Tour de Francia

Pogacar vuelve a poner la salsa sobre el asfalto del Tour y Lafay se lleva la etapa

El ciclista francés del Cofidis firmó una agónica victoria en San Sebastián, mientras que el eslovaco acumuló bonificaciones

Sergi López-Egea

La meta de San Sebastián es una mezcla de sentimientos. De un lado están las ikurriñas que ondean sobre las vallas de la parte izquierda con una bandera española que parece abrirse paso con cierta dificultad. De otro, el griterío, tan ensordecedor que apenas se perciben las voces de los narradores, en francés, castellano y euskera. Para que todo parezca más ruidoso retumban los golpes que los espectadores dan sobre la publicidad de los patrocinadores del Tour. Gana Victor Lafay, tan sorprendente que difícilmente nadie se lo cree. Y mucho menos Wout van Aert, el favorito, que da un golpe de rabia y suelta un improperio que afortunadamente el estruendo impide escuchar.

Lafay, francés, integrante del Cofidis, tal vez el equipo más antiguo al que más le cuesta ganar etapas en las grandes rondas y sobre todo en el Tour, es el invitado inesperado en la fiesta de Donosti, el que se cuela en una boda sin que lo hubiesen citado, pero se hace pasar por amigos de todos. Pero lo hace tan bien, tanto, que les roba la cartera a los Jumbos que se creían dichosos y felices porque Van Aert parecía intocable después de que la segunda etapa se rompiera en el ascenso de Jaizkibel.

Van Aert es uno de los seis magníficos del ciclismo actual. Es el que se pasa el invierno peleándose sobre el barro del ciclocrós con Mathieu van der Poel. Luego es el que reactiva el duelo con el corredor holandés cuando llegan las clásicas que se disputan en compañía de las piedras de Flandes o la París-Roubaix. Y es también el ciclista que se pasará pendiente este Tour del embarazo de su mujer. Dice que, por nada del mundo, ni siquiera la ronda francesa, se quiere perder el parto de su segundo hijo y que cuando todo esté a punto se va para estar al lado de su pareja.

Por eso, por si se adelanta el nacimiento, tiene prisa en ganar, en dejar resuelta su papeleta en un Jumbo que como el UAE vive el Tour bajo dos facetas, conquistar el jersey amarillo pero acompañado con una colección de etapas.

Llega Jaizkibel, la subida de la Clásica de San Sebastián, el lugar donde Miguel Induráin, por allá 1990, realizó su mejor actuación en una carrera de un día, la montaña guipuzcoana donde no cabe una aguja de tantos y tantos aficionados que se han desplazado hasta el punto de que la organización envía un comunicado a través de los chats oficiales de WhatsApp. “Conductores que van por delante o por detrás del pelotón extremen las precauciones hay una multitud en la carretera”. Y en todas partes se ven pintadas con un lema, ‘landismo’, referido a Mikel Landa, tan imprevisible como sorprendente, y que si no tuviera a veces los sinsabores que muestra, tal vez recibiría menos cariño de la gente.

Ciclistas espectadores

Sin embargo, Landa, Carlos Rodríguez, Pello Bilbao y ciclistas extranjeros de la calidad de Adam Yates, que sigue de líder, Romain Bardet, Jai Hindley o David Gaudu deben quedarse como los espectadores que van al cine y se sientan a ver una película, la que en el Tour interpretan Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard. Cuando ellos se mueven los demás miran. No hay nada que hacer y por ahora, en los dos actos del Tour, quien ha actuado primero ha sido Pogacar para que su rival danés lo neutralizara sin dificultad.

Los dos se quedan solos. Ha empezado el descenso, el lugar por el que subía Induráin en 1990 como un marqués sobre la bici, en sentido contrario al de ahora, la carretera a la que el Régimen enviaba hace 70 años a sus fieles para que pintasen en el asfalto los nombres de los ciclistas nacidos lejos del País Vasco para desmoralizar a la peña local.

Pogacar mira a Vingegaard y le hace un gesto claro de interpretar. Le pide colaboración para irse los dos hacia la meta. Vingegaard mueve la cabeza negativamente. Es el avance a una captura anunciada y al ataque sin fortuna de Bilbao que no ha tenido suerte en su Euskadi natal. El sábado pinchó en el momento clave y este domingo se tuvo que conformar con la quinta plaza del día. Otra vez será y, de nuevo, habrá que estar pendientes de Pogacar porque a la mínima ocasión tratará de sorprender a Vingegaard. Es la fiesta… el espectáculo de este Tour.