13 de marzo de 2018
13.03.2018
El trágico desenlace de un caso que mantuvo en vilo al país

''Pudo perder el control pero era consciente''

Expertos en la personalidad analizan las posibles motivaciones que llevaron a Ana Julia Quezada a matar al pequeño Gabriel - "No es una profesional del crimen", señalan

13.03.2018 | 18:30
''Pudo perder el control pero era consciente''

Son muchas las preguntas sin respuesta en el crimen del pequeño de 8 años Gabriel Cruz, sin embargo la que resulta clave para comprender el caso y solo se puede obtener de la propia investigada es el por qué. ¿Qué llevó a Ana Julia Quezada presuntamente a terminar con la vida del hijo de su pareja? ¿Fue un impulso o padece algún trastorno o patología concreta? Expertos psicólogos y psiquiatras reconocen que sin conocer el móvil de los hechos resulta precipitado e impreciso dar una valoración acertada, pero de la poca información que ha trascendido han sacado sus propias y personales conclusiones.

Para la profesional gallega Victoria Romero los celos eran dueños de sus actos. "Semejaba sufrir un problema de personalidad celotípica: existía una buena relación entre su pareja y la madre de su hijo que el crimen era una manera de suprimir el nexo de unión entre madre y padre", opina la psicóloga. Romero sostiene que los celópatas "son personas inseguras", que "no tienen porqué ser violentas" pero sí sufren "unos celos enfermizos". "Existía, a tenor de la declaración de los vecinos, una mala relación entre ella y el menor, una conducta motivada por los celos pero siempre en privado. Nunca ejerció violencia hacia el menor, por ello sorprendió más a sus vecinos los hechos", apunta esta experta.

Si bien su comportamiento puede obedecer o estar relacionado con múltiples trastornos o patologías, el psiquiatra forense Juan Fernández Hierro no olvida que "la maldad existe" y deja la puerta abierta a que no sufra ningún desorden. "Probablemente esta persona no sufra ningún trastorno mental", señala el profesional.

La teoría de una posible reacción "impulsiva" por parte de Ana Julia Quezada no termina de convencer al doctor. "Es posible que algo le enfadara y le hiciera perder el control sobre el niño; sin embargo tampoco tenemos motivos para pensar que haya sido así. En verdad las explicaciones que al parecer dio sobre la desaparición del niño han sido ambiguas y luego se ha comportado con la máxima frialdad hasta que la han detenido, por lo tanto no sé si la pérdida de control explica bien esta situación, alguien puede tener la suficiente maldad para comportarse de esta manera sin necesidad de tener ningún trastorno mental", añade.

Esta percepción de la maldad innata también la sostiene el psiquiatra gallego Tiburcio Angosto, quien sostiene que si la acusada de la muerte de Gabriel Cruz "sufriera alguna patología de personalidad sin duda se le hubiera notado" y remarca, al igual que Victoria Romero a los "celos" como posible motivación del crimen. "Esto no significa que exista una patología. Sin embargo sí fue capaz durante 12 días de transformar el odio por el niño en pena o simularlo, eso no lo sabemos", opina Angosto.

Esta frialdad afianza la conjetura de que la pareja del padre de Gabriel era consciente de lo que estaba haciendo cuando presuntamente habría terminado con la vida del pequeño. "Hay gente mala, hay gente sin escrúpulos; si fue algo premeditado o perdió el control por algo que la desquició no se sabe. Pero si fue así seguramente fuera consciente lo que estaba haciendo. No es una profesional del crimen y fueron sus meteduras de pata lo que ha llevado a su detención, pero sí demuestra una frialdad en su comportamiento", aprecia el psiquiatra forense Juan Fernández Hierro.

Y si en verdad Ana Julia no padeciese ningún tipo de trastorno, ¿necesitaría de igual modo ser tratada por un experto? Mientras Angosto señala que "todos tenemos derecho a cambiar, arrepentirse y sentir dolor" por lo que sí insta un tratamiento siempre que exista "voluntariedad", el doctor Fernández Hierro matiza que "si se confirman la ausencia de trastorno mental tenemos que asumir que la maldad existe, no es una enfermedad luego no hay tratamiento. Otra cosa es que, siempre hipotetizando, tenga rasgos psicopáticos; una persona con un trastorno antisocial de personalidad, es decir, no tiene sentimientos de empatía hacia el sufrimiento de los demás, ni vulnerar las normas establecidas, muchas veces frías y calculadoras con el daño que hacen", si bien hace hincapié que esta condición no siempre genera problemas. "Muchos psicópatas están integrados en la sociedad e incluso son personas de éxito, sin embargo otros eligen la vía delictiva", concluye Fernández Hierro.

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