Ciclismo
‘Superjueves’ en Francia, entre el Tourmalet y el ‘clásico’ de selecciones
Nunca había coincidido la subida a la montaña más famosa del Tour con el encuentro entre los ‘bleus’ y los ‘leones del Atlas’, un equipo de fútbol con un enorme arraigo en el país

Aficionados y el Tour, durante la quinta etapa. / ASO

El paso del Tour por pequeñas ciudades francesas sirve, aparte de observar la pasión que desborda la prueba ciclista, para conocer las costumbres del país, visualizar las diferencias culturales y comprobar la diversidad de Francia.
Hace un año, una mujer que paseaba cerca de una playa en el norte del país se acercó a este periodista y le preguntó que cómo estaba España al oír expresarse en castellano mientras hablaba por teléfono. “No me gusta España porque está llena de inmigrantes”. Enseguida soltó un discurso que delataba sus simpatías a cierta política a la que ahora le han permitido presentarse a las elecciones presidenciales del año que viene.
Tarbes, ciudad de 40.000 habitantes situada al sur de Francia, a 45 kilómetros de Pau, no es la diferencia entre otras localidades parecidas. Este jueves, en Francia, se da una circunstancia deportiva que nunca había sucedido: el Tour asciende el Tourmalet, quizás el gran monte de la carrera ciclista, y por la noche Francia se enfrenta a Marruecos, que no es un partido cualquiera, ni mucho menos.
El precedente de Argelia
Sucedió hace cuatro años un hecho parecido -si se olvida el Tourmalet y también el Tour- Francia y Marruecos se enfrentaron en las semifinales del Mundial de Catar y los ‘bleus’ cortaron la racha a los ‘leones del Atlas’. Como el partido se disputó en diciembre, el Tour estaba cerrado por vacaciones. Las crónicas de la época recuerdan a una ciudad como Marsella, de arraigada diversidad étnica, en la que la vecindad de origen argelino se solidarizó con los seguidores de Marruecos, aunque el apoyo no impidió la victoria de los azules.
En Tarbes, calurosa noche de julio, jóvenes y no tan jóvenes vecinos se sientan en un bar a pocos metros de la plaza de Verdún, el eje de la ciudad. No hay ni una cerveza en la mesa, sólo te, café y agua. Aguardaban ya el encuentro de esta noche. En Tarbes, en otra coincidencia anterior, 2014, se celebró la prórroga ante Alemania, que eliminó a Argelia, como una victoria y cientos de vecinos de la ciudad se lanzaron a la calle. Celebraron haber puesto contra las cuerdas al combinado germano como un éxito a las puertas de un hotel donde trataban de dormir sin mucho éxito algunos de los equipos ciclistas participantes en el Tour.
Sin coincidencia horaria
Este jueves no hay coincidencia horaria. La prueba ciclista terminará en el peor horario antes de las 6 de la tarde y el fútbol no comenzará hasta las 10 de la noche, aunque los que se arriesguen a ir al Tourmalet saben que se comerán un descenso endemoniado y bloqueado y que difícilmente podrán estar cuatro horas después sentados ante el televisor.
La caravana del Tour, repartida por pueblos de los alrededores de Gavarnie, apenas se enterarán de la algarabía que, en un sentido u otro, provocará el resultado del partido. Muchos equipos duermen en Pau, aunque buena parte de ellos lo hace en establecimientos a las afueras de la ciudad, lejos del mundanal ruido que provocará el fútbol ya en la medianoche. Los que vuelven a dormir en el centro urbano de Tarbes, en cambio, tendrán complicado conciliar el sueño, aunque les importe poco lo que suceda en un estadio de fútbol.
Pasiones
Marruecos despierta enormes simpatías en Francia; es la realidad del país, por lo que el encuentro de fútbol de esta noche no es un partido cualquiera. Este jueves, muchos franceses, al margen del lugar de origen de sus familias, se sentarán frente a la tele a eso de las 3 de la tarde para comenzar a ver primero el ascenso al Aspin y luego al Tourmalet y enlazar después con el fútbol y sólo se levantarán del sofá a preparar algo de comida, bebida o ir al baño. Poco más.
Es un ‘superjueves’, el de la Francia intercultural, el del Tour y el fútbol, el Tourmalet y un partido comparable con el clásico español, un Barça-Madrid, para que no haya equívocos, un jueves que sea cuál sea el resultado que se dé en América terminará ya cuando sea viernes y con celebraciones al margen del resultado que ofrezca el balón y cuando las subidas en bici por los Pirineos ya sean un recuerdo.
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Fuente: El Periódico
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