29 de septiembre de 2020
29.09.2020
La Opinión de A Coruña
Juicio

La viuda negra: "La noche del crimen mi marido y yo nos íbamos de luna de miel"

La acusada de matar al hombre con el que se casó niega haberse puesto de acuerdo con su "cuidador"

29.09.2020 | 07:31
La viuda negra: "La noche del crimen mi marido y yo nos íbamos de luna de miel"
La viuda negra: "La noche del crimen mi marido y yo nos íbamos de luna de miel"

Fue alguien que salió corriendo tras asestar las cuchilladas mortales y se metió en un coche que le estaba esperando. Así explicó este lunes Conchi Martín, conocida como la viuda negra de Alicante, la muerte a puñaladas de su marido, con el que se casó dos semanas antes, y por la que está acusada tanto ella como su cuidador, Francisco Pérez, que la llevaba en silla de ruedas a todas partes. La mujer aseguró en el juicio que la noche del crimen había quedado con su marido en la Albufereta para tener una cena romántica y que a continuación se iban a ir de viaje de novios. Aunque los dos acusados han ido cambiando de versión a lo largo del proceso, llegando incluso a culpar del crimen a un hijo del fallecido, este lunes dieron marcha atrás y aseguraron que no vieron quién apuñaló a José Luis pero que mientras agonizaba y balbuceando habría dicho: "mi hijo me la ha clavado en el corazón".

La víctima, un camionero jubilado de 69 años, murió apuñalado el 20 de agosto de 2018 en un aparcamiento de la Albufereta donde había quedado con los acusados. El principal testigo del caso es una policía fuera de servicio que sorprendió in fraganti a Conchi y a su cuidador mientras ocurrían los hechos. Un jurado popular formado por cinco mujeres y cuatro hombres les juzga desde el lunes y durante toda esta semana en la Audiencia de Alicante. El viernes está previsto que empiece la deliberación del fallo. Ambos se enfrentan a penas que suman cerca de 60 años.

La Fiscalía considera que Conchi y Paco son autores de un delito de asesinato con las agravantes de alevosía y ensañamiento. "La víctima no tuvo ocasión de defenderse. No podía esperar que su esposa y su mejor amigo, con los que había quedado para ir a cenar, fueran a apuñalarle de manera sorpresiva", explicó, a lo que añadió que "solo una de las puñaladas fue mortal. El resto estaban dirigidas a causar dolor". La acusación particular que ejerce en nombre de los hijos del asesinado el abogado Aitor Prieto subrayó que los dos procesados trataron de disimular su apariencia habitual para evitar ser reconocidos, motivo por el que llevaban ropas oscuras y gorras. Por su parte, el abogado de Conchi, José Soler, subrayó que "la Policía estaba tan obcecada con la culpabilidad de los acusados que no fueron más allá"; mientras que la defensa del "cuidador", Francisco Sánchez Camacho, incidió en que este es "un juicio mediático» en el que «la prensa al principio estaba más interesada en si Conchi podía andar que en si realmente fueron los acusados quienes cometieron el crimen".

La discapacidad de Conchi centró buena parte de los interrogatorios ya que, en el momento de su detención, alegó que no podía moverse del cuello para abajo. De hecho, cuando declaró en el juzgado de guardia tuvo que ser llevada en volandas por la Policía para conducirla ante el juez. Este lunes, en el juicio no mostraba problemas de movilidad. "Los masajistas en prisión me han ayudado mucho", explicó. Según su versión ante el tribunal, de vez en cuando sufre ataques a causa de una fibromialgia que le impiden andar, lo que ella confundió con tetraplejia, dijo el acusado. Un motivo por el que su "cuidador" siempre la acompañaba, la llevaba en la silla a todas partes y hacía las funciones de chófer. En varios momentos del interrogatorio se deslizó la posibilidad de que ambos pudieran tener una relación sentimental, algo que los dos negaron tajantemente. "Él es como un padre para mi. Siempre me ha cuidado", aseguró Conchi.

Noche de bodas separados

Conchi se casó con José Luis dos semanas antes del crimen, pero no llegaron a pasar la noche de bodas juntos. "José Luis se quedó celebrando la fiesta en Guardamar y yo me fui a casa con Paco (en la localidad de Sax)", señaló. Tras el enlace, aún pasaron varios días sin verse porque José Luis tuvo que marcharse a Santander por un problema de salud de sus padres. "No volvió hasta el martes", declaró.

La noche del crimen iban a tener una cena romántica en un restaurante de la Albufereta donde habían estado un par de veces, acompañados de Paco, que hacía las labores de chófer. "Cenar, mirar las estrellas y arrojar flores al mar", este era el plan que tenían para esa noche, según explicó la acusada. Lo de las flores era una costumbre de ella para recordar a los hijos que perdió en dos abortos, pero Paco y ella no pudieron llegar a comprarlas porque en el camino sufrieron un pinchazo y eso les retrasó. "En el trayecto, José Luis nos llamó porque nos estaba esperando y nos dijo que nos saltáramos los semáforos en rojo si era preciso para llegar antes", aseguró Conchi.

"Al llegar, yo estaba esperando a que Paco me trajera la silla de ruedas para bajar del coche y empecé a oir gritos", relató. Conchi aseguró que no escuchó a José Luis en ningún momento y que era Paco quien gritaba "socorro" y "ayuda". La mujer relató que trató de llegar arrastrándose a donde oía las voces y que, mientras lo hacía, vio marcharse a una persona a la que no pudo identificar y que se subió en un coche donde le esperaba otro hombre.

"Los dos se marcharon tan tranquilos y no les paró nadie", aseguró. Conchi mantuvo que nunca llegó a ver a los asesinos de su marido pero que en la cárcel le habían explicado que debió ser un ajuste de cuentas. Para alejar la sombra de cualquier duda sobre un móvil económico, insistió en que José Luis y ella se casaron en régimen de separación de bienes. "Él no tenía ni seguro de vida, ni casa", aseveró.

Conchi explicó que trató de hacer señas a la agente de policía que les detuvo para que llamara a una ambulancia. "Cuando nos detuvieron, ella nos soltó que lo habíamos matado para cobrar el seguro y quedarnos con sus bienes. Y eso no es cierto", dijo. La acusada mantuvo que en los calabozos "los policías me llamaban asesina y le arrojaban la comida y el agua a la cara. Tuve miedo", motivo por el que se acogió a su derecho a no declarar en los primeros momentos. "Cuando los policías me patearon en los calabozos, no sentía dolor porque no podía moverme de cuello para abajo", dijo.

Huida de un sospechoso

En parecidos términos se expresó Paco para culpar a una persona desconocida. "Nada más llegar al aparcamiento, vi a dos hombres peleando. Al acercarme uno salió huyendo, saltó sobre el capó de un coche se introdujo en otro que le estaba esperando y se fueron", relató. El acusado aseguró que la Policía no les dejó ni explicarse. "Me pusieron la cabeza contra el suelo", se lamentó. El "cuidador" de Conchi aseguró que José Luis "era un hermano para mi. Yo le presenté a Conchi y ellos se iban a venir a vivir a mi casa tras la boda". Una convivencia que no llegó a materializarse y que iba a tener lugar cuando los recién casados regresaran del viaje de novios. "Yo me tenía que ir de casa cuando se quedaban ellos juntos", declaró.

Paco reiteró un relato que ya había hecho Conchi antes, que José Luis balbuceando en el suelo y con la boca llena de sangre les dijo que "mi hijo me la ha clavado en el corazón". Aunque en anteriores declaraciones Paco había incriminado a este familiar de la víctima, matizó que no podía asegurar que le hubiera visto allí esa noche. El acusado se acogió a su derecho a no declarar sobre las cartas que ha remitido a Conchi durante su estancia en prisión y su abogado anunció que iba a impugnar esa prueba.

El juicio se reanuda este martes con la declaración de 28 testigos, entre policías y gente del entorno de la víctima y los acusados. Uno de los testimonios será el de la agente que les arrestó.

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