Ciclismo
Pogacar regala Barcelona a Del Toro
El fenómeno esloveno entrega la segunda etapa a su gregario mexicano y permite que Jonas Vingegaard siga de amarillo para ahorrar trabajo a su equipo tras un día que recorrió parte de Catalunya entre la pasión y entrega ciudadana

Isaac del Toro celebra su victoria en la segunda etapa del Tour de Francia 2026 / David Pintens/Belga/dpa

Las antiguas familias aristocráticas regalaban dotes a los hijos cuando iban a casarse en forma de tierras y palacios. A los ojos de Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, apostado en las vallas como un aficionado más, Tadej Pogacar le entregó las llaves de la ciudad a su compañero y gregario mexicano Isaac del Toro como obsequio adelantado por los servicios que debe prestarle en lo que queda de Tour, que es todo. Abrazos al cruzar la meta de Montjuïc. Sólo faltaron los besos. Pogacar ya empezado a hacer lo que le da la gana.
Fue una reliquia en forma de victoria, en una etapa en la que el Tour voló a ras de suelo entre Tarragona y Barcelona, a casi 46 por hora, más rápidos que la caravana publicitaria que regaló miles de regalos a grandes y chicos al tránsito por las poblaciones tarraconenses y barcelonesas que se entregaron al compás de los corredores. El ambiente en localidades como Vilanova o Molins de Rei, por citar dos, puso la piel de gallina.
La misma sensación que se llevó Del Toro, un magnífico mexicano de la Baja California, de 22 años, que si no fuera por la billetera podría ser jefe de filas en el equipo que le diera la gana. Lloró y chilló, como si le hubiese dado un ataque de alegría recompensado por Pogacar que le entregó las tierras de Montjuïc, castillo incluido, y de paso los monumentos que ellos ni tuvieron tiempo de contemplar, allí en la planicie, donde se levantan la Casa Milà, el Mercat de Santa Caterina, el Camp Nou o la Catedral, presentados como joyas por la televisión francesa, tesoros a incorporar en el imperio azteca de Del Toro. Lástima que sea gregario, porque de lo contrario sería otro más a incorporarse en la pelea por el Tour.
Épica y pinchazos
¡Grande el Tour! ¡Grande Pogacar! ¡Gloria a los héroes de la ruta! Épica a los que cruzaron Catalunya, con más pinchazos que de costumbre, bajo un sol más propio del desierto que de los parajes mediterráneos y aplausos para los que resistieron la furia de una más entre estas olas de calor que no se daban tanto cuando Miguel Induráin, que ha estado presente estos días por Barcelona, ganaba Tours como ahora lo hace Pogacar.
Día redondo para Pogacar, feliz y abrazado a su compañero americano. A él no le va de una victoria, tiene tantas que no caben en las sillas de una sala de cine. Todo le salió de perlas. Los compañeros cumplieron, mucho mejor a como lo hicieron el sábado en la contrarreloj por equipos que inauguró el Tour, obtuvo la fidelidad absoluta de Del Toro y permitió que Jonas Vingegaard siguiera de líder. ¿Por qué? Porque quita trabajo en la conducción del pelotón a unos compañeros que quiere cuidar y no cansarlos demasiado, al menos hasta la etapa del jueves, la que pasa por el Tourmalet.
De sacar la extrema furia habría sido distinto. Si Pogacar ataca y abre un mínimo hueco habría arrebatado el liderato a Vingegaard, seis segundos le saca el danés, con él, vigilante, en la segunda plaza de la general. Han pasado sólo dos etapas y ya están arriba del todo, como siempre, aunque ahora hayan invertido las posiciones, pero esto es muy largo, demasiado para que nadie se fíe del contrario.
Evenepoel en la pelea
Anduvo cerca Remco Evenepoel (tercero de la etapa) como queriendo reivindicarse, pero con la misma sensación de siempre. No puede con Pogacar, ni en Barcelona, ni en ninguna otra parte. Y como si hubiesen pasado 20 en vez de dos etapas, el corredor flamenco ya es el tercero de la general. Juan Ayuso estuvo allí, pero en el grupo que entró a tres segundos de los cuatro ilustres que pelearon por el triunfo de etapa: Del Toro, Pogacar, Evenepoel y Vingegaard. El corredor alicantino ya es el quinto de la tabla.
Vibró Barcelona con los ciclistas, con esas rampas por el Club de Tiro que siempre se superaban en la desaparecida Escalada. Pasó el Tour por el Poble Sec, el barrio de Joan Manuel Serrat, que no vino a la meta porque tenía que cuidar a los nietos, aunque la etapa le sirvió para recordar su juventud, según explicó, más allá de cuando todavía no había cumplido 20 años y no le hervía la sangre. Otra vez para que todos añoraran a Pepe Pérez Francés, en sentido contrario, a su recorrido histórico cuando ganó la etapa barcelonesa del Tour de 1965.
Este lunes la Grande Boucle se despide de Catalunya, otro día histórico para cualquier pueblo agraciado con la carrera, más pasión si aún es posible y con Del Toro atravesando pueblos y comarcas llevando encima las alhajas conquistadas en Barcelona.
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