El cantautor asturiano Víctor Manuel resume sus andanzas en La vida en canciones, triple álbum antológico con el que conmemora su 75º aniversario y con el que está de gira. en él reúne sus grandes éxitos, pero también temas que no triunfaron entre el público.

La vida en canciones contiene 59 temas de toda su trayectoria. ¿Los más celebrados?

He querido que haya también canciones que no han tenido tanta suerte, o raras, como No quiero ser militar. Un tema de 1972 cuya letra apareció en la revista Fuerza Nueva. Estuve tres años sin poder sacar canciones mías.

De aquellos tiempos, Quiero abrazarte tanto (1970) es significativa. Transpiraba un erotismo audaz para aquellos tiempos.

Además de amor, la canción tenía sexo incipiente, y se prohibió en las radios de los obispos, en la Cope. Recuerdo una vez, en una emisora, que había un cura de guardia vigilando y, con un estilete, había marcado el disco de lado a lado para que no se radiara.

Lo salvó de aquello Solo pienso en ti, bombazo comercial de 1978.

Yo venía del desierto y quería volver a vender discos. Ya teníamos la Constitución y se me recibió como si estuviera volviendo a empezar, dándome premios al artista revelación y cosas así.

Estaba afiliado al PCE, con Ana Belén. ¿Creía que llegaban al público por la simpatía política?

No nos arrepentimos de nada de aquella época. Ya cuando empiezas a cantar, sabes que no vas a gustar a todo el mundo, y eliges, te posicionas. Mi primer disco, que estaba basado en la música tradicional asturiana, podía gustar a cualquiera, a gente de izquierdas o de derechas, pero luego ya sí que empecé a hablar de cosas que me causarían problemas. Este país es muy esquinado si tienes opiniones políticas.

Sabina dijo hace poco que ya no era tan de izquierdas, causando cierto revuelo.

Sabina está muy desentrenado, porque no da entrevistas. Se le calentó la boca y dijo lo que le pasó por la cabeza. Lo que me parece mal de lo que dijo es que hizo una generalización de la izquierda latinoamericana, cuando Bolivia, Nicaragua, Chile o Brasil no tienen nada que ver entre sí. Me parece un poco frívolo. Hace mucho tiempo que sé que hay una izquierda potable y otra que no me interesa para nada. Lo de Cuba hace muchísimos años que se fue a la mierda, y parecía que Sabina no se había dado cuenta, porque seguía yendo allí como si nada.

Grabó su primer álbum en Barcelona con Belter.

Belter era una compañía inviable, que robaba a los artistas y que nunca te pagaba lo que te correspondía. Me dijeron que podían mandarme a Eurovisión y les dije que no, que cómo se les ocurría. Podría haber ido en 1970, en lugar de Julio Iglesias.

¿Le propusieron más veces ir a Eurovisión?

A Ana, sí. El año que acabó yendo Remedios Amaya con Quién maneja mi barca (1983). Pero... ¿Qué pintamos allí?

¿Qué le parece el revival actual del festival y todo lo que genera el Benidorm Fest?

Tiene más que ver con la puesta en escena, las luces, los bailes, que con la música. La música es tan vulgar como lo que te lanzan habitualmente por la radio.

¿Distingue usted entre cultura y entretenimiento?

A mí me gusta que la cultura entretenga, pero también las canciones inteligentes. Me gusta Telefonía, de Jorge Drexler. Y no me gusta Slomo. Me parece una gilipollez.

Perdimos hace poco a su amigo Pablo Milanés. Aquel disco que le produjo, Querido Pablo (1985), con Ana Belén, Serrat, Aute, Ríos, Buarque, Mercedes Sosa y hasta Silvio Rodríguez, fue pionero del formato de álbum de duetos.

Pues cuando Pablo escuchó el disco me escribió: “Esto es una mierda, es lo menos cubano que he hecho nunca”. Le dije que si hubiese querido hacer un disco cubano, me habría ido a Cuba, y no a Londres, adonde fui a trabajar con Geoff Westley. A los quince días, otra carta suya: “Hermano, ya lo he escuchado bien, ¡qué buen disco, qué maravilla!”.

En los 80, artistas del ala izquierda como usted fueron percibidos como un nuevo establishment. Parecía que habían creado un clan y un sistema de funcionamiento.

Ya, pero no era excluyente. Cuando quiero hacer algo llamo a la gente con la que normalmente convivo y me relaciono. Eso funcionó porque había una coherencia y un estilo de hacer música. En Mucho más que dos (1994) había un estilo de principio a final.

¿Sigue habiendo bandos, los progres y los, digamos, apolíticos?

No siento que haya bandos, simplemente que no hay mezcla. Pero a mí me gusta mucho Rocío Jurado y no tengo nada que ver con ella. Ya me gustaría haber hecho la mitad de las canciones que ha hecho Manuel Alejandro.

Su primer disco respiraba la música tradicional asturiana. Ahora, eso ha vuelto con artistas como su paisano Rodrigo Cuevas.

Y el disco que ha hecho Rozalén, Matriz. Le mandé un mensaje: “Olé, tu chocho”. Ha pasado mucho lo de tirar los muebles antiguos y poner formica, que es más limpia. Me jode mucho eso.

¿Está a favor de la cooficialidad de la lengua asturiana?

El asturiano lo utilizan los partidos en época electoral para tirárselo por la cabeza, pero no hay una auténtica demanda social. No es como Cataluña o Galicia. Históricamente, hay muy poca literatura en asturiano, y lo que se habla es el amestao, una mezcla. Es lo que hablábamos en casa.

Joan Manuel Serrat dejó los escenarios. ¿Aviso a navegantes?

Los conciertos de Juanito han sido espléndidos y te da pena. Yo, cuando lo deje, lo dejo y me voy a mi casa. No anunciaré nada.