Cartas a Laila

Cadenita de seguridad

17.10.2015 | 01:06
Inés Arrimadas y Albert Rivera, de Ciudadanos, tras una reunión para analizar los resultados electorales en Cataluña del pasado 27-S.

Precioso, querida Laila, el delicado reloj de pulsera que le regalamos a María del Carmen el día de su cumple. Se lo probó y a fe que lucía en su muñeca. Como el broche de cierre no parecía muy seguro, todos aceptamos la solución de colocarle una cadenita de seguridad adherida a los dos brazos de la pulserita que, en todo caso, evitaría que el reloj cayese de la muñeca y se pudiera perder. ¡Vaya!, pensé, como Ciudadanos. Pura asociación de ideas.

Recuerda, amiga mía, que la crisis económica tuvo en España especial virulencia por la vulnerabilidad de nuestro modelo productivo que descansaba (y parece que quieren siga descansando) en la gran burbuja inmobiliaria y del ladrillo que nos estalló en los morros. El globo se infla, como sabes, a partir de las políticas liberalizadoras del suelo de Aznar y Rato. La burbuja se pone en marcha, los bancos la ceban con créditos a mansalva, estos sí, por encima de todas las posibilidades y comienza a cocerse en todo el país el pan de hoy que trae el hambre al día siguiente. Hubo gente que lo vio venir, que lo dijo y que pensó se frenaría la orgía una vez que los socialistas llegaran al poder. Desgraciadamente Zapatero y los suyos no se atrevieron a pinchar el globo a tiempo y, cuando estalló, no se les ocurrió otra cosa que tratar de convencernos que aquel ruido no eran más que cohetes de feria. Cuando el ruido se hizo estruendo llegó Rajoy, impasible el ademán, y comenzaron los recortes del muy escaso bienestar, el rescate pero solo de los bancos, el empobrecimiento, la brecha creciente de la desigualdad, la miseria para millones de personas y la gran frustración colectiva. Muy pronto los ciudadanos pasaron de la perplejidad a la indignación y comenzaron las mareas de todos los colores por todo el país, la ira, la movilización, la protesta y, sobre todo, el debate que hizo aflorar el profundo deterioro que sufría el sistema político mismo. El bipartidismo, único modelo vigente desde el advenimiento de la democracia, entra en crisis y se pone en cuestión. La alarma general en los círculos del poder estalla cuando el rechazo del bipartidismo se concreta en un proyecto político, Podemos, que irrumpe con tanta fuerza como sorpresa en el mapa político. La reacción de todos los poderes, los mediáticos incluidos, es inmediata y se ponen en marcha las operaciones de recuperación bipartidista, como siempre, desde arriba. Se procede, primero, al relevo, ordenado y embridado, en la Jefatura del Estado que había sufrido un evidente descalabro de imagen y autoridad; se articula una campaña de defensa del modelo bipartidista equiparándolo a la democracia misma y vendiéndolo como un constitutivo esencial y la mejor fórmula para la convivencia cívica, camuflando sus insuficiencias y fracasos y destacando sus logros y virtualidades; se impulsa y promueve el ataque en todos los frentes a Podemos, aprovechando al máximo sus insuficiencias, sus imprecisiones, sus tanteos y la etapa de construcción en que se encuentra; se considera y se prepara la posibilidad de relevo en el poder bipartito y es aquí donde se produce el impulso a Ciudadanos que cumple dos funciones: sustituir a Podemos como primer partido emergente y ser la cadenita de seguridad por si el broche del bipartidismo se rompe.

Los ensayos tras las municipales y autonómicas dan resultado y se comprueba que el mecanismo funciona a la perfección en Madrid y Andalucía. Se ve que Ciudadanos matiza el actual modelo como un tercero en concordia, pero así se consigue la supervivencia del bipartidismo, porque no dudes que Ciudadanos solo existe para ser cadenita de seguridad y funcionar como tal. Idéntica, querida, a la del reloj de María del Carmen.

Un beso.

Andrés

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