La feliz gobernación

Erdogan, despotismo populista y clerical

26.07.2016 | 00:50
Erdogan, despotismo populista y clerical

" A la espera de lo que haya empeorado la situación hoy martes"

(Una anécdota de primera mano, mi hija mayor viaja a Turquía varias veces al año, se defiende en el idioma; en una ocasión esperaba a su cita en la escalinata de una plaza y una señora, al verla, volvió a los pocos minutos con un buen cartón para que no se enfriase; no creo que en Callao, Campos Elíseos, Times Square, Plaza Roja o Piccadilly Circus, ocurriese algo parecido. Seguramente fue de las que salió a defender a Erdogan el día del golpe, autogolpe, contragolpe; una población que, incomprensiblemente, lo considera un hombre del pueblo, defensor de la pobre periferia, que con él está recibiendo las limosnas benéficas del sistema)

Hasta hace pocos años, para la mayoría de nosotros, Turquía era un país lejano y extraño, que en el mapa de la escuela nos aparecía en Asia, ni siquiera lo asociábamos con Europa ni a Estambul con Constantinopla. No tiene ni cien años de historia y nació como estado laico. Poco a poco Occidente busca rentabilizarlo como cabeza de puente para los buenos y apartarlo de los malos, allí se instalan las bases militares, como en España o Italia. Estambul comienza a ser un foco turístico y escala transcontinental, llama a las puertas de la UE, pero el asunto de las libertades sigue sin resolverse, la emigración es constante, la huida de cerebros alarmante, el integrismo religioso de Erdogan, paso a paso, cada vez más dominante e intransigente: golpe a golpe este presidente lleva desde 2003 definiéndose con las tres palabras que encabezan este folio.

Es cierto, intento de golpe de estado hubo, aunque después nos dijeran que fue una chapuza, que los golpistas no llegaban a 3.000, que no había jefes y que no se habían leído el manual más simple; pero los muertos que nos cuentan pasan de 200.

También es cierto que esa noche aquí las redes nos engañaron vilmente, a los medios y a los particulares; Erdogan sí sabe dónde está el foco del golpe, el resto no, y aparece cuando quiere, como quiere y para lo que quiere, todo parece indicar que su información es abundante, como es la de la embajada de Francia cerrada a cal y canto o la de USA. Poco después todos los buenos se reúnen y redactan un mecachis en la mar como toda respuesta a la represión desencadenada por el déspota para desmantelar el supuesto autogolpe.

A partir de ahí, ya entramos en el contragolpe, en la depuración pura y dura, aprovechando que hay golpistas supuestamente aliados con un imán exiliado en Pensilvania, vamos a quitarnos de en medio a todo aquel que no rece y vote como Erdogan quiere. Mientras tanto, nosotros, impasibles ante la purga del aliado al que vendemos armas y miramos para otro lado, desde los noventa, que más de 30.000 kurdos son arrasados.

Los golpistas deben rendir cuentas ante la justicia por los crímenes que han cometido; pero bajo ningún concepto "justicia" implica que el todopoderoso traiga la pena de muerte ni una purga masiva de más de 60.000 personas, entre las que se encuentran profesores y decanos universitarios por sus opiniones políticas. Callamos mientras enjaulen refugiados.

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