La actriz francesa Marion Cotillard recibió ayer el Premio Donostia por toda su carrera en el Festival de San Sebastián en el primer día del certamen cinematográfico. Tiene solo 45 años, pero su trayectoria abarca casi tres décadas y está plagada de hitos cinematográficos que la han convertido en una de las intérpretes más prestigiosas del panorama internacional.

Comenzó a principios de los años 80 con pequeños papeles y en la rueda de prensa que concedió antes de pisar la alfombra roja revivió esos tiempos recordando a todos aquellos que le dieron su primera oportunidad. “Aquellos que te abren la puerta del oficio nunca se olvidan. Los comienzos se basan en los deseos que los demás proyectan en ti, pero también te dan la posibilidad de expresarte, y eso se aprende con el tiempo”, señaló. También tiene recuerdos de ansiedad, porque siempre ha querido estar a la altura de las circunstancias y en sus primeros años se sentía más insegura:“Siempre sigo teniendo esa presión a pesar del tiempo”.

La actriz reconoció que la imaginación y la curiosidad que ha tenido desde que era niña han sido claves para que pudiera desarrollarse dentro de la profesión. “Siempre he querido comprender mejor al ser humano, y meterme en la piel de otras personas me ha ayudado a entender muchas cosas”, señala.

Su participación en La vida en rosa encarnando a Edit Piaf supuso un antes y un después en su carrera y es perfectamente consciente de ello. Le abrió las puertas de la industria de Hollywood y pudo trabajar con directores como Michael Mann o Rob Marshall, entre otros.

Cotillard ha traído además a San Sebastián el documental Bigger than Us, en el que ejerce como productora y que tiene mucho que ver con su faceta de activista. “No sé si es necesidad o responsabilidad luchar contra el sistema, contra las desigualdades, pero es algo que surge dentro de mí y necesito hacerlo. Es bonito poder ayudar a poner luz a algunos problemas”. En ese sentido, se refirió también al cuestionamiento del sistema patriarcal desde el punto de vista feminista. “Es excitante vivir este momento. Desde hace algunos años la subordinación de la mujer es algo que públicamente ya no se puede sostener. Gracias al MeToo asistimos a una verdadera revolución”, resaltó.