A un día de su segunda victoria en París, Tadej Pogacar mostró su lado más humano. Quizás, el fenóneno de 22 años, no tenía esa dosis competitiva necesaria para mover el monoplato de 58 dientes como si fuera un extraterreste, aplastando a todos. De hecho, una vez vio que Wout van Aert, otro corredor increíble, estaba intratable con un tiempo inalcanzable en la contrarreloj, el líder del Tour de Francia se conformó con mantener el tipo y aguardar con cierto nerviosismo la fiesta de los Campos Elíseos donde casi no habrá podio para que pueda colgar todos sus jerséis (el amarillo, el blanco y el de lunares).

De hecho, las diferencias entre los diez primeros de la general estaban tan claras que era imposible que nadie ganase o perdiera plaza, si se quitaba a Richard Carapaz, que tenía numéricamente la segunda posición a alcance, pero ciclísticamente sin nada que hacer frente a Jonas Vingegaard, mucho mejor que él sobre el escenario de una contrarreloj.

Así que Van Aert tomó por un día el protagonismo del Tour para ganar en Saint-Émilion, para aprovecharse de una cierta relajación entre los patrones de la general y para ver de forma incomprensible como el jurado que otorga el premio al ciclista supercombativo de la carrera se olvidaba de él para darle la distinción al francés Franck Bonnamour cuyo único mérito ha sido colarse sin éxito en unas cuantas escapadas.

Un Jumbo metido en carrera

Van Aert fue uno de los 'culpables' que destrozó el Tour durante la primera semana, trabajó como gregario en el Jumbo y aún tuvo tiempo de ganar la etapa de las dos subidas al Ventoux y la contrarreloj final en un equipo neerlandés que no perdió la compostura después del abandono por caída de su referencia y jefe de filas Primoz Roglic. Han ganado etapas, han presentado en sociedad a Vingegaard y siempre se han dejado ver en el Tour pese a acabar la prueba con solo cuatro ciclistas.

Bien distinto a lo que ha hecho el único equipo español participante en el Tour; un Movistar que este domingo llegará a París muy lejos de los objetivos planteados: ni han podido colocar a Enric Mas en el podio de París, ni han ganado ninguna etapa, aunque Imanol Erviti y Alejandro Valverde estuvieron cerca, y ni siquiera han logrado mantener la tradición de estos últimos años; la de imponerse en la clasificación por escuadras, algo que habían hecho desde 2015 a 2020 si se exceptúa el Tour de 2017. Llegarán a París en la novena plaza de la tabla de equipos a dos horas del Bahrein de Pello Bilbao, quien sin hacer tanto ruido ha sabido correr con habilidad para acabar en el 'top ten'; noveno, a solo tres posiciones de la sexta plaza de Mas.

Es verdad que el ciclismo, a diferencia de otros deportes, depende mucho de la forma del atleta y de que en algunos momentos se venga abajo, como le sucedió a Mas por el calor en el Ventoux y por la humedad en el Portet. Sin embargo, el Movistar no ha acertado con los fichajes extranjeros que otros equipos han sabido administrar con habilidad y la renovación empezada hace unos años para encontrar un relevo a Valverde puede terminar con la salida del catalán Marc Soler.

Pogacar, en su mundo

Mientras, Pogacar llegará a París como suelen hacer todos los campeones, dándole igual el ciclista que se coloca a la derecha o a la izquierda para compartir podio. Posiblemente, a Pogacar lo único que habría que pedirle en el futuro es que se calme en la primera fase de montaña del Tour 2022 para que ataque en la tercera semana, tal como hizo en el Portet y en Luz Ardiden, y así dar un poco más de emoción a la carrera aunque acabe haciendo lo mismo que hará este domingo o hizo en 2020 y que no es otra cosa que llegar vestido de amarillo a los Campos Elíseos de París.