La Estrecha de San Andrés

El amor en los tiempos del móvil

01.03.2016 | 01:06
El amor en los tiempos del móvil

Si el difunto García Márquez hubiese escrito su novela aquí y ahora, El amor en los tiempos del cólera debería ambientarse en la era del teléfono móvil. Este pequeño dispositivo cada vez más inteligente es lo primero que mira el 80% de los usuarios españoles al levantarse y casi el 100% lo tiene siempre a su lado, incluso cuando duerme. A pesar de su minuciosidad, el informe anual sobre la Sociedad de la Información no detalla todavía la influencia de la tecnología en el beso de buenos días y buenas noches.

Quizá una rosa roja en forma de emoticono, a primera hora de la mañana, tenga en este tiempo el efecto romántico de una antigua carta rociada con palabras de amor y lavanda. Pero no solo las relaciones sentimentales y humanas están sometidas al imperio online. Absolutamente todo, desde lo universal a lo puramente íntimo, desde la economía global a las bibliotecas municipales coruñesas que ahora se repiensan, desde el presidente hasta cada uno de nosotros, permanece en revisión por este motivo.

El estudio refleja una vida digital cada vez más activa e intensa a la que se suman paulatinamente los mayores. Físicamente, el teléfono opera como una extremidad más para informarse, comunicarse, cartearse, orientarse, trabajar, vender, comprar, negociar, comerciar, fotografiar, escuchar música, controlar el colesterol o localizar personas accidentadas, entre múltiples aplicaciones y ventajas. El desafío surge cuando "los españoles no pueden pasar más de cinco minutos sin mirar el móvil" y aparece el término "nomofobia" como el miedo irracional a estar desconectado. Recientemente, numerosos tuiteros coruñeses protagonizaron un encuentro bajo el lema Quedada Coruña. Años después de comunicarse a través de la red social de los 140 caracteres, decidieron conocerse y aprovechar la reunión para promover una colecta solidaria de alimentos. Como profesional de las nuevas tecnologías, interpreto la iniciativa como un ejemplo más de la capacidad de internet para movilizar lo mejor de nosotros mismos. Y eso implica la aceptación de determinados verbos insustituibles en la vida: encontrarse, abrazarse, besarse, escucharse, mirarse a los ojos, acompañar.

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