La ronda francesa
Pogacar ejerce de Induráin en la cumbre de La Plagne
El ciclista esloveno prefiere amarrar el triunfo en París, no arriesgar, esperar a un ataque de Vingegaard que no se produce y deja la etapa en bandeja al neerlandés Arensman

La etapa 19 del Tour de Francia, en imágenes. / CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

La Plagne es una selva completa, tanto que los ciclistas suben mucho más rápido en bici que los seguidores en coche. Thymen Arensman emplea 50 minutos en ascender al último puerto del Tour cuando era imposible hacerlo en menos de una hora al volante de un vehículo acreditado que regateaba miles de cicloturistas, gente corriendo y andando, mientras otros pintaban la carretera, con los gendarmes apartando a los que le habían dado en exceso a la cerveza y que apenas pudieron divisar a Tadej Pogacar en el día que ejerció de Induráin.
El diluvio llegó a la cumbre alpina mientras los ciclistas se enfrentaban al Col del Pré, un puerto catalogado de categoría especial, donde atacó Primoz Roglic, antes de caer fulminado, como tantos otros, en una ascensión final que, aunque pareció no brillar, fue un castigo con el firme resbaladizo y las piernas demasiado agotadas en un Tour en el que por ahora parece que vayan en moto en vez de bicicleta.

Arensman, agotado en La Plagne / ASO
En La Plagne pareció que, de repente, desaparecía el público. Pero no es que se fuera, entre otras cosas porque con la carretera bloqueada a pocos sitios habrían podido ir. Se metían en cualquiera de las miles de autocaravanas que habían llegado al puerto a ritmo cansino, en los coches o bajo los pocos porches de los apartamentos de esquiadores ubicados en el ascenso.
Quedan sólo dos etapas
Por no mojarse se perdieron el paso extraño de Pogacar, que empieza a admitir que está cansado y que, por primera vez en la vida, renunció a pelear por la victoria de etapa teniéndola a pocos segundos, con tal de controlar la carrera y obligar a Jonas Vingegaard, agotado también de tanto demarraje sin fruto, a moverse, a ir a por Arensman, vencedor, antes, en Superbagnères, cuando decidió luchar por el triunfo de etapa. Dejaron la etapa sin barrer y Pogacar no se vio animado a sumar un quinto triunfo que difícilmente llegará en la etapa de fuga de este sábado o en el extraño y novedoso fin de fiesta en París con las tres ascensiones a la colina de Montmartre.

Pogacar y Vingegaard se saludan en La Plagne. / UAE EMIRATES TEAM
Hace 30 años la etapa tuvo cierto parecido. Ganó Alex Zülle, el ciclista suizo que comenzó siendo el líder del ONCE y acabó como jefe del Banesto, dos escuadras tan enfrentadas como dos clubs de fútbol disputando el Clásico. Y lo hizo porque Induráin le permitió la victoria, tal como hizo este viernes un Pogacar vestido con un jersey amarillo conservador.
En 1995, Induráin viendo que no podía capturar a Zülle decidió castigar al resto de rivales, a reventar un Tour que no estaba tan decidido como ahora y en el que ya había empezado a poner los puntos sobre las íes en la escapada de Lieja, aunque le faltaba el sufrimiento final con la brutal fuga de Laurent Jalabert, en el Macizo Central, camino del aeródromo de Mende.
Vingegaard no se mueve
En 2025, Pogacar entiende que quien se debe mover no es él, sino Vingegaard. Sabe que es imposible que le quiten 4 minutos en una etapa que además se ve recortada a 93 kilómetros, al haberse suspendido la escalada inicial a Saises debido al sacrificio de un rebaño de vacas enfermas. ¿Cuántos años hace que no se ve a alguien recortar 4 minutos a su rival salvo que pille una crisis monumental?
Por eso, porque tiene prisa por llegar a París, porque su novia Urska Zigart, no disputa el Tour femenino que empieza este sábado, porque siempre tiene a mucha gente alrededor suyo, los compañeros, directores y empleados del UAE, y los adversarios, junto a miles de personas aclamándolo, todos los días debe sufrir el protocolo donde firma decenas de jerséis amarillos que luego reparte el Tour entre sus VIPS. Qué más le da llegar a París con cuatro o cinco victorias en el zurrón. 30 años después, Pogacar piensa por un día como Induráin.

Vingegaard, durante la última etapa alpina. / VISMA TEAM
En 1995, Induráin, pese al triunfo de Zülle, destrozó el Tour en La Plagne, sacó 2.35 minutos a Pantani, que ganó al día siguiente en Alpe d’Huez; 5.50, a Bjarne Riis, que se llevó la victoria final al año siguiente y casi 16 minutos a Lance Armstrong, que todavía era un ciclista mediocre antes de ganar siete Tours que el dopaje ha eliminado de su palmarés.
Tras los pasos del campeón navarro
Tres décadas después una aceleración del austríaco Felix Gall a 14 kilómetros de la llegada provoca la reacción de Pogacar que se lleva a Vingegaard. Los pilla Arensman, que demarra más tarde. Pogacar y Vingegaard se miran. El esloveno no tiene ganas de exprimirse más de la cuenta con el Tour ganado. El danés prefiere ir a rueda y sólo se mueve en los 200 metros finales cuando Arensman ya se dispone a levantar los brazos. Demasiado tarde y poco premio para Vingegaard que sólo puede ser segundo y que se irá del Tour 2025 sin conseguir un triunfo de etapa.
En 1995, Induráin ganó su último Tour, que fue el que más le costó conseguir, pero la subida a La Plagne pasó junto a la de Hautacam, un año antes, como dos de sus máximas exhibiciones en la montaña. Consiguió cinco triunfos. Los mismos que puede sumar el año que viene un Pogacar si sigue tan intratable como estas dos últimas temporadas. “Estoy cansado. No está siendo un Tour fácil”, confiesa en la cumbre de La Plagne.
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