¡Somos únicos en hacer el ridículo!

29.12.2015 | 00:49
¡Somos únicos en hacer el ridículo!

Cuando la política de pactos es un hecho habitual en países de la UE, como en Alemania, Francia, Reino Unido y otros, nos damos de bruces con la incapacidad de conservadores y progresistas y la incompetencia política de las formaciones que han emergido una vez celebradas las elecciones generales del 20-D. El actual escenario político nos trae a la memoria aquella frase pronunciada por D. Manuel Fraga (1960) en la que aseveraba que Spain is different, ni mejor ni peor que otras naciones europeas, sencillamente "desemejante" y tal disparidad se ha perpetuado en todas las formaciones políticas, prevaleciendo el yo más que tú y el tú menos que yo. Podría considerarse que los cabecillas que quieren alzarse con el poder en el próximo gobierno (si llega a materializarse), tienen un alter ego, una doble personalidad, que podría compararse a la del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Los últimos acontecimientos quedan reflejados en los distintos postulados que plantean los que ansían ocupar los sillones de mando, a tenor de los casi recién nacidos al encaje parlamentario, la desazón de los que han gobernado durante estos últimos cuatro años y la inseguridad del principal partido en la oposición conforman un coctel que, a los ciudadanos no les convence. Por una parte, Rivera (C`s), que de salida iba de ganador y sustituto de la derecha tradicional, solicita auxilio de Sánchez (PSOE) para que deje gobernar a Rajoy (PP); de otra parte Iglesias (Podemos), sabe muy bien que no es la alternativa de la izquierda progresista y democrática, suma en falso su resultado electoral, mezcla de alianzas de distinta ideología e intenta distorsionar y provocar la indignación del pueblo. Por lo demás, Rajoy entona, melancólicamente, el que tuvo un peso/quiere tener dos? y no le salen las cuentas por mucha aritmética que sus estrategas empleen, habida cuenta que Sánchez, no quiere ni por asomo saber nada de arreglos y acuerdos con el actual presidente del Gobierno en funciones y, además, en estos momentos sus liderazgo, dentro del socialismo, está muy cuestionado por unos cuantos varones (a los que, en las elecciones municipales y parcialmente autonómicas de mayo de 2015 apoyó para pactar, con Ciudadanos o Podemos, gobiernos en ayuntamientos o comunidades autónomas), que pretenden cargárselo y, quizá, sustituirlo, por la endiosada presidenta andaluza, Susana Díaz, que se considera la salvadora de la patria y espera para imponer su criterio oteando cómo se resuelve el panorama pos electoral hispano, desde Despeñaperros. Desde que la citada señora ha hecho su aparición, sus ataques y contradicciones dentro y fuera del PSOE, están produciendo un hartazgo generalizado y de lejos se vislumbran sus ansias de poder y de pactar, sin ningún tipo de reparo con Rajoy y los suyos.

El momento que vivimos es complicado. En España, salvo raras excepciones, no existen precedentes de pactos (salvo los de la Moncloa -1977- y los de Toledo -1995-), sí hubo acuerdos para formar gobierno y gobernar (Aznar se cobijó bajo los paraguas de CiU, "hablando catalán en la intimidad", y, descaradamente, con el PNV, llegando a llamarle a ETA Movimiento Vasco de Liberación). De lo dicho, parece ser que nadie lo sabe o lo que es peor prefiere no recordarlo. Consecuentemente: ¿qué es lo que la ciudadanía quiere y pretende?, ¿quizá nuevas elecciones? En estos momentos somos el hazmerreír de Europa, por la sencilla razón de no saber negociar un pacto o un acuerdo de gobernabilidad entre fuerzas políticas afines. Está claro que los políticos, de las formaciones en liza, hacen muy bien el ridículo.

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