. ¿Cómo ven las generaciones jóvenes el feminismo?
R. Aunque tenemos los últimos resultados de Fad Juventud que han puesto de relieve que los chavales, chicos, se sienten muy distanciados del movimiento; entre ellas, más del 50% siguen apoyando el feminismo. Lo que he observado es que en esas franjas de edad, aunque no te posiciones públicamente, no quita que estés alineada con los valores. Y si tenemos en cuenta que una de las luchas actuales del feminismo es por lograr un espacio digital en igualdad de condiciones, sin recibir insultos, amenazas o violencias como la difusión de desnudos creadas con IA, es raro que las jóvenes no se sientan interpeladas.
P. ¿Eres optimista o pesimista respecto al futuro?
R. Muy optimista, es imposible no serlo. Tenemos que recordar el camino que hemos recorrido. Hasta hace unos años, nuestros relatos estaban silenciados; hoy vemos perfiles como el de Cristina Fallarás que recopilan las violencias que hemos sufrido: no tenemos miedo a hablar. Es un cambio social inmenso que también se está dando a nivel internacional con casos como el de Gisèle Pelicot. Creo que aunque haya narrativas de que el feminismo está en horas bajas, solo hay que ver lo que ya no toleramos y lo que exigimos.
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