Nieta José Mejuto Bernárdez, gallego represaliado en la Guerra Civil

Ana Paula Mejuto: ´Mi abuelo escribió hasta 15 días antes de ser fusilado, pero sus cartas tienen vida´

Mañana dona una copia de las misivas a la RAG. "Él lo hubiese querido, merecen conocerse"

26.12.2013 | 03:08
Ana Paula Mejuto, en A Coruña, flanqueada por su hija Carolina y Olivia Rodríguez. / víctor echave
Ana Paula Mejuto, en A Coruña, flanqueada por su hija Carolina y Olivia Rodríguez. / víctor echave

El abuelo de Ana Paula Mejuto fue fusilado en julio de 1937 después de varios meses en prisión. Ejecutado, aunque en los documentos oficiales se utilizó el macabro eufemismo de "muerte por hemorragia interna". José Mejuto Bernárdez pasó por los presidios de Vigo, la isla de San Simón y Pontevedra, unos meses durante los que tuvo tiempo a escribir cerca de 40 cartas. Textos que, además de poseer un enorme valor sentimental para su familia, constituyen un testimonio de gran valor histórico. Su familia emigró en 1954 a Buenos Aires y desde allí llegó el día de Nochebuena su nieta Ana Paula Mejuto. Mañana depositará una copia de esas misivas en la Real Academia Galega (RAG).

-¿Cómo conoció la historia de su abuelo y esas cartas?

-Por su mujer, mi abuela Alejandra Nogueiras. A él lo mataron en julio de 1937 y en el año 1954 mi abuela y sus cuatro hijos emigraron a Argentina porque ella tenía un tío en Buenos Aires. Yo conocí las cartas porque ella me hablaba mucho de mi abuelo, se pasó la vida queriéndolo. Durante las sobremesas nos narraba aquellas historias, que siempre encabezaba con la frase 'En esos tiempos...' y crecí embelesada escuchándola narrar. Hablaba de donde lo había conocido, donde habían vivido... Ella siempre terminaba llorando.

-Mañana entregará en la Real Academia Galega una copia de esas cartas. ¿Qué es lo que la impulsó a adoptar esa decisión?

-Tengo amistad con la profesora Olivia Rodríguez Álvarez, de la Universidade da Coruña e integrante de la RAG. Nos conocimos en el Café Tortoni de Buenos Aires, que es donde se reúnen los gallegos. Armamos una amistad muy linda y le hablé del libro que había escrito con las cartas de mi abuelo y de la historia de mi otro abuelo, al que también mataron y enterraron en una cuneta. Ella le habló a Xesús Alonso Montero (presidente de la Academia), que se mostró interesado y muy cordialmente me invitaron a donar estas cartas. Yo creo que mi abuelo lo hubiese querido así, esas cartas merecen darse a conocer. El libro está aún en trámites para su publicación e incluye un texto de Eduardo Galeano en la contratapa.

-¿Cómo son esas cartas que escribió su abuelo en prisión?

-Yo las pude leer cuando tenía 18 años y quedé sumamente conmovida. Son cartas que están llenas de vida, no están muertas. Son unas cartas bellamente escritas y en ellas está su espíritu, el legado que nos dejó: él quería que está historia saliese a la luz, que las cosas no se quedasen así. Son unas cartas que reflejan su deseo de que se hiciese justicia.

-¿Es posible vislumbrar una evolución de su situación personal durante el tiempo en que estuvo encarcelado hasta su ejecución?

-Sí. Las primeras las escribe desde la prisión de Vigo y se le nota esperanzado porque él sabía que no había hecho nada. Cuenta que había un rumor de que los iban a llevar a San Simón y mi abuelo estaba intrigado porque no sabía de qué lo acusaban. Hay un segundo grupo de cartas que son las de San Simón. Se percibe en ellas luz y esperanza porque estaba en un hábitat natural rodeado de árboles. Le encantaban los frutales; él y mi abuela habían sembrado una finca suya en A Retirosa, Coiro (Cangas). Son así hasta mayo de 1937.

-¿Qué es lo que pasa en esa fecha?

-Llegan desde Cangas informes de la Guardia Civil que lo condenan injustamente y su expediente pasa de ser civil a militar. Lo llevan a un juicio sumarísimo y lo condenan a cadena perpetua, una pena que luego conmutan por la muerte. Él sabía quien lo había delatado, quien había comentado sobre mentiras sobre él. Para mi abuelo y para la familia fue una situación terrible. Después del juicio sumarísimo escribe una serie de cartas conmovedoras, en las que se despide de sus hijos, de su mujer, de sus hermanas y sigue escribiendo hasta quince días antes de su muerte. En esas últimas cartas mi abuelo se hace una pregunta que a mí me impactó mucho: 'Estoy esperando un día, ¿cuándo?, que me digan cuando me van a matar'.

-El caso de su abuelo es similar al de otras víctimas de la represión, denunciados por rencillas familiares. ¿Cuál fue la acusación a la que se tuvo que enfrentar?

-Decían que era socialista, luego comunista, que había colaborado con el alcalde para defender la República. En el juicio le llegaron a decir que era muy inteligente y que eso era muy peligroso. En el expediente consta que la acusación formal era de rebelión militar en Cangas y por eso fue que pasó de un expediente civil a un juicio sumarísimo militar. Era una mentira porque cuando aquello ocurrió él ni siquiera estaba en Cangas porque vivía en casa de una hermana en Vigo ya que estaba trabajando en Bouzas. Mi abuela buscó ayuda por todos los lados: intentó hablar con Franco, recurrió a un hermano suyo que era cura... Ella lo intentó todo para ayudarlo y lo asistió hasta el final.

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