24 de junio de 2020
24.06.2020
La Opinión de A Coruña
Extremadura | Naturaleza

La Siberia española

Los pantanos de Cíjara, García De Sola, Orellana, Zújar y la serena han convertido a la Siberia extremeña en la comarca con más kilómetros de costa interior de España y en una importante reserva natural

24.06.2020 | 10:55
Embalse de Cíjara, una de las mejores reservas de pesca del interior de España.

Esta comarca posee una gran variedad de ecosistemas y magníficos espacios naturales, todos ellos enriquecidos por las aguas de sus cinco grandes embalses. La Siberia Extremeña es tierra de montes, de sierras, de dehesas, de humedales, de pastos, de lagos, de manantiales y de llanos. Goza de una rica Reserva Natural, con una de las poblaciones de fauna más importantes de nuestro país. Esta gran desconocida, que posee el mayor número de kilómetros de costa interior de nuestro país, guarda paisajes vírgenes de una belleza increíble. Una auténtica joya medioambiental que hasta hace poco tiempo estuvo aislada del mundo y que, gracias a sus valiosos bosques, sus interminables dehesas y su cuantiosa fauna salvaje, ha sido declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Situada al noreste de Badajoz, es un territorio de gente hospitalaria y acogedora, que posee un fecundo ecosistema que se ha protegido y engrandecido gracias a que durante años estuvo aislado. La Siberia es una comarca generosa que fusiona bosques, dehesas, humedales, extensiones de regadío, áreas esteparias y cinturones rocosos. Es una tierra fértil en la que predomina el agua, donde sus cinco grandes pantanos son la razón de que sea el hábitat natural para cientos de especies.

Tierra de hidalgos

Tanta riqueza no hace honor a su nombre, que, según cuenta la leyenda, le puso el duque de Osuna tras su estancia como embajador en Rusia. Antiguamente, esta comarca fue un enclave de prioratos y encomiendas señoriales, donde la hidalguía labradora edificó casonas solariegas de las que perduran bellas fachadas y portadas. Pero las guerras de sucesión del reino de Portugal y las malas cosechas acabaron con aquella prosperidad. Hoy en día, es la meca de los amantes de la naturaleza. Desde el Cíjara, el camino lleva al monte de Los Robledillos, en el término de Helechosa de los Montes. Aunque antes hay que ascender hasta el Mirador del Portillo para tomar el pulso de los impresionantes paisajes que custodia La Siberia.

Para ascender al Portillo hay que cruzar la presa y tomar el primer camino de la derecha. Esta mágica atalaya descubre el poder del embalse y la belleza de sus islas. Más adelante, la BA-077 lleva a Los Robledillos, un monte vivo con un sensacional valor sostenible, donde se produce corcho y madera. Aquí se encuentra el Centro de Interpretación de los recursos del Cíjara, uno de los puntos clave para disfrutar, entre septiembre y octubre, del ritual de la berrea. natural para cientos de especies.

Naturaleza y patrimonio

A través de la sinuosa pista Camino de Cabeza Rubia, entre castaños, robles, encinas, brezo y jara, aparece el término de Herrera del Duque, que se ubica en la privilegiada linde de la Reserva Natural del Cíjara. Está presidida por su emblemático castillo del XIII, erigido sobre roca viva, y probablemente de origen árabe. La fortaleza se alza majestuosa sobre la cumbre de la sierra de Chamarro, a más de 800 metros de altitud, desde donde se domina una gran extensión de Córdoba y Ciudad Real.

En esta villa se estableció la Orden de Alcántara, que remodeló el castillo y fundó la casona de la antigua Encomienda de Alcántara, cercana a su espléndida plaza porticada. Muy interesantes son también la iglesia de San Juan Bautista, que data del siglo XV, el abandonado convento de la Concepción, del XVI, y sus magníficas casas solariegas. A las afueras, en el arroyo Peloche está el puente medieval de ocho arcos de medio punto, y a unos cuatro kilómetros, entre un bosque de alcornocales, el Santuario de Nuestra Señora de la Consolación, patrona de la localidad. Herrera del Duque está rodeada de huertas y dehesas que dan los mejores productos de la tierra.

Paraíso de ovejas y aves

La riqueza y pureza del agua de La Siberia se palpa en la dehesa de Las Navas, donde hace años se instaló una fábrica de extracción y embotellado de agua natural que proviene del manantial la Fuente del Borbollón. La dehesa de Herrera es virgen, rica, abundante, generosa y bravía. Una campiña que ha permanecido intacta desde tiempos remotos, y por la que campan las preciadas y mimadas ovejas merinas alimentadas con flores, bellotas y pastos. Las merinas de La Siberia son auténticas pata negra. A menos de 15 kilómetros está Fuenlabrada de los Montes, una de las mayores productoras de miel de nuestro país, donde casi el 80 por ciento de sus habitantes se dedica a las colmenas.

Una de las mayores joyas de la capital de La Siberia es la Reserva Regional del Cíjara. Con 25.000 hectáreas de superficie y más de 130 kilómetros de perímetro, es uno de los espacios mejor conservados y más bellos de la península. En este paraíso atravesado por el Guadiana conviven ciervos, corzos, gamos, zorros, jabalíes y tejones. Su cielo está cuajado de una valiosa fauna en peligro de extinción en otros lugares, pero que aquí abunda: águila real y águila imperial ibérica, buitres negro y leonado, cigüeñas negras, alimoches y búhos reales la hacen inigualable para la observación y el estudio de aves. El su exuberante paisaje, encinas, alcornoques, quejigos, castaños, robles y madroños se alzan sobre jaras pringosas, tomillo, brezo y romero.

La costa interior

En la Reserva existen múltiples miradores, como el de El Sotillo, Las Moralejas, El Robledillo y Collado de la Arena, y también varia playas y zonas de baño. Al oeste, a unos 18 kilómetros de Herrera, en la orilla del embalse de García Sola, se encuentra Peloche, un edén para la pesca y los deportes acuáticos. Continuando el curso del agua se llega al paraje natural Puerto Peña, ideal para el baño y rodeado de encrespadas rocas habitadas por altivos buitres leonados. Hacia el sur se abre una inmensa llanura que hasta llegar a Talarrubias, donde las casas encaladas hacen juego con el plumaje de miles de cigu?eñas que anidan en espadañas y cúpulas.

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