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Mariano Cabrero Bárcena

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  • 07
    Octubre
    2013

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    Política debates dentro democrática

    Los debates dentro de una política democrática

    Los debates dentro de una política democrática

     

    Los debates dentro de una política democrática -como la española -, deben desarrollarse dentro del Congreso de los Diputados, donde todos los partidos políticos allí presentes tienen voz y voto para decidir sobre las 17 comunidades españoles. Hemos de tener cuidado con los nacionalismos exacerbados,  que siembran de miedos, temores e incertidumbres las mentes de los españoles.


    Comprendemos todos que el ‘derecho a decidir’ lo tenemos  los españoles dentro de las 17 autonomías españolas, y que quien así lo haga, respetando la Constitución Española de 1978, será siempre considerado como un autentico demócrata. Y es que ese derecho a decidir de forma indiscriminada sobre lo que uno desee, en democracia, no existe por el momento. Dicho de otro modo: con la ley en la mano – nuestra aludida Constitución Española de 1978-, los catalanes no pueden decidir sobre su hipotética independencia, puesto que, y atendiendo a esta última- en el Título preliminar, Art. 1,2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado-, por lo que  una parte del Estado español no se puede separar, y por su cuenta y riesgo, del resto. Por lo que votar en Cataluña un referéndum de autodeterminación no es viable, mírese por donde se mire.


     

    Si queremos entender que, una vez constituido cualquier Estado de derecho, el consentimiento y reconocimiento del mismo se manifiesta por el mero hecho de residir en el mismo- los nacidos en él, se entiende-. Si Cataluña habita y vive dentro del territorio español, ha de someterse a la soberanía del pueblo español: el Rey de España, don Juan Carlos I de Borbón. Dicho de otro modo: a la Constitución Española de de 1978. Esto es irrefutable…


     

    Es bueno reconocer que, el bueno Artur Mas, trata de albergar en las mentes de los españoles-incluyendo a los catalanes, que también son españoles-, miedos temores e incertidumbres, para disimular la mala política económica llevada a cabo por su Gobierno de CiU; y ya se sabe: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. El nacionalismo, y en sí mismo, no es plenamente racional porque pretende reconocer la dignidad de grupo y no la dignidad humana universal.


    Algunos, como ciertos catalanes, sin duda, desean ser… “nuevos catalanes…”, para convertirse después en europeos. Claro está: con los dineros, como siempre, de los españoles. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, quien da la sensación que se ha vuelto loco, insiste en que se lleve a cabo una consulta- referéndum de autodeterminación- en Cataluña. Pero claro está: CiU sabe muy bien que, si en unas próximas elecciones autonómicas catalanas defendiera la independencia, sin duda alguna, las perdería. Nunca una minoría puede imponer su voluntad a una mayoría, en democracia, se entiende.  


    La autonomía de Cataluña tiene la ocasión de que en la próxima consulta electoral-los partidos políticos catalanes- aclaren y declaren su actitud en cuanto a su independencia, pero por la vía democrática, que es la Constitución Española de 1978, y vuelvo a insistir sobre la misma. Cuando el partido catalanista,Esquerra Republicana de Catalunya, abandone sus tesis, sus inexactitudes, sus mitos, su demagogia…sobre la nación Española, vendrá el entendimiento de todos los españoles. Esquerra es un partido de izquierdas, y en sus postulados defiende a la república y a la independencia de Cataluña, y defendiendo a ésta como ‘nación catalana’ o ‘Países Catalanes’.


    Estos pequeños partidos políticos (ERC, CiU, BILDU, PNV, BNG...) que a su vez hacen causa común en la implantación de sus propias lenguas –que lo son-, gallego, catalán y vascuence–, están fomentando una especie de 'extranjerías' o 'extranjerismos' en sus propias autonomías, que hacen que sus habitantes miren a España como una nación enemiga: nada más lejos. Han de entender, y de verdad, que, con sus idiomas –y una vez que atraviesen los Pirineos–, nadie conocerá los últimos, y sí el inglés y el español: ésta es una realidad como un templo.


     

    Ahora, sin embargo, saldrán a la palestra viejos nacionalismos extremistas que no podemos reconocerlos como plenamente racionales, en tanto en cuanto proponen el reconocimiento sólo de los miembros de su grupo étnico. 'A orillas de un barranco, / dice un negro, con afán: / Dios mío, quién fuera blanco, / aunque fuera catalán' (Coplas y cantares del pueblo ecuatoriano, donde se conserva el recuerdo de viejos conquistadores, y, al mismo tiempo, una fuerte rivalidad regional).


    Cuando los españoles seamos capaces de asumir que las identidades de los pueblos son perfectamente complementarias -la sociedad humana se divide en escalas o grupos: el individuo, la familia, el pueblo, la comarca, nacionalidad-autonómica, Europa, el mundo...- , y que perteneciendo a la primera formamos parte de la última es cuando los españoles empezaremos a coexistir pacíficamente.


    La libertad nunca significa libertinaje. La libertad ha de ejercerse siempre dentro de la ley de cada país.Nuestros pensadores, ya fallecidos, Ortega y Gasset y Unamuno nos hablaron de la vida: el primero( “Meditaciones del Quijote”), manifestando: “ La vida es libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad ( ... ) la vida pesa siempre, porque consiste en un llevarse y soportarse y conducirse a sí misma”; y el segundo ( “Diario Íntimo”), nos dijo: “ Se dice y acaso se cree, que la libertad consiste en dejar crecer una planta, en no ponerle rodrigones ( ... ); en no podarla, obligándola a que tome ésta u otra forma ( ...).  Y la libertad no está en el follaje, sino en las raíces (...), si sus raíces se encuentra al poco de crecer, con dura roca impenetrable, seca y árida o con tierra de muerte”.


     

    La libertad política es muy relativa, es decir, que en política no hay verdadera libertad. Llevaba razón, Napoleón Bonaparte, cuando sentenció: “Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los gobiernos para adormecer a los gobernados”. En nuestros días, estamos siendo testigos presenciales de cuál es el concepto de `libertad política’ para los gobiernos: la doctrina del partido al que pertenece cada uno: ésta es nuestra triste libertad política.


     

    Es posible que el mal momento económico por el que estamos atravesando, sea debido, principalmente, al haber vivido los españoles por encima de nuestras posibilidades. Es posible que el mal momento por el que estamos atravesando, sea debido a la ineptitud  de nuestros gobernantes: hoy en día por los políticos del PP; con anterioridad por los políticos del PSOE. Unos por otros, la casa sin barrer.


     

    Es necesario disponer de personas–líderes políticos como lo fueron Roosvelt y Churchil–, que deseen y quieran comprometerse, y en cuerpo y alma, con el ideario que fomente la construcción definitiva de una ‘Unión Europea’ como nación, que confedere a los distintos estados que la forman, bajo un emblema común: llegar a ser ‘ciudadano europeo’, antes que ciudadano español, inglés, alemán, austriaco...


     

     


     

    La Coruña, 7 de octubre de 2013


     

    © Mariano Cabrero Bárcena es escritor

     

     

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