Impacto tecnológico
De los móviles a tu factura de electricidad: así es cómo la IA ya está encareciendo tu vida
La carrera entre gigantes empresariales por liderar el mercado de la IA generativa acentúa la escasez mundial de memoria RAM que perjudica a ordenadores y smartphones, mientras que los centros de datos están disparando el precio de la energía entre sus vecinos

Una factura de la luz, frente a una lavadora en funcionamiento. / EFE

La inteligencia artificial ya está encareciendo tu vida. De cara a los próximos años, podría ir a peor.
Por ahora, el negocio de la llamada IA generativa está en números rojos. Entrenar un gran modelo de lenguaje (o LLMs, por sus siglas en inglés) para que sea capaz de entender las órdenes de los usuarios y traducirlas en la creación de textos verosímiles, imágenes y vídeos hiperrealistas y código informático es extraordinariamente costoso. Millones de personas en todo el mundo utilizan chatbots como ChatGPT, DeepSeek, Claude o Gemini. Sin embargo, la mayoría de ellas accede a su versión gratuita, sin pagar una suscripción.
La suma de esos dos factores hace que tanto gigantes como Google o Meta como start-ups punteras como OpenAI, Anthropic o xAI pierdan dinero con la comercialización de unas herramientas que venden como el futuro. Quizás es por eso que están presionando para colocar sistemas de IA en todos sus servicios. Piensa en el asistente de Gmail, en los resúmenes que genera Google o en el molesto e inamovible círculo azul que desde hace unos meses aparece cada vez que usas WhatsApp. Un acelerado despliegue forzado por la industria tecnológica que choca con la incertidumbre y el temor social que genera. En España, cerca del 60% de la población ve la IA con preocupación, según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Cada vez más caro
Silicon Valley vaticina que la IA transformará el mundo, automatizará el trabajo, rebajará las barreras de entrada a la creatividad, propulsará la productividad y, por ende, abaratará ciertos costes. En algunos casos será así. Sin embargo, y más allá de proyecciones futuras, la IA —y la frenética carrera comercial y geopolítica que la rodea— ya se está traduciendo en el encarecimiento de la vida en al menos dos aspectos.
Sin chips, la IA no existe. Estos circuitos, que operan como un cerebro electrónico, son lo que permite que ChatGPT y otros chatbots puedan simular el razonamiento humano y ejecutar distintos tipos de tareas. A pesar de ser minúsculos, requieren de grandes volúmenes de memoria RAM. Esta, vital para que las máquinas puedan almacenar datos a corto plazo, está presente en todos los dispositivos informáticos, desde ordenadores a teléfonos móviles.
Conscientes de esa dependencia, los gigantes de la IA están destinando miles de millones de dólares —ofertas "sin precedentes"— a comprar memorias para abastecer su creciente número de centros de datos. El frenesí inversor en la IA ha disparado el negocio de los tres proveedores que controlan el mercado de memoria, Micron, SK Hynix y Samsung Electronics, lo que, a su vez, los ha llevado a desviar sus recursos de los productos orientados al consumidor hacia la IA.
La industria tecnológica ha copado tanta memoria informática que no hay suficiente para satisfacer la demanda mundial. Esa escasez, bautizada con el término RAMageddon, ha hecho que los precios de la memoria se disparasen entre un 80% y 90% durante el primer trimestre del año, según Wccftech. Dependiendo del chip, el coste podría haberse incrementado en hasta un 600%.

Los diminutos circuitos integrados que dan forma a los chips, vitales para dispositivos electrónicos y la IA / Archivo
Todo eso impacta al consumidor. Fabricantes como Apple, Samsung, Dell, Lenovo, Acer, Framework, Xiaomi, Asus, Nothing o Raspberry Pi ya han incrementado los precios de sus ordenadores y teléfonos móviles. La consultora TrendForce estima que los portátiles convencionales podrían encarecerse un 40% en 2026. En el sector de los videojuegos, la escasez de RAM podría aumentar el precio de la consola Switch 2, de Nintendo, y retrasar el lanzamiento de la PlayStation 6.
Este problema estructural hará que el acceso a la electrónica de consumo sea cada vez más restrictivo. El encarecimiento afectará especialmente a los productos más económicos, pues son los que tienen un menor margen de negocio. En algunos casos, la fabricación de esos modelos podría dejar de ser viable. Sin ir más lejos, Apple y Microsoft ya han dejado de comercializar algunos de sus ordenadores de gama baja. En el peor de los escenarios, muchos fabricantes de productos electrónicos de consumo "quebrarán o abandonarán líneas de productos", ha alertado Pua Khein-Seng, director ejecutivo de la empresa de memoria Phison e inventor del pen USB.
No habrá alivio hasta 2028
La memoria RAM se ha convertido en un elemento tan transversal que su escasez afectará a todo tipo de productos en todo tipo de sectores. Es el caso de televisores inteligentes, rúters de Wi-Fi, automóviles, equipamiento para hospitales... Las perspectivas de ese encarecimiento no son optimistas. Samsung ha vaticinado que la escasez empeorará en 2027, un augurio compartido en el sector. "No habrá alivio hasta 2028", ha advertido Lip-Bu Tan, director ejecutivo de Intel.
Los centros de datos que operan sin pausa para que los usuarios puedan generar textos o imágenes sintéticas a golpe de clic consumen cantidades ingentes de energía. Aunque las empresas tecnológicas prometen que traerán nuevas oportunidades económicas, esas infraestructuras colosales repletas de servidores absorben tanta electricidad que terminan disparando el precio de las facturas de los vecinos. En esas áreas en EEUU, el coste mayorista de la electricidad es hasta un 267% más alto que hace cinco años, un aumento que se está trasladando a los clientes, según un reciente estudio de Bloomberg.
"Hay dos formas en que los centros de datos pueden aumentar las tarifas para todos. En primer lugar, la empresa de servicios públicos está construyendo nuevas infraestructuras para suministrar energía a los centros de datos y reparte esos costes entre todos los contribuyentes. En segundo lugar, algunos precios de la energía que paga la empresa de servicios públicos se fijan a través de los mercados, y cuando la demanda aumenta —y la oferta no aumenta lo suficientemente rápido como para satisfacerla— los precios suben", explica Ari Peskoe, director de la Iniciativa sobre Legislación Eléctrica de la Universidad de Harvard.

Vista aérea de los ventiladores de refrigeración de un centro de datos de Digital Realty en Ashburn, Virginia (EEUU). / Andrew Caballero-Reynolds / AFP
Esa tensión energética se está replicando en otros lares como Irlanda, Chile o Países Bajos. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2030 la demanda de electricidad de los centros de datos de todo el mundo se duplicará hasta alcanzar unos 945 teravatios-hora (TWh), más que el consumo total de electricidad actual de Japón.
Preguntado por ese problema, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, ha dicho: "La gente habla de la cantidad de energía que se necesita para entrenar un modelo de IA... Pero también se necesita mucha energía para formar a un ser humano. Se necesitan unos 20 años de vida y toda la comida que se ingiere durante ese tiempo para llegar a ser inteligente".
Lo que está por llegar
Hay otra vía con la que la IA puede encarecer tu día a día: la publicidad personalizada. A principios de año, ChatGPT empezó a mostrar anuncios en su interfaz, una maniobra con la que OpenAI trata de generar más ingresos para corregir un negocio en números rojos. "Solo alrededor del 5% de sus usuarios paga una suscripción, lo que deja a la gran mayoría en un nivel gratuito en el que la publicidad será el motor lógico del crecimiento", apuntó en un comunicado el gigante de la publicidad online Criteo, socio comercial de OpenAI. Google no lo está haciendo con Gemini, pero si utiliza las interacciones de los usuarios con el chatbot para mostrarles anuncios teledirigidos en su motor de búsqueda.
Con estos asistentes, Silicon Valley ha encontrado una fórmula para que cada vez compartamos voluntariamente más datos sobre nuestra vida, lo que utilizan para hacer caja. Aunque Google prohíbe usar ese sistema para encarecer el precio de los productos anunciados en función de los datos personales compartidos, muchos temen que eso pueda cambiar. Imagina que le pides al chatbot recomendaciones de regalos para tu pareja porque vas tarde y la IA aprovecha esa información —y otra como tus finanzas— para alterar lo que tienes que pagar. Ese escenario podría no estar lejos. Los precios algorítmicos ya ofrecen una ventana a esa problemática realidad.
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