01 de octubre de 2011
01.10.2011
Un crimen inexplicable

"Había que abrir y sacar al niño rápido", dice la médico que practicó la cesárea

Los sanitarios dejaron que el padre viera al bebé nada más nacer . Un sacerdote dio la unción de enfermos a la madre tiroteada y bautizó al neonato en la ambulancia

01.10.2011 | 03:13
El sacerdote Francisco Santos.

Tras el tiroteo en la iglesia de Santa María del Pinar, en medio de la gran confusión y del pánico creado, la actuación de los médicos de Urgencias del Samur fue determinante para salvar al bebé.

"Había que coger el bisturí, abrir y sacar al niño cuanto antes. La decisión era de segundos porque la mujer estaba en parada cardíaca, intentamos reanimarla pero no salía", explicaba ayer la jefa de guardia del Samur, Ceferina Cuesta, que practicó la cesárea a Rocío Piñeiro Oitavén y salvó la vida al neonato. Una operación que se realizó en la UCI móvil a las puertas de la iglesia. Horas después, la doctora visitó al niño en el hospital y confesó que espera que salga adelante.

"Es una situación muy límite. Tienes que tomar una decisión en cuestión de segundos pero lo haces todo por salvar la vida de ese niño. Ya que por la madre no se ha podido hacer nada, tienes que apostar por la vida del bebé y es lo que te decide a realizar esas técnicas y salvar esa vida", reitera Cuesta.

El alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón propuso a la doctora ayer para la Medalla al Mérito Social, ya que además de realizar la cesárea, logró la reanimación del recién nacido y lo estabilizó antes de su traslado a la Unidad de Neonatología de La Paz. Aún está pendiente de evaluar su estado neurológico, ya que nació en parada cardiorrespiratoria, según informó ayer la neonatóloga de guardia del Summa que le reanimó, Tamara Carrizosa.

La sanitaria contó también que, pese a la urgencia de la intervención, hubo un momento para que el padre del recién nacido pudiera verlo en el mismo lugar de los hechos, aunque, como todo el mundo, ha comentado, el hombre estaba también en estado de shock.

Por su parte, el sacerdote de la parroquia se encargó de dar la unción de enfermos a la víctima mortal del tiroteo, Rocío Piñeiro, y también bautizó a su hijo tras la cesárea en la ambulancia en al que nació, según informó ayer el Arzobispado de Madrid.

Monseñor Rouco y sus obispos auxiliares muestran su "dolor" por el "trágico" suceso y expresan su condolencia al esposo y familiares de Rocío Piñeiro. Al mismo tiempo, elevan sus oraciones por el eterno descanso de la mujer embarazada, y "para que el Señor conceda el don del consuelo y de la esperanza de la vida eterna a su esposo, el hijo recién nacido y la familia". Además, piden al Señor por el pronto restablecimiento de la mujer herida en el tiroteo, así como el perdón de Dios para el autor de los hechos.

El sacerdote Francisco Santos aseguró ayer que el agresor había estado merodeando en torno a la iglesia y que parecía "ansioso, no alterado" y mantenía un comportamiento "correcto, no agresivo". Hacia las seis y veinte entró y salió varias veces del templo y preguntó "de forma ansiosa" a unas diez personas a qué hora era la misa de esa tarde, lo que le pareció "un poco extraño".

No le había visto nunca por el barrio y nadie con quien ha hablado después lo conocía. Sin embargo, a la víctima, una mujer embarazada de 36 años, y a su madre, que esperaban el comienzo de la misa en uno de los bancos del fondo de la iglesia, sí las conocía de cara.

Actitud ejemplar

El sacerdote expuso que cuando salió al altar dispuesto a celebrar la misa de las ocho de la tarde vio "escenas terribles", que "la gente estaba tirada en el suelo" y que "los minutos que pasaron hasta que llegaron el Samur y la Policía fueron eternos". Destacó que la reacción de los feligreses fue magnífica. "El comportamiento cívico fue de diez", reiteró.

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