27 de diciembre de 2013
27.12.2013
Entrevista

Miguel Ríos: "A Wert le tocaría la Marcha Fúnebre"

El músico, tras retirarse de los escenarios, repasa los cincuenta años de su trayectoria en sus memorias

27.12.2013 | 09:41
Miguel Ríos

"Cosas que siempre quise contarte"

Cosas que siempre quise contarte
  • Título: Cosas que siempre quise contarte
  • Nº de páginas: 400 págs.
  • Editoral: PLANETA
  • Año: 2013
  • Precio: 19,90 euros

Durante medio siglo ha ´musicado´ la evolución de todo un país y en el último año y medio se ha recogido para desgranar sus miedos, sus éxitos y sus vivencias en ´Cosas que siempre quise contarte´, memorias sinceras como sus canciones.

¿Nos esperan muchas sorpresas en sus memorias o Miguel Ríos no tiene ya nada que esconder?
Siempre hay espacio para la sorpresa. Cincuenta años de profesión dan para mucho. Pero lo que más me interesa es explicar que el libro, efectivamente, es de memorias, pero no de una sola persona, sino la memoria colectiva de un país en un tiempo determinado, de una profesión y de la implantación de una corriente cultural llamada rock que sirvió para que mucha gente nos encontrásemos en el camino.

¿Qué queda en la actualidad de aquellas sensaciones con las que nació el rock?
El rock es una música establecida como lenguaje de hombres y mujeres gente que lo utilizaron en algunos casos como forma de ser, de alternativa en unos tiempos de vida totalmente arquetípica, con una realidad anodina y antinatural que era la dictadura. El rock, ahora, sigue siendo una música absolutamente válida aunque creo que, y aquí podemos meter a todas las artes en el mismo paquete, ha perdido un poco de presencia e influencia en el devenir de la sociedad. Pero, pese a todo, pienso que le sirve a mucha gente para expresar sus ideas y emociones, aunque eso no quiere decir que en los locales de ensayo se inventen siempre canciones maravillosas.

El sector musical, la cultura en general, parece estar en un momento complicado
Todo lo que huele a arte y creatividad está bombardeado por los recortes. Lamentablemente, de lo primero que se ha servido la crisis es de intentar confundir a la sociedad diciendo que la cultura no es necesaria, que no deja de ser un mero entretenimiento. Dejarla en el limbo, vamos. Llevamos ya una década con un constante flagelo. La creación, los creadores, que en mi generación eran santo y seña, ahora están despersonalizados. Nos quieren hacer ver que la música no es necesaria, y los que están empezando y quieren vivir de esto lo tienen complicado. Es de una torpeza acojonante que se carguen una industria que da miles de puestos de trabajo. Pero no nos podemos cruzar de brazos, hay que luchar contra esta crisis fabricada.

¿Fabricada por quién?
Por muchos. Tiene nombres y apellidos. Es toda esa gente a la que no le importa dejar a centenares de personas en la calle para tener más beneficios. No sé cual es la industria más pecaminosa, pero la lista es larga. El sistema está acabando con todos los derechos que se han conseguido durante años.

Lo cierto es que hay que pensárselo mucho para pasar por taquilla para ver un concierto...
Las entradas se están pagando ahora con dinero que se necesita para kilos y kilos de alimentos. Da mucha tristeza, pero me da también rabia y le grito a la gente que no se conforme. No necesitamos caridad, lo que hace falta en este país es justicia. Y también somos todos nosotros culpables por no manifestar nuestros disgustos de forma organizada.

Pues están las cosas como para manifestarse ahora...
A nadie escapa que tenemos delante a un Gobierno que quiere que la protesta por mejorar nuestras condiciones de vida se convierta en un delito, pero insisto en que hay que rebelarse. Han recortado de todo. La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, y eso no es una cuestión objetiva sino estadística pura. Han salvado bancos y no a personas, pero no sé de qué nos podemos sorprender cuando tenemos a un gobierno de derechas al frente. Están metiendo por el sumidero a muchos. Hay cierta sensación de revancha. Su ministro de Hacienda sí que puede decir que el cine español es malo, pero ellos no admiten ninguna crítica.

No me ha dicho nada del ministro Wert...
Prefiero no hablar de él porque no quiero insultarlo. Es un concepto de persona que choca totalmente conmigo.

¿Ni siquiera le dedicaría una canción?
No le deseo mal alguno pero sin duda le tocaría la Marcha Fúnebre.

¿Miguel Ríos ha aprendido más de los éxitos o de los fracasos?
Está claro que el éxito es un territorio balsámico, con todo el peligro que eso conlleva, pero el fracaso te hace reflexionar y es el que te empuja crecer. Yo soy persona de agradecer mucho todo lo que me ha pasado. Siempre he pensado que el Himno de la Alegría fue una lotería. Dos tipos me eligieron a mí y no a otro, y toda esta vida que he contado en las páginas del libro, o hubiese tenido menos capítulos o símplemente no existiría. De mi carrera me quedo sin duda con un concepto, no con una canción: haber sabido resistir.

¿De qué artistas ha mamado Miguel Ríos?
Soy un ladrón de melodías y de estilos. Del rock en castellano me alucinaban los Teen Tops. Vamos, que con Enrique Guzmán se me abrían las carnes. Ray Charles, Elvis Presley...Eran cantantes inalcanzables. He envidiado mucho, en el sentido más malo, y he sido un pelín estudioso de la voz. Es mi instrumento y son muchos los referentes. Afortunadamente, hace tiempo que me quite las orejeras de ver la música sólo con el prisma del rock y pensar que el resto es una mierda. Hay mucha gente que me atrapa y el feísmo también triunfa y logra emocionar.

Sexo y drogas van de la mano del rock & roll...
Es una trilogía del tiempo que se ha vivido. En aquellos años era consustancial cantar e intentar ligar. Era uno de los acicates para subirse a un escenario, nadie lo puede negar. Muchas de las actitudes arriba era ver si enganchabas a alguien para que te alegrara la noche. La droga tenía por su parte un componente generacional y de un tiempo determinado. Hay un talento infalible en mucha gente que ha consumido drogas.

Precisamente usted acabó en un calabozo por fumarse un porro...
La vida privada nos compete a cada uno. Si uno fuma un porro en su casa y lo llevan al trullo es una violación de los derechos. La criminalización de la droga es un concepto generacional y social muy interesado, una de las herramientas que tenía el poder cuando le venía en gana.

En 2011 usted dio un paso siempre complicado: aparcar las giras que tanto éxito le dieron en los años 80 ¿Cuando decide un artista que vive en la carretera poner fin al trayecto del autobús?
En mi caso, cuando te subías a un escenario con la sensación y la aprensión de que podías caer en una repetición que se convirtiese en tu callejón sin salida. Tienes un bagaje de temas que han marcado tu carrera, como el Himno de la Alegría, Santa Lucía, Bienvenidos... pero te vas dando cuenta de que hay menos espacio para que se te ocurran cosas brillantes, y esto te alerta de que tu momento llega. Ese temor a la repetición podía abocar en tu propia caricaturización. Ahora, no más giras de dos horas y media, pero por supuesto siempre en marcha para seguir en la brecha.

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