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Violencia machista

El crimen machista de Girona activa las alertas por los fallos en el control de los agresores reincidentes

El asesino tenía antecedentes y fue puesto en libertad pese a haber agredido dos veces, en dos días, a la víctima, una mujer trans, y haber quebrantado una orden de alejamiento

La consejera de igualdad apuesta por endurecer las medidas en casos de alto riesgo y aplicar la prisión preventiva

Un hombre mata a su expareja a cuchilladas en plena calle

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Patricia Martín

Madrid

Las alertas han saltado, de nuevo, por un feminicidio donde el agresor era reincidente y la víctima le denunció y, aun así, el sistema no supo protegerla. Se trata del crimen de Figueres (Girona), que el martes causó una gran indignación porque el agresor, con total impunidad, fue a limpiarse las manos y los brazos manchados de sangre a una fuente después de asesinar a cuchilladas a su expareja, como atestiguan varios vídeos de los testigos, que retuvieron al asesino.

El feminicidio ha sido tan brutal y de tal calibre las señales ignoradas por el sistema que tanto el alcalde de Figueres, Jordi Masquef, como la consellera de Igualtat i Feminisme, Eva Menor, han reconocido que "algo ha fallado" porque el agresor, con numerosos antecedentes policiales por violencia de género y otros delitos, había dado varias muestras, en los días previos al asesinato, de su macabra intención. Menor ha anunciado que se convocará el grupo de análisis de feminicidios para estudiar los posibles errores y ha apostado por endurecer las medidas en casos de alto riesgo y aplicar la prisión preventiva.

La víctima fue brutalmente agredida el domingo y el lunes antes del asesinato, pero el juez dejó al acusado en libertad

Tres agresiones (la última mortal) en tres días

La secuencia de los hechos es la siguiente: el 17 de mayo la víctima –una mujer trans de origen hondureño y de 32 años, que se crio en La Junquera y residía desde hace seis años en Figueres– llamó a emergencias porque su expareja, Andrés R.C, de 48 años, le había golpeado y amenazado con un cuchillo. El médico realizó un informe sobre las heridas y lo trasladó al juzgado. Al día siguiente, se celebró un juicio rápido donde el agresor aceptó una condena por maltrato, de seis meses de prisión, pero no ingresó en la cárcel, sino que se le impuso una orden de alejamiento de solo 250 metros de la víctima y la prohibición de comunicarse con ella en un año y cuatro meses.

Las especialistas denuncian fallos en el sistema de valoración del riesgo

Horas después, sin embargo, quebrantó la orden y la agredió brutalmente, intentó estrangularla y golpearla con un extintor, por lo que esta vez sí fue detenido y pasó la noche en el calabozo a la espera de la resolución judicial. No obstante, en la mañana del 19 de mayo, el juzgado de guardia lo dejó en libertad porque la víctima no se presentó y no ratificó la denuncia . No se tuvieron en cuenta ni las agresiones previas ni su docena de antecedentes, tanto por violencia machista como por robos y otros delitos (el juez no puede dictar medidas si nadie las solicita, según el TSJC). De hecho, había pasado un tiempo encarcelado en el Centro Penitenciario Puig de les Basses de Figueres, según fuentes judiciales. Tras quedar en libertad, pocas horas después, asesinó a su expareja.

"El listado de errores es largo, empezando porque los antecedentes del agresor y la escalada de violencia en las horas previas al crimen deberían haber ayudado a calificarla de alto riesgo"

Paula Narbona

— Abogada

Apenas 250 metros

El feminicidio es tan llamativo que los especialistas en violencia de género llevan "días dándole vueltas" a qué ha fallado y a cómo intentar que no se repita, según explica la letrada Paula Narbona. A su juicio, el listado de errores "graves" es largo, empezando porque los antecedentes del agresor y la "escalada de violencia" en las horas previas al crimen "deberían haber ayudado" a que la víctima fuera considerada de alto riesgo.

El segundo problema es que la orden de alejamiento fue "ridícula", de solo 250 metros, "una distancia en la que la policía no tiene tiempo de reaccionar", teniendo en cuenta, además, que las medidas de alejamiento no sirven si no van acompañadas de una vigilancia efectiva. "Si da la casualidad de que hay una patrulla y ve al agresor en la zona de exclusión, lo detienen, pero, si no lo ve nadie, llegará a la víctima porque no hay medidas para protegerla", explica.

Solo se suele decretar prisión provisional cuando el acusado rompe tres veces una misma orden, los quebrantamientos anteriores se juzgan, pero meses después, no conllevan actuaciones inmediatas

A esto hay que añadir que solo se suele decretar prisión provisional en el caso de que el acusado quebrante tres veces una misma orden, los quebrantamientos anteriores se juzgan, pero meses después, no conllevan actuaciones inmediatas. También se ha dado la circunstancia que el juez de guardia que puso Andrés R. C. en libertad no tenía formación en violencia de género y solo se basó en que ella no había ratificado la denuncia.

Falta de investigación en los juzgados

"Podría haberle dejado 72 horas en prisión provisional y haber enviado a un agente para saber si ella estaba bien, para que le acompañara al juzgado, pero a los juzgados tenemos que llevar el trabajo hecho para que lo valoren, no hacen un trabajo de investigación por ellos mismos o envían a la policía para que investiguen", denuncia la abogada.

El proceso "sigue recayendo en la declaración de la víctima", pese a que las afectadas, en muchas ocasiones, no ratifican la denuncia porque "están aterrorizadas", según las especialistas

El terror

A su vez, la letrada María José Varela, coincide en que este caso demuestra que el proceso "sigue recayendo en la declaración de la víctima", pese a que las afectadas, en muchas ocasiones, no ratifican la denuncia porque "están aterrorizadas". "Podría haberle dejado en prisión provisional, haber puesto una orden de alejamiento de más metros, un mayor control policial y telemático, o haber preguntado a los médicos que han atendido a la víctima, o a los servicios sociales, pero en lugar de eso, le dejó en libertad", lamenta.

"Cuando un agresor es reincidente, es que las medidas de reinserción no han servido: es difícil cambiar la concepción ideológica de cómo se relacionan con las mujeres"

María José Varela

— Letrada

A su juicio, tampoco se ha valorado "suficientemente" que el agresor era reincidente, pese a que en violencia de género es un factor frecuente y estudiado, dado que el maltrato se arraiga en la educación patriarcal. "Cuando un agresor es reincidente, es que las medidas de reinserción no han servido: es difícil cambiar la concepción ideológica de cómo se relacionan con las mujeres", opina Varela.

Las estadísticas indican que cuatro de cada diez agresores machistas son reincidentes, ya sea con sus parejas o con otras, el doble de la tasa registrada por otros delitos. Ante ello, el Ministerio del Interior ha puesto en marcha un protocolo que permite alertar a las mujeres que interpongan denuncias sobre si sus agresores tienen antecedentes, para que extremen las precauciones. Además, el Ministerio de Igualdad ha propuesto que no se puedan imponer penas alternativas a la cárcel, como trabajos en beneficio de la comunidad, a este tipo de maltratadores.

"Este crimen demuestra que las mujeres trans sufrimos la misma violencia estructural que el resto de mujeres, pero con más vulnerabilidad: tenemos el sesgo de género y de odio"

Mar Cambrollé

— Activista Trans

Doble vulnerabilidad

A todo ello se añade un factor más: la víctima era transexual, por lo que en el asesinato "se da un doble sesgo, de género y de odio", según la presidenta de la Plataforma Trans, Mar Cambrollé. "Este crimen demuestra que las mujeres trans sufrimos la misma violencia estructural que el resto de mujeres, pero con una vulnerabilidad más, dado que arrastramos una demonización previa que nos rebaja como seres humanos. Seguro que el asesino pensó que no iba a pasar nada por asesinar a una mujer trans", reflexiona.

Este año se han registrado 22 asesinatos machistas, 10 más que en 2024 y 2025. Y en cuatro de cada diez casos el sistema de protección ha fallado, ya que el 41% de las víctimas había denunciado

Cambrollé no cree que la víctima haya sufrido una discriminación por su identidad de género o que se haya tenido menos en cuenta su relato, pero sí deja claro que "algo falla" cuando las mujeres denuncian y, pese a ello, son asesinadas.

Su reflexión se sustenta en que está siendo un año especialmente cruento. Ha habido 22 crímenes machistas, 10 más que en el mismo periodo de 2024 y 2025. Y de ellas, el 40,9% habían denunciado, cuando el porcentaje de denuncia se sitúa históricamente en torno al 26%.

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