La feliz gobernación

Celestinas ¿para qué?, ¡pan y rosas! Adiós, Berta Cáceres

08.03.2016 | 00:55
Celestinas ¿para qué?, ¡pan y rosas! Adiós, Berta Cáceres

Un diputado novel usó su tiempo en las dos primeras sesiones en captar portadas y titulares frivolizando con sus gestos y comentarios sexistas. Conseguido su objetivo, todos hablan de su pico con otro diputado y de los guiños entre vecinos y vecinas de diferentes bancadas. ¿Y qué? ¿Quiere ser alcahuete de la prensa rosa en el hemiciclo por si se le acaba la cuota de pantalla? Si esto va a ser la nueva política, va a ser que me borro, me queda tiempo para ver realidades, no tanto para esas puestas en escena.

Este año van cayendo en martes conmemoraciones varias. Hoy, 8 de marzo, es el día de la mujer trabajadora desde que las obreras del textil americanas en 1857 salieron a las calles de Nueva York y a las más de 15.000 que en marzo de 1908 marcharon por la misma ciudad al grito de "¡Pan y rosas!", por la jornada de 8 horas, igualdad salarial, por el derecho a amamantar a sus hijos durante las 10 horas de trabajo, no un día ante las cámaras. Habría que volver a ver la película de Ken Loach (Pan y rosas, 2000) en la que Maya y Rosa, hermanas mexicanas explotadas como limpiadoras en Los Ángeles, conocen a Sam, un activista que cambiará sus vidas, tomando conciencia de sus derechos y de los riesgos que corren al defenderlos.

Y un día de homenaje a las 140 obreras que fueron asesinadas en la madrugada del 25 de marzo de 1911 al arder la fábrica textil Triangle Shirtwaist en la que trabajaban, porque los patronos habían bloqueado todas las salidas.

Hoy recordamos a las luchadoras españolas de las duras huelgas madrileñas del textil en 1976 y1977, más de 6000 en Induyco, en defensa de unas reivindicaciones tan antiguas como actuales, el salario, la jornada, una guardería, salario real durante el embarazo; además, hoy habrá que poner la mirada en el norte de África, en Asia, en las maquilas de Centro América, donde mujeres y niñas son el principal sostén de sus países, tejen y cosen para las grandes marcas de la moda, luchan por unas condiciones dignas de trabajo y de vida, marcas que aquí compramos sin vergüenza a mayor gloria de plutócratas campechanos y caritativos.

No podemos dejar pasar este folio sin rendir homenaje a Berta Cáceres, activista indígena ambientalista hondureña asesinada el pasado jueves. Maestra de 43 años, baleada en su casa, uno más de los 111 asesinatos recientes de activistas ambientales. Berta, de la etnia Lenca, madre de cuatro hijos, estaba amenazada porque encabezó la lucha por la defensa del río Gualcarque, contra el capital chino ansioso de dólares hidroeléctricos que desean la construcción de represas, complejos turísticos, sin importarle lo que se lleve por delante.

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