La feliz gobernación

Nuestros tratados internacionales, oro por baratijas

27.06.2017 | 01:09
Nuestros tratados internacionales, oro por baratijas

Don Rodrigo: Al conocer sus tesoros despertó mi idea fija

y al final cambiamos oro por baratijas...

Narrador: Oro por baratijas. ¡Que abuso! ¡Qué trueque tan desigual! Después del canje Don Rodrigo guardó en un cofre

todo lo que había obtenido. Montañas de baratijas.

Les Luthiers: Mastropiero que nunca,

'Cantata del adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras'

Estos genios argentinos, que nos alegran la vida, nos contaban hace años la historia de este Don Rodrigo, supuesto conquistador de las Indias, que acabó sucumbiendo a los encantos de la tierra y renunciando a las riquezas soñadas. A fin cuentas una parodia amable de nuestras ansias patrióticas perpetuas, sobre todo de las que planeamos con vistas comerciales y de expansión económica. Podríamos empezar con la posible historia del pacto de don Julián, gobernador de la antigua Ceuta, con Musa Ibn Nusair y Tariq Ibn Ziyad, (los terribles Tariq y Muza) para facilitarles el paso de sus tropas a la península, contra el rey visigodo Don Rodrigo en la batalla de Guadalete. Aquel traidor, este patriota. Gracias a Juan Goytisolo recordamos que en Reivindicación del conde don Julián se asimilan autor y personaje para denunciar el mito de una España castiza, caballeresca del nacionalcatolicismo en la que el señor carpeto (del reino de Toledo) se muere de hambre porque, en su afán de asegurar la pureza del idioma, no puede comer ninguno de los platos cuyo nombre tenga origen árabe.

Sí, nos trajeron oro de las Américas, pero sin pasar por hacienda y nos seguimos peleando con los americanos hasta el 98. Siempre gastamos dineros en las alianzas con el Estado Vaticano, hasta que en el Tratado Internacional del 79 ya nos invadió sin vergüenza. Habíamos restablecido relaciones en los cincuenta, con ellos y con USA; de aquellos no sacamos más que Franco nombrase obispos y de Eisenhower logramos que nos convirtiese en un portaviones gigante a cambio de cuatro barcos chatarra, leche en polvo y mantequilla.

Estamos en una ONU que hace agua, en una OTAN sin definir y al servicio de USA, pero en una Unión Europea que hay que hacer más fuerte, que nos ha surtido de autovías, AVE, educación, sanidad? a cambio de que compráramos su tecnología. Supongo que hemos ganado todos. El problema ahora no es el CETA (Tratado Comercial UE Canadá), no es su imagen de buen país, subordinado a los intereses USA, sino los intereses empresariales, americanos también y aliados de Trump. Seguro que en las 1.600 páginas solo hay cuatro sobre el medioambiente; tampoco abundan las que tratan de resolución de conflictos, derechos laborales y violaciones del Tratado.

Por favor, no puede llegar un presunto dirigente político a defender el acuerdo porque sus empresarios quieren vender zapatos y porcelana. Está muy bien que se diga en casa, pero que no se escuche fuera.

Si alguien sigue creyendo en libre mercado, que se lo haga mirar. El big data le dirá qué marca de coche comprará o si se hará vegano. Seguimos comprando baratijas.

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