Cada día, millones de objetos terminan su vida útil en hogares, comercios e industrias. Botellas de plástico, envases, restos de productos o materiales que ya no tienen una función aparente pasan a formar parte de una corriente invisible que, sin embargo, define uno de los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo: qué hacer con nuestros residuos.
En España más del 40% de los residuos terminan en vertederos. Un porcentaje que está muy lejos del objetivo marcado por la Unión Europea para 2035, que fija el límite en el 10%. La respuesta pasa por prevenir, reutilizar y reciclar y en convertir en energía aquellos residuos que no puedan reciclarse. Se trata, por tanto, de conseguir que los materiales permanezcan el mayor tiempo posible dentro del sistema productivo, evitando que acaben enterrados en vertederos y aprovechando todo su valor potencial. Es precisamente en ese punto donde la economía circular deja de ser un concepto teórico para convertirse en una realidad.
Veolia lleva años trabajando en esa transformación. La compañía ha situado la gestión sostenible de los residuos en el centro de su estrategia, desarrollando soluciones que cumplan con la jerarquía de residuos y que combinen, mediante una apuesta por la innovación tecnológica, el reciclaje de materiales con la valorización energética de aquellos residuos que hasta hace poco se consideraban desechos.
Pocos materiales representan mejor los desafíos de la sostenibilidad que los plásticos. Su versatilidad los ha convertido en un material imprescindible de la vida moderna, pero también en uno de los residuos más complejos de gestionar debido a su tipología.
Frente a esta realidad, Veolia ha desarrollado un modelo integral que permite recuperar los plásticos una vez finalizada su vida útil y reincorporarlos a nuevos ciclos productivos. El proceso comienza con la recogida y clasificación de los residuos, continúa con su tratamiento y transformación y culmina con la obtención de materias primas secundarias capaces de sustituir recursos vírgenes con la misma calidad y prestaciones.
La tecnología desempeña aquí un papel decisivo. En España, una de las instalaciones más emblemáticas es la planta de reciclaje de plástico PET de Veolia, en Badajoz, especializada en la producción de granza reciclada de PET alimentario de alta calidad. Gracias a sus avanzados procesos industriales, el material recuperado puede volver a utilizarse incluso en aplicaciones alimentarias, demostrando que un envase no tiene por qué convertirse en un residuo definitivo.
Este tipo de iniciativas permiten reducir el consumo de recursos naturales, disminuir la dependencia de materias primas fósiles y reducir la huella ambiental asociada a la fabricación de nuevos productos.
Pero no todos los residuos pueden reciclarse. Existe una fracción que, por sus características, resulta técnicamente inviable o ambientalmente poco eficiente de recuperar mediante procesos convencionales.
Durante décadas, el destino habitual de estos materiales fue el vertedero. Sin embargo, la evolución tecnológica ha abierto nuevas posibilidades. La valorización energética permite aprovechar el potencial energético de los residuos no reciclables para generar electricidad y vapor, evitando al mismo tiempo su eliminación final.
La diferencia es significativa. Mientras los vertederos generan emisiones de metano —uno de los gases de efecto invernadero con mayor capacidad de calentamiento—, la valorización energética permite reducir ese impacto y recuperar un recurso que de otro modo se perdería.
Esta tecnología, además de producir energía capaz de abastecer a industrias y hogares, contribuye a disminuir la dependencia de combustibles fósiles y a reforzar la seguridad energética en un contexto marcado por la transición hacia modelos más sostenibles.
Sin embargo, actualmente existen en España 11 plantas de valorización energética. Pese a que en 2025 se trataron más de 2 millones toneladas de residuos no reciclables en plantas de valorización energética, evitando su depósito en vertedero y transformándolas en energía; esta fracción sólo representa alrededor del 11% de los residuos municipales en España. Así, esta cifra se encuentra aún alejada de países como Alemania, Austria, Países Bajos o Dinamarca, donde este porcentaje se sitúa entre el 30% y el 40%, y donde el vertido es prácticamente inexistente o residual dentro de sus sistemas de tratamiento.
Uno de los proyectos más representativos de esta visión se encuentra en Cataluña. El Centro Integral de Valorización de Residuos del Maresme, situado en Mataró, trata anualmente más de 280.000 toneladas de residuos y constituye un ejemplo de cómo la tecnología puede transformar un problema ambiental en una fuente de recursos.
La instalación combina diferentes procesos de recuperación y valorización, permitiendo generar energía y reducir significativamente las emisiones asociadas a la eliminación tradicional de residuos. Más allá de las cifras, representa un cambio de paradigma: entender los residuos no como un coste ambiental, sino como una oportunidad para producir nuevos recursos.
Veolia es líder mundial en valorización energética de residuos no reciclables, gestionando 67 plantas de conversión energética a nivel global, con más de 50 ubicadas en Europa y dos en España. Estas instalaciones procesan anualmente más de 11 millones de toneladas de residuos, empleando tecnologías avanzadas de depuración de gases y sistemas de monitorización en tiempo real que garantizan operaciones seguras, eficientes y conformes con los estándares ambientales más estrictos.
Con una experiencia demostrada de más de 40 años, la compañía ofrece soluciones personalizadas según el contexto local, con tecnología propia, integrando eficiencia energética, recuperación de recursos y un compromiso de transparencia con la ciudadanía.
Pero la transición hacia una economía circular no depende únicamente de la tecnología o del impulso empresarial. Exige la implicación de toda la sociedad. Concienciar sobre la necesidad de gestionar los residuos de forma eficiente y sostenible es el primer paso, pero la colaboración público-privada es una pieza esencial en el desarrollo de infraestructuras y en la gestión de los servicios públicos.
Paralelamente, la compañía desarrolla programas de sensibilización y educación ambiental dirigidos a la ciudadanía. Porque el éxito de la economía circular también comienza en los hogares, donde una correcta separación de residuos sigue siendo el primer paso para que los materiales puedan volver a entrar en el ciclo productivo.
España avanza hacia modelos de gestión cada vez más sostenibles, aunque todavía existen retos importantes. Uno de ellos es incrementar la demanda de materiales reciclados para consolidar la viabilidad económica de las plantas de recuperación y acelerar la sustitución de materias primas convencionales. Para lograrlo, las políticas de compra pública verde, los objetivos de contenido reciclado y la creciente sensibilidad ambiental de consumidores y empresas serán factores determinantes durante los próximos años.
Así, Veolia continúa apostando por la innovación como herramienta para acelerar la transición. Con iniciativas centradas en potenciar el reciclaje de plásticos y favorecer su reincorporación a nuevos procesos productivos se refleja una estrategia que combina tecnología, sostenibilidad y visión a largo plazo.
Porque el verdadero objetivo ya no es gestionar residuos. Es conseguir que dejen de serlo. Y en ese camino, cada botella recuperada, cada tonelada reciclada y cada kilovatio generado a partir de materiales no reciclables contribuyen a construir un modelo económico más eficiente, resiliente y respetuoso con el planeta.