Pánico en Cangas de Onís al liarse a tiros el atracador de un banco y tomar tres rehenes

Tenía una veintena de antecedentes desde 1980, salió de la cárcel en febrero tras cumplir condenas por robo, lesiones y tenencia de explosivos - Su compañero fue detenido

01.11.2017 | 02:45
Uno de los atracadores, tirado en la acera, tras recibir el alto de la policía.

Tardará en olvidarse la mañana de pánico que vivió ayer Cangas de Onís. Un atraco en la sucursal del Liberbank en la calle Covadonga, la arteria principal de la localidad, a la vista del puente romano, terminó mal, con uno de los asaltantes liándose a tiros en plena calle con las fuerzas de seguridad y cogiendo como rehenes a dos empleadas del banco y a un cliente, mientras los agentes detenían a su cómplice desarmado. La ensalada de tiros dejó un guardia civil herido leve en un brazo y agujeros de bala por doquier, que acabó con la liberación de los rehenes y el suicidio del atracador que se negaba a entregarse.

La película de los hechos se inició sobre las ocho y media de la mañana. Los dos atracadores, Juan Carlos Sahagún Gobentes, de 59 años y un historial delictivo inabarcable, ya que tiene más de una veintena de antecedentes, desde 1980; y J.M.S.V., de 43, ambos naturales de Miranda de Ebro, en Burgos, aparcaron un Passat junto al puente romano. Vestían ropas oscuras y gorras blancas, como los obreros, según expresaron los testigos. Ambos merodearon por la sucursal del Sabadell Herrero. Pararon a tomar un café en Los Arcos. Sobre las nueve, cruzaron la calle y se metieron en la sucursal del Liberbank, donde la directora no estaba, porque había salido, sí que se encontraban en las dependencias dos cajeras y un cliente - guarda de seguridad- y otra usuaria que entró después de que lo hiciesen los atracadores.

Fue entonces cuando los atracadores exigieron a una de las trabajadoras, de forma calmada, que les entregase el dinero. La otra cajera, que se dio cuenta de lo que estaba pasando, avisó a la última clienta que había entrado para que saliese de la entidad bancaria y pusiese los hechos en conocimiento de la Guardia Civil. Para entonces eran las nueve y diez de la mañana. Los agentes se desplazaron rápidamente al lugar del atraco. Cuando llegaron, los asaltantes todavía estaban dentro, discutiendo la estrategia. Al dispositivo policial desplegado se unió también un agente del 092 que había dejado a su hijo en el colegio poco antes.

Un cuarto de hora después de la llegada de los agentes, los atracadores se dispusieron a salir, primero, J.M.S.V., que iba desarmado. Uno de los guardias, apostado a pocos metros, de rodillas, le dio el alto ante la presencia de varios testigos, que estaban en la calle. Tras J.M.S.V., salió su compañero, un "atracador alto y delgado", que sin pensarlo, sacó dos pistolas -"una enorme", según indicó a este diario un testigo- y se puso a disparar "a izquierda y derecha". Se oyeron no menos de trece disparos. Los agentes repelieron la agresión, incluido Emilio, el municipal que se había unido al dispositivo. J.M.S.V. se tiró al suelo con los brazos abiertos. Sahagún volvió entonces a meterse en la sucursal y se refugió junto a las empleadas y el cliente, en la sala de archivos.

Hasta cuarenta agentes de Policía y guardia Civil rodeaban el banco. Tras permanecer varios minutos en el suelo, los agentes le dijeron al atracador que se había quedado en la calle que se arrastre hacia uno de los laterales, donde es detenido y posteriormente trasladado al cuartel de Cangas de Onís.

Poco después llegó el negociador de la Guardia Civil de Gijón, con una chaqueta roja, que le tira un teléfono al atracador. Le preguntan qué quiere, pero el asaltante no quiere nada. Los rumores vuelan: que hay dos atracadores en el banco, que otro ha escapado, que hay un niño retenido... Todo falso. Los agentes pidieron entonces a los vecinos que permaneciesen en sus casas sin asomarse a las ventanas y no dejan salir a quienes se habían refugiado en los comercios. A pesar de la conversación con el negociador, el atracador no se decidía y son los propios rehenes quienes le convencen para que les deje libres. Salieron de uno en uno, a la carrera, con el pánico en el rostro, a las doce y cuarto del mediodía. Irreductible, Juan Carlos Sahagún se dirigió, entonces, a un cuarto interior donde suicida de un tiro en la cabeza. Cuando entró la Guardia Civil, el hombre estaba todavía vivo. El personal de una UVI móvil trató de reanimarle hasta la una y cuarto de la tarde, cuando dejó de intentarlo. El cadáver fue retirado a las tres y cuarto, y trasladado al Instituto de Medicina Legal.

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