Con los brazos en alto, vestido con un pantalón de camuflaje y una camiseta caqui, el hombre salió por la puerta la vivienda y fue inmediatamente esposado por agentes del orden.

La policía había evitado un asalto al edificio y apostó por el agotamiento del hombre, que había amenazado con activar otros artefactos si los agentes intentaban reducirle por la fuerza.

Nada mas entregarse, los agentes de la unidad de explosivos entraron en su vivienda para buscar otros posibles artefactos.

El detenido activó el miércoles varias bombas de pequeña potencia en dos casas situadas en las localidades de Viernheim y Weinheim, al suroeste de Alemania.

La explosión en una de ellas, ocupada por una familia con dos niños pequeños, causó heridas leves al matrimonio, un hombre de 32 años y su esposa de 31, que sufrieron pequeños cortes por la rotura de los cristales.

Poco después de las explosiones, la policía alemana inició el cerco alrededor de la vivienda de la localidad de Viernheim donde se atrincheró el hombre, quien enmascarado y en traje de camuflaje había protagonizado los atentados.

La policía acordonó y evacuó el edificio de cuatro plantas, así como otros 20 inmuebles adyacentes, lo que obligó a un centenar de personas a abandonar sus hogares.

El individuo estuvo en permanente contacto telefónico con mediadores policiales.

Según medios alemanes, el móvil del agresor es de carácter económico.

El hombre, un instalador eléctrico aficionado a las armas, llevaba meses sin pagar el alquiler y estaba amenazado de desahucio, según aseguran los medios locales.