08 de julio de 2018
08.07.2018

Madrid saca a desfilar el 'Orgullo'

Los colectivos LGTB se manifiestan a favor de la autodeterminación de género de los transexuales antes de su gran fiesta

08.07.2018 | 02:03
Arriba, participantes en la manifestación. A la derecha, un hombre con una bandera arcoíris. Abajo, a la izquierda, el desfile desde una carroza. Bajo estas líneas, dos participantes en la manifestación.

Conquistando Igualdad, Transfo rmando la Sociedad. Con este lema en el frente, miles de personas se manifestaron ayer por las calles de Madrid en la marcha multitudinaria que abrió las celebraciones del Día del Orgullo LGTB.

El lema aludía a la principal reivindicación de este año: el reconocimiento legal al derecho a la autodeterminación de género de las personas transexuales. Los organizadores del Orgullo decidieron no invitar a la marcha ni al PP ni al Gobierno autonómico de Madrid, a los que acusan de incumplir la ley de Igualdad de Trato LGTBI y la ley Integral de Transexualidad.

La manifestación salió de Atocha a las 17.30 horas, pero antes, en torno a las cinco de la tarde, la calle Méndez Álvaro ya era toda una fiesta. Una hilera de carrozas lucían coloridas aparcadas en la margen de la calle y dentro de cada una había una fiesta, una forma de pasarlo bien, con un mensaje de igualdad de fondo. Cientos de personas, hombres y mujeres de cualquier orientación sexual, disfrutaban de la celebración enarbolando la bandera de la tolerancia.

Además de la reivindicación por los derechos del colectivo trans, en la manifestación se exigía también, con otra gran pancarta, una Ley Igualdad LGTBI y Pacto de Estado frente al VIH ¡Ya! Una lucha en la que los activistas LGTB tienen como aliados a entidades sociales de distintos ámbitos.

Concluida la manifestación, llegó el turno de la celebración. Las primeras carrozas salieron de Atocha al filo de las 19.30 horas, a un ritmo lento y con sus ocupantes sumergidos en una fiesta sin fin.

Veinte minutos después las primeras carrozas no había avanzado más de cien metros, pero a nadie le importaba. En el reducido espacio de la carroza, los ocupantes tenían sitio para bailar y disfrutar de la experiencia. En la calle, la gente que veía el desfile se volcaba con la fiesta, e incluso alguna anciana octogenaria lanzaba besos desde las ventanas de su hogar y saludaba de forma desenfadada a los integrantes de cada carroza. Una actitud que casaba muy bien con el espíritu del Orgullo: una fiesta de todos, una fiesta de la tolerancia y la libertad con la que Madrid se volcó.

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