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Alba M.

Licenciada en Comunicación Audiovisual. Veo series con la excusa de hacer una tesis.

Sobre este blog de A Coruña

Hablemos de arte en serie: hablemos de ficciones televisivas


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  • 22
    Julio
    2015

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    A Coruña

    Save Hannibal

    Save Hannibal

     

    En este contexto de enorme proliferación de ficciones televisivas hay algo que es ya indiscutible: Hannibal es la serie con más personalidad del momento. Lo curioso es que un show que no pretende gustar a todos y que hace lo que le da la mismísima gana haya nacido (y crecido) en un canal en abierto como la NBC. Bastante ha sido que la arriesgada obra de Fuller haya permanecido en antena durante tres temporadas en las que, dejémoslo claro, los índices de audiencia no han sido demasiado satisfactorios. En cambio, si algo hemos aprendido en los últimos años, es que los espectadores mandan mucho y los números no tanto, porque el fan establece una relación muy especial con el producto, y la calidad y el prestigio están por encima de la cantidad y la complacencia. Claro que este factor que ha logrado que Hannibal se mantuviese ya no puede seguir ejerciendo su fuerza en un canal de televisión por el que no pagan los seguidores sino los anunciantes. Y así, Bryan Fuller comunicó que la NBC había despedido a su psicópata caníbal.

    A falta de que nos llevemos una sorpresa de última hora y Hannibal encuentre su sitio en alguno de sus lugares naturales (cadenas por cable), esta son algunas de las cosas que, de ahora en adelante, nos vamos a perder:

    -       Una estética única: Bryan Fuller no esconde su predilección por lo visual y en su serie lo visual es todo. Nunca se utilizan palabras allí donde se pueden usar las imágenes. La sangre te salpica, las heridas te duelen y la comida te huele. Cada asesinato, cada plato y cada ensoñación son cuadros, performances o esculturas. No hay palabras que puedan eclipsar sus metáforas visuales. Y sí, esto ha sido utilizado como argumento por algunos para denunciar que la serie descuida sus guiones.

    -       El embellecimiento del horror: fruto de su obsesión por la estética, Bryan Fuller consigue aportar imágenes de una belleza superlativa que muestran escenas o actos espantosos. Así como Hannibal convierte sus asesinatos y sus platos en arte, el showrunner hace lo propio con una serie que nos presenta, sin censuras, a un psicópata tan desalmado como atractivo. Que esos platos nos resulten apetecibles es un mérito que no podemos desdeñar.

    -       Su banda sonora: Brian Reitzell, atípico compositor que no cuenta entre sus pasiones las series de televisión, no pudo resistirse ante un proyecto tan diferente y puso todo su afán experimental al servicio de las historias de Hannibal. Cada sonido contribuye a dotar de personalidad a la serie y ayuda a diseñar las secuencias y los personajes con una fuerza expresiva asombrosa, sobre todo para lo que nos tenía acostumbrados la televisión.

    -       Mads Mikkelsen: He de admitir, aún a riesgo de ser crucificada, que soy más del Hannibal de Mikkelsen que del Hannibal de Hopkins. No es que Mikkelsen sea mejor actor que Hopkins, que probablemente no lo es, es que el danés es todo lo que hubiésemos imaginado que sería el caníbal de los libros de Harris. Hopkins tuvo que suplir con inmenso talento un físico muy, pero que muy poco apropiado para interpretar al popular personaje pero Mikkelsen rezuma atractivo, clase y gélida frialdad por todos sus poros.

    -       Gillian Anderson: Esta mujer siempre es un plus y en Hannibal, cómo no, está estupenda. La ambigua, compleja, exquisita, inteligente y atormentada — a la par que valiente — Bedelia Du Maurier es uno de los personajes más fascinantes y mejor interpretados de la serie. Y, claro, la amamos.

     

    Estos son apenas algunos de los puntos clave que hacen de Hannibal una delicia horripilante y que nos llevan a muchos a lamentar su abrupta despedida. Queremos que el psiquiatra siga matando y siga comiendo y queremos que lo haga así de bien. Porque cada episodio de la serie de Fuller es una experiencia sensorial a la que nos hemos enganchado tanto como Will Graham a las torturas psíquicas de Hannibal. La maldad nunca había sido tan hermosa.

    Please, save Hannibal.

     

     

     

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