01 de octubre de 2020
01.10.2020
La Opinión de A Coruña
Autopsia

Los forenses concluyen que la viuda negra fingía su parálisis y que es "manipuladora e histriónica"

El fallecido sufrió 19 puñaladas, pero solo una de ellas fue mortal al afectar a la yugular y a la carótida

01.10.2020 | 07:44
Conchi Martín, conocida como la viuda negra, a su llegada a la tercera sesión del juicio.

Los forenses y los médicos que atendieron en la prisión de Fontcalent a Concepción Martín, bautizada como la viuda negra de Alicante, concluyeron ayer en el juicio que la acusada fingía su parálisis y que su personalidad es "manipuladora", "histriónica" y "demandante". Los informes periciales centraron la jornada de ayer en el juicio con jurado popular que se está celebrando durante toda esta semana por el llamado caso de la viuda negra. La procesada y su cuidador, Francisco Pérez, están acusados de la muerte a puñaladas del marido de la primera, un jubilado de 69 años, con quien se había casado dos semanas antes del crimen. El asesinato tuvo lugar la noche del 21 de agosto de 2018 en un aparcamiento de la Albufereta donde los encausados se habían citado con su víctima.

La autopsia concluyó que la víctima recibió un total de 19 puñaladas, aunque solo una de ellas fue mortal al haberle seccionado la carótida y la yugular, lesión que le causó una gran hemorragia. Según los forenses, estas heridas se produjeron cuando la víctima se encontraba aún con vida y, según explicaron a preguntas del fiscal, todas causaron dolor a la víctima. El cadáver tenía un par de cuchilladas en la mano derecha, lo que apuntaría a que trató de defenderse en el momento en que fue atacado por sus agresores. Algunas de estas cuchilladas fueron superficiales. Los forenses aseguraron que el arma del crimen podría haber sido un destornillador, un objeto punzante de escaso diámetro.

Los forenses descartaron que la víctima se encontrara en el estado de embriaguez cuando se produjo el crimen, algo que Conchi había dijo en un primer momento a los policías que la arrestaron tras ser sorprendida in fraganti.

Sin atrofia muscular

Cuando la acusada fue detenida manifestó a los agentes que sufría una tetraplejia y que no podía moverse del cuello para abajo. Los forenses no han encontrado ninguna causa fisiológica para esa parálisis y concluyen que todo apunta a que era fingida. "A causa de la falta de movimiento aparece atrofia muscular. Nada de esto era visible en la acusada", apuntó el forense que la reconoció en el juzgado. "Los síntomas que ella nos relataba no se correspondían con la realidad", explicó. Los médicos de la cárcel, cuando la mujer empezó a moverse, señalaron que ella les contó dos versiones distintas de su recuperación y hasta contradictorias entre sí. Una vez dijo que era gracias a los masajes que le hacían sus compañeras de prisión y otra que fue porque le había bajado la medicación.

El día que pasó a disposición judicial, los policías tuvieron que llevar en volandas a Conchi para que declarara ante el juez de guardia, dado que ella alegaba que no podía moverse y necesitaba una silla de ruedas.

Los facultativos de la prisión señalaron que no llegaron a saber si las causas de esta forma de comportarse de la acusada. "Puede ser fuera a causa de algún síndrome o que lo fingiera", señalaron. No obstante, a preguntas de la defensa de Conchi, el abogado José Soler, señalaron que la trataban con parches de morfina porque sufría fuertes dolores. En el juicio, la acusada ha achacado su estado físico a ataques de fibromialgia. El informe psiquiátrico que le hicieron en el Instituto de Medicina Legal concluyó que la acusada padecía un "trastorno límite de personalidad mixto con rasgos histriónicos", algo que se traducía en tendencias a ser el centro de atención y a expresar una emotividad exagerada. Los médicos de la prisión añadieron al histrionismo, una actitud "demandante y manipuladora". Pese a estos trastornos de personalidad, los forenses sentenciaron que la acusada sabía lo que hacía y que es imputable por este asesinato. "No sufría delirios", explicó la forense al tribunal.

Los interrogatorios sobre los informes del estado mental de la acusada han estado muy limitados por el magistrado que preside el tribunal del jurado, José María Merlos, que advirtió a los letrados que sus preguntas se ciñeran estrictamente a la causa y que no iba admitir ninguna que afectara a la intimidad de la acusada. "No estamos para satisfacer la curiosidad morbosa de nadie", dijo.

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