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Newsletter 87 | Desenredando la tecnología

Desenredando la tecnologia.

Desenredando la tecnologia. / L. O.

Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

Hola.

Te doy la bienvenida a la edición #87 de Desenredando la tecnología, la newsletter que te acerca el mundo de la tecnología de una forma amena, cercana y sin tecnicismos.

En esta edición te hablo de:

💡  El tema de la semana: internet no te regala nada: solo te acostumbra primero

📰  Noticias 

❓ La encuesta: ¿crees que las redes sociales deberían tener un límite de uso diario?

🔢  El dato: porcentaje de personas que han usado internet en el último año en España

🎩  El truco: convierte tu móvil en un escáner

💥  Mi recomendación: el podcast Loop Infinito

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Desenredando la tecnología

Noticias, herramientas y recomendaciones sobre tecnología de una forma amena y sin tecnicismos

Me apunto

💡 El tema de la semana

Internet no regala nada: solo te acostumbra primero

Hubo un tiempo en el que “gratis” sonaba a regalo.

Como cuando en el súper te daban una loncha de jamón en la charcutería y tú pensabas que aquello era puro amor al cliente y no una estrategia milimétricamente diseñada para que acabaras llevándote medio kilo.

Internet ha perfeccionado ese truco.

Aquí no te regalan una loncha de jamón: te regalan almacenamiento, música, correos, mapas, productividad, entretenimiento y ahora, por supuesto, inteligencia artificial.

Todo parece maravilloso.

Todo parece gratis.

Hasta que un día descubres que no era gratis: era una mudanza emocional.

Hace poco leí una frase brillante que resumía esto mejor que cualquier tratado económico: “Gratis hasta que no puedes vivir sin ello”.

Y ahí está la clave.

No pagas por entrar.

Pagas por no querer salir.

Las redes sociales fueron probablemente nuestra primera gran masterclass en este modelo.

Nadie te cobraba por abrirte una cuenta.

Al contrario: todo eran fuegos artificiales.

Mira qué fácil compartir fotos.

Mira qué divertido reencontrarte con aquel compañero del instituto que no recordabas ni que existía.

Mira qué cómodo enterarte de todo sin salir de aquí.

Y cuando ya vivías dentro, empezaron a cambiar los muebles sin pedir permiso.

Más anuncios.

Menos alcance.

Más algoritmos decidiendo por ti.

Más dependencia disfrazada de comodidad.

La casa seguía siendo “gratis”, sí, pero de repente el alquiler emocional era altísimo.

Ahora el mismo patrón se está aplicando a la inteligencia artificial, solo que a mayor velocidad y con menos disimulo.

Te dejan probar.

Te regalan unas cuantas consultas.

Te enseñan lo útil que puede ser resumir documentos, ordenar ideas, corregir textos, preparar reuniones, planificar viajes o incluso discutir contigo si esa camisa realmente combina con esos zapatos (spoiler: probablemente no).

Durante unas semanas piensas: qué maravilla.

Durante unos meses piensas: cómo hacía yo esto antes.

Y entonces llega el momento importante: el límite.

Has alcanzado el máximo de uso.

Tu modelo favorito ya no está disponible.

La función realmente útil está en el plan premium.

La velocidad baja sospechosamente.

La calidad también.

Y si decides quedarte mucho tiempo en la versión gratuita, aparece el viejo conocido de internet: el anuncio.

Porque si tú no pagas, alguien tiene que hacerlo.

Y normalmente ese alguien acaba siendo, de una forma u otra, tú mismo.

No necesariamente con dinero al principio, sino con atención, hábitos y dependencia. Que, en 2026, probablemente cotizan mejor que el petróleo.

Lo interesante no es que esto ocurra —eso ya casi lo damos por hecho— sino lo rápido que normalizamos la transición.

Pasamos del “voy a probar esto” al “no puedo trabajar sin esto” con la misma naturalidad con la que abrimos la nevera, aunque sepamos perfectamente que dentro no ha aparecido nada nuevo desde hace siete minutos.

La IA tiene además un ingrediente extra: no solo ahorra tiempo, también reduce fricción mental.

Y eso engancha muchísimo más.

Responder correos cuesta menos. Resolver dudas cuesta menos. Organizar ideas cuesta menos.

Decidir cuesta menos.

Es como tener un becario brillante, rápido y silencioso que nunca pide vacaciones. Normal que uno se acostumbre.

El problema no es usarlo. Sería absurdo renunciar a herramientas útiles por romanticismo tecnológico, como quien decide volver a mandar fax por principios.

El problema quizá está en no preguntarnos cuándo una ayuda se convierte en infraestructura personal.

Porque cuando algo deja de ser accesorio y pasa a ser imprescindible, deja también de ser gratis, aunque aún no hayas metido la tarjeta.

Y ahí las empresas lo saben perfectamente.

No venden una herramienta. Venden la sensación de que ya no quieres volver atrás.

Quizá por eso el verdadero lujo digital del futuro no será tener acceso a más plataformas, más suscripciones o más inteligencia artificial, sino conservar la capacidad de decir: esto me ayuda, pero no me posee.

Aunque, siendo sinceros, lo más probable es que terminemos pagando.

Como con Spotify. Como con Netflix. Como con ChatGPT. Como con esa app que juraste que jamás ibas a suscribirte y ahora renuevas automáticamente sin mirar.

Internet no vende productos. Vende costumbre.

Y pocas cosas salen más caras que acostumbrarse a vivir gratis.


📰 Noticias

Esta semana la inteligencia artificial ha decidido que no solo quiere ayudarte con el correo: también quiere escribir código, corregir exámenes, elegir amigos y, si te despistas, hasta ganarte al ping-pong.

Mientras tanto, Google sigue sacando la chequera y los ayuntamientos se apuntan al futuro. Vamos por partes.

🤖 Google ya programa (y bastante) 

En Google aseguran que el 75% de su código ya lo escribe la IA. Traducido: Gemini no solo responde dudas, también pica tecla como un becario hiperactivo que nunca pide café. La automatización avanza rápido y plantea una pregunta incómoda sobre el futuro de los ingenieros en este nuevo reparto del trabajo digital.

💸 Meta recorta para seguir corriendo 

Meta prepara un tijeretazo del 10% de su plantilla mientras destina hasta 65.000 millones a inteligencia artificial. Traducido al castellano empresarial: menos sillas, más servidores. La carrera por no quedarse atrás frente a OpenAI y Google sale cara, y alguien siempre paga la factura en la oficina de al lado.

💰 Google saca la cartera para Anthropic 

Por si no parecía suficiente apuesta, Google quiere invertir 40.000 millones de dólares en Anthropic, con 10.000 millones de entrada, como quien deja una señal para reservar mesa. La guerra de la IA ya no se mide en innovación, sino en ceros a la derecha de la cuenta bancaria de las grandes tecnológicas.

🔐 Combatir la IA… con más IA 

Google también avisa de que la ciberseguridad entra en otra fase: si los malos usan IA, los buenos también tendrán que hacerlo. Es un poco como combatir dragones criando dragones, pero en versión oficina y con contraseñas. Los expertos lo explican en este análisis sobre la nueva defensa digital.

🏛️ Arteixo ficha IA para el Concello 

Arteixo recibirá 1,8 millones del Ministerio de Ciencia para impulsar “Arteixía”, un proyecto que busca mejorar la gestión municipal con inteligencia artificial. Si todo sale bien, quizá antes te responda el Concello que tu grupo de WhatsApp familiar. La idea es usar la IA para hacer más eficientes los servicios públicos.

📱 La escuela pide mejores mensajes 

Familias y docentes de A Coruña celebran que la futura Lei de educación dixital quiera poner orden en la comunicación escolar, pero también reclaman algo muy terrenal: poder programar mensajes. Porque recibir avisos a las 23:47 sobre una excursión del martes no es innovación, es cardio emocional. Lo cuentan en este debate sobre tecnología y colegio.

👥 La IA también tiene su grupito de amigos 

Un estudio concluye que los modelos de lenguaje eligen amistades de forma parecida a los humanos: afinidad, patrones sociales y cierta tendencia a juntarse con “los suyos”. En resumen, la IA también hace corrillos. Solo falta que empiece a decir “cuándo quedamos para tomar ese café que tenemos pendiente”. Aquí está la curiosa investigación sobre sus hábitos sociales.

🏓 Un robot ya te gana al ping-pong 

El robot Ace, de Sony AI, ha vencido a algunos de los mejores jugadores de tenis de mesa del mundo. Lee trayectorias, anticipa movimientos y responde en milisegundos. Básicamente, el rival perfecto para recordarte que tampoco eras tan bueno en el recreo. Así funciona este nuevo campeón silencioso.

📚 La IA también corrige exámenes 

Un experimento alemán muestra que la inteligencia artificial puede reducir desigualdades al corregir exámenes universitarios, especialmente en Derecho. Puede que pronto el clásico “el profesor me tiene manía” pierda fuerza frente a un rival más frío: “el algoritmo no me entendió”. Aquí está el estudio sobre la nueva justicia académica.

Y hasta aquí el repaso semanal. Si la IA sigue avanzando a este ritmo, pronto esta newsletter la escribirá sola… aunque espero que al menos me deje corregir sus errores.


❓ Encuesta

En el último email, pregunté a los lectores de esta newsletter si se imaginan su vida sin Internet

La encuesta ha estado bastante igualada, pero han ganado los que sí se la imaginan con un 57% de los votos

Vamos con la pregunta de esta semana

¿Crees que las redes sociales deberían tener límite de uso diario para todos los usuarios?

👍 Sí

👎 No

La respuesta, la próxima semana.


🔢 El dato tecnológico

96,3

Porcentaje de población de 16 a 74 años en España que ha usado Internet en los últimos tres meses. Estar offline ya es casi una rareza estadística.


🎩 El truco

Convierte tu móvil en un escáner profesional

Con Google Drive o la app Notas del iPhone puedes escanear documentos con calidad sorprendente. Adiós a las fotos torcidas.


💥 Mi recomendación

El podcast Loop Infinito (by Xataka), de Javier Lacort

Análisis diario de la actualidad tecnológica con mucho contexto y cero hype gratuito.


📩 Newsletters anteriores

🚀 Desenredando la tecnología #86

🚀 Desenredando la tecnología #85

🚀 Desenredando la tecnología #84

🚀 Desenredando la tecnología #83

🚀 Desenredando la tecnología #82

🚀 Desenredando la tecnología #81

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