Eddy Merckx lo llamaron el 'Caníbal' porque devoraba a todos sus rivales, porque no perdonaba a sus contrincantes ni jugando al parchís. Luchaba por todos los trofeos por insignificantes que parecieran. En el primero de sus cinco Tours de Francia victoriosos, en 1969, dejó al segundo de la general, Roger Pingeon, a 17.54 minutos. Entonces tenía 24 años, dos más que Tadej Pogacar, dispuesto a seguir 52 años después la senda del mejor corredor de la historia.

Al triunfo logrado el miércoles en el Col del Portet se unió este jueves la victoria en Luz Ardiden, el templo joven de los Pirineos, tras el paso previo por un Tourmalet donde Pogacar confesó que había sufrido. ¡Pues menos mal! El segundo de la general, Jonas Vingegaard, prácticamente desconocido hasta este Tour, ya está a casi seis minutos, una ventaja que puede ampliar este sábado en la contrarreloj de Saint Émilion, tierra de vinos, si cumple las previsiones y consigue la victoria en una ronda francesa que tiene absolutamente sometida a su dominio. Pogacar es el nuevo 'Caníbal'. Nadie puede con él, aunque se llene de valentía y lo ataque a 800 metros de la cima de Luz Ardiden, tal como hizo Enric Mas.

De Pogacar fueron los Alpes y suyos han sido los Pirineos. Y si no ganó las dos etapas alpinas fue porque la primera acabó tras un descenso y porque en Tignes llegó fugado Ben O’Connor para dar la sorpresa, colocarse entre los cinco primeros e impedir a Mas, salvo sorpresa en la ‘crono’, terminar en el 'top 5' de la carrera.

La imagen de la etapa, después de bajar el Tourmalet y comenzar el ascenso a Luz Ardiden, la daba Wout Poels, ahora en el Bahrein, el equipo que se pasó buena parte de la noche anterior en vela porque los registró la Gendarmería, los viejos fantasmas de este deporte. Poels, que dio sus mejores años ciclistas como gregario de Chris Froome, llevaba el jersey a lunares, el que identifica al mejor escalador. Poels luchaba por no quedar cortado, se exprimía por no perder la rueda del grupo de figuras del que tiraba el Ineos para nada, porque el triunfo de Richard Carapaz era otro imposible.

Mejor escalador

Poels sabía que si Pogacar ganaba la etapa le birlaría el jersey de mejor escalador. Pero se cortó y no evitó lo que estaba anunciado, lo que de hecho quería el prodigio esloveno, al margen de ganar la etapa. Deseaba ese maillot, aunque otro, Poels en este caso, lo llevase prestado hasta París. Y quería, tal como hizo en 2020, subir al podio de los Campos Elíseos con todos los jerséis posibles: el amarillo, el blanco, que peligra en 2023 porque ya tendrá 25 años, y el de lunares como rey de la montaña. Y si no tiene también el jersey verde de Mark Cavendish es porque no entra en los esprints para luchar por los puntos con los velocistas.

No hubo nada que hacer en el Portet y tampoco en Luz Ardiden. Rompió la carrera cuando le dio la cara, a 3,3 kilómetros. Jugó con Vingegaard Carapaz hasta la meta con la grata compañía de un invitado llamado Mas, "en mi sitio", tal como dijo después de llegar cuarto y ser el único que por lo menos se atrevió a atacar a Pogacar. Lástima de las crisis del mallorquín en el Ventoux y el Portet porque, de lo contrario, habría tenido opción de pelear por el podio, que no es lo mismo que por el Tour, que tanto anhelaba.

El ataque final

Así que a 800 metros atacó Mas y hasta tuvo unos instantes de gloria para pensar que podía no solo ganar la etapa sino derrotar a Pogacar. Hasta que el fenómeno esloveno bajó un piñón, se transformó en Merckx, se puso la careta de ‘Caníbal’, se comió al corredor balear y buscó el camino de la gloria para apuntarse la victoria en Luz Ardiden sin discusión alguna.

"Solo tengo el 50% del Tour ganado pues quedan tres etapas", dijo Pogacar sin ironía. Hasta le preguntaron si corría peligro su triunfo final si fallaba en la contrarreloj, tal como le pasó a Primoz Roglic el año pasado. "¿Con seis minutos? Es mucho tiempo", cuestionó. Es imposible. En 2020 apenas había que recortar un minuto al mayor de los eslovenos. Y es que, además, quien lo hizo fue Pogacar. ¿Alguna pregunta más?