Desde Los Cantones

Hay que sincronizar con todos los relojes oficiales

02.09.2016 | 01:00
Hay que sincronizar con todos los relojes oficiales

Pasadas las fiestas agosteñas, conviene que el equipo municipal ordene eficazmente la vida ciudadana. Seguridad, abandono urbano, limpieza, seriedad en los compromisos, etc. son servidumbres inaplazables. En buena hora que el ayuntamiento ponga sus relojes en sintonía. Mejor todavía, que sincronice con todos los relojes oficiales, que será el modo de acabar con su afición, en abrir nuevos frentes institucionales. También, que las adjudicaciones se ciñan al presupuesto inicial, abandonando los usos del bipartido PSG-BNG, cuyos ejemplos, Parque de Oza, Castrillón, Relámpago, Ofimático y edificio Ágora, constituyen el estandarte de la crónica negra. Tantas modificaciones, como las reseñadas, llevan al vecindario a maliciar que, el rigor y la política, pierden, en las conjeturas, su inocencia. La Coruña es una de las pocas ciudades cuyas madrugadas tienen la serenidad del mar en el cielo, solo alterada por el graznido de altura de las gaviotas. Tal vez, es una de las razones por las que no resulta fácil entronizar la hora. Nuestro tótem horario es el Obelisco, reloj mudo, con cuatro esferas discrepantes, que ahora intentan ponerlas de acuerdo. Debemos tomar en serio la función de los relojes oficiales. Así puso fin a una demora ancestral, que venía del Libro de las horas, cuando el mapa de América estiraba o encogía a capricho de los cartógrafos. Celebramos la vuelta de don Xulio, que regrese con las alforjas cargadas de imaginación, y que haga suya la poesía de los límites para no incidir, como el bipartido, en la senda que va del posmodernismo al premodernismo, o sea, el camino al revés, con la guinda multicultural.

Otrosidigo

Don César Molina, coruñés, socialista, exministro de Cultura, consiguió para La Coruña el Centro de Estudios Europeos, subvencionados por la UE, que se instalaría en el antiguo gobierno militar. Pasó a resultas. Sugirió que el Museo del Naufragio pudiese ocupar la ex prisión provincial. Cero patatero. Decía don César: "La Cultura se puede regir por sí misma. No creo en la dispersión cultural que plantean los nacionalistas. Hemos convivido durante siglos, hemos sido bilingües y no comparto su idea desintegradora. Sé por qué lo hacen y no contarán con mi colaboración". Fue cesado, a control remoto.

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