San Simón canta con 800 voces en el festival Sinsal al ritmo de cabaret alemán, pop rock vasco e italodisco
La segunda jornada del festival Sinsal, celebrado en la isla gallega, reunió a talentos nacionales que están por descubrir, como Gazelle, y propuestas de autores globales, como Mary Ocher o Cakes da Killa

Segunda jornada del Sinsal / Aigi Boga
El festival Sinsal mantiene el silencio que lo caracteriza un año más, quince ya, alrededor de su cartel y en la segunda jornada de esta edición atraca en la isla de San Simón con guitarras oscuros, cabaret político y los ritmos bailables que conectan País Vasco con la escena ballroom de Nueva York. En el programa desvelado para este sábado, Gazelle, Merina Gris, Cakes da Killa o Mary Ocher han ofrecido un abanico difícilmente disponible en otro cartel.
La isla gallega de las mil vidas, de leprosería a cárcel y ahora escenario de músicas globales, despertó a las 14.30 horas después del primer día de ritmo. Los encargados de iniciar el maratón musical distribuido por los cuatro escenarios fueron los valencianos Gazella, una de las bandas revelación que combina el pop más abierto con las guitarras distorsionadas con ecos a los años 90, similar a los coruñeses Apolo 18.
Gazella tomó posición en el escenario Buxos Xacobeo, rodeados de copas de árboles, y desplegaron una corriente de cuerdas eléctricas, rebotando de entre guitarras y bajo. La batería alternaba el protagonismo con la voz de Irene Ricart, que rompía los riffs hipnóticos y las tormentas de platillos y bombo en temas como Sol Menor o Velcro.
“San Simón es, sin duda, el escenario más increíble en el que hemos podido tocar nunca. Es un privilegio, estamos muy agradecidos”, comentaba el batería y vocalista del grupo, Lluisen Capafons.
Compromiso ecológico
En el tiempo dedicado por el público para llenar sus vasos, un año más con el compromiso ecológico del que Sinsal hace insignia al no emplear más plástico y reciclar los envases al máximo posible, la rusa Mary Ocher terminaba de montar su puesta en escena en el escenario Santo Antón, junto al mirador unido por el puente de piedra.
Ocher presentó su último trabajo, Weimar, un homenaje a los cabarets alemanes que inspiraron a las vanguardias europeas y fueron refugio de libertades en la república de Weimar hasta el nazismo. Pasando por el teclado, los sintetizadores e incluso una flauta dulce, esta artista redobló su espíritu político y lanzó un capote a los gobiernos de Rusia e Israel, países en los que nació y creció, respectivamente. Ella, que canta sentirse “nacida como una extraña” en sus patrias, recordó y honró la historia de San Simón.
Cuando el sol se decidió a salir con más intensidad sobre la isla, los vascos Merina Gris se lanzaron al escenario con su habitual uniforme: caras tapadas y extravagancia.

Concierto de Merina Gris / Aigi Boga
Esta joven banda, ganadora del premio MIN 2026 a Mejor Álbum en Euskera, combina con energía escénica el mejor pop electrónico con las guitarras más desatadas y bases tan industriales como urbanas, contemporáneas. Sin embargo, el distintivo final es el choque de melancolía y rabia en sus voces. Después de este concierto, su debut en Galicia, es hablar de los tan procurados herederos de Triángulo de Amor Bizarro.
La buena energía sembrada fue pescada por GiGi Girls, que se estrenaron en España con su concierto en San Simón. Este trío alemán, compuesto de dos vocalistas y un músico, cambió la dirección con un giro hacia el italodisco y la nostalgia musical entendida desde la pista de baile. Los sintetizadores y las voces, del susurro al fraseo masticado, proponían un viaje atrás en el tiempo hasta los años 80, como en Amore per sempre.
En su caso, Hannah Berle y Laura Mancini optaron por vestirse de blanco, literalmente de novias, y animaron al público con un italiano de marcado acento, entre bailes que las acercaba a Baccara o Las Bistecs.
El final de la segunda jornada encadenó tres conciertos que, como mínimo, buscaron mantener el espíritu alegre instalado en la isla. Por un lado, AK/DK se dejaron ir a través de los instrumentos y la música electrónica cuando arrancaba el atardecer. Las percusiones sacudieron el ambiente e incluso los curiosos que habían salido en barco esta tarde decidieron detenerse frente a la costa para bailar. El dúo recibió una de las grandes ovaciones de la jornada.
El rapero Cakes da Killa no escatimó en actitud y condensó en su actuación lo mismo que las recientemente ofrecidas en Glastonbury o el festival Sónar. Rabia, política, identidad subversiva, provocación, originalidad. El estadounidense hizo gala de su particular visión de la música house y el hip-hop en un número con clara referencia a la subcultura ballroom del colectivo LGTBIQ+ de Nueva York.
Antes de que los visitantes de San Simón tomasen rumbo hacia el continente, DJ Viktor Flores amenizó las últimas horas de la segunda jornada mientras el misterio por el domingo tomaba el aire. En esta isla solo cantan 800 voces cada día y, pese a no saber todavía a ritmo de qué, mañana se alegrarán de ser sorprendidas.
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