03 de mayo de 2009
03.05.2009
La Opinión de A Coruña
Emprendedores coruñeses (XII)

La red empresarial de Dionisio Tejero

Dionisio Tejero Pérez levantó numerosos negocios en la ciudad dedicados a la consignación de buques y la industria textil, además de tener participaciones en el negocio bancario local

03.05.2009 | 02:00

Dionisio Tejero, vallisoletano de nacimiento, se estableció en A Coruña, donde consiguió crear y mantener con éxito sociedades en los sectores más pujantes de la ciudad durante el siglo XIX. La consignación de buques y los negocios relacionados con el tráfico marítimo fueron el eje de su actividad profesional, aunque no descuidó su participación en actividades financieras y textiles. No tuvo descendencia directa, pero sus sobrinos continuaron la labor iniciada por Tejero y consiguieron mantener la empresa hasta la actualidad. En 2006 sus herederos decidieron dividir el capital en dos secciones: el marítimo y el relacionado con otras actividades

Dionisio Tejero Pérez fue uno de los más relevantes líderes de empresa del siglo XIX. Comercio, banca, pesca, conserva, consignación de buques e industria textil marcaron la carrera empresarial de este vallisoletano afincado en A Coruña. Con su trayectoria, se convirtió en uno de los ejemplos más exitosos de empresarios foráneos que llegaron a Galicia a hacer fortuna.


El cumplimiento del servicio militar lo trajo a la ciudad en 1876 donde varios paisanos suyos le abrieron las puertas. Sus inicios estuvieron ligados a dos comerciantes banqueros relevantes en la capital herculina: su tío Wenceslao Pérez González y José López Trigo. Tejero comenzó a trabajar como contable en el escritorio de José López Trigo en 1879, y con ellos y otros socios participó en la formación de diferentes sociedades dedicadas fundamentalmente al negocio de consignación de buques y al textil coruñés.


El empresario se estableció por su cuenta en 1905. Su firma, Dionisio Tejero, comenzó a funcionar en 1905 por disolución de una de las compañías que había fundado con sus anteriores socios: Tejero, Pérez y Gil, de la que tomó los negocios de carbones, sal aceites y abonos, así como la explotación del vapor de cabotaje en Galicia. Consiguió formar una importante flota con la que constituyó la Línea Regular de Vapores Tejero.


Al mismo tiempo, se inició en el negocio de la pesca de altura, lo que indica que apostaba por las grandes transformaciones que estaba experimentando el sector pesquero durante el primer tercio del siglo XX. De esta forma, retomó la actividad de una compañía que había fundado con sus antiguos socios y que se dedicaba a la pesca de altura: Tejero Mariñas y Cía, y que complementó con la elaboración de conservas de pescado en La Iniciadora, una sociedad anónima que se dedicaba a la elaboración de conservas saladas y escabeches de pescado. Adquirió también los vapores Mary, Eva y Gero y compró la flota del vapor Denis (John Clavell en 1923).


Desempeñó el papel de comerciante que remite y recibe géneros, frutos o efectos, ejerció de almacenista de carbón y sal común y también como agente de aduanas y de seguros con el Banco Vitalicio de España y otras compañías nacionales y extranjeras. Se estableció también como consignatario de buques en el puerto herculino y su nombre se asoció al de quienes canalizaron las remesas americanas procedentes de la emigración. Compaginar la consignación de buques con la actividad financiera le colocó en una posición privilegiada en la recepción y distribución de los giros americanos.


Su carrera empresarial cobró un nuevo impulso hacia el final de la I Guerra mundial, cuando se convirtió en el principal promotor de la sociedad anónima Banco de La Coruña. Su integración tuvo lugar en un mercado financiero dominado por las casas de banca privadas, la banca oficial y la extrarregional.


A petición de Tejero, el Ayuntamiento coruñés impulsó la creación de la Agrupación Popular Coruñesa, que canalizó el apoyo de algunos de los más relevantes banqueros de la ciudad, como los Pastor y los Rubine. El punto de partida de la nueva sociedad consistía en un fuerte compromiso con el desarrollo urbano: saneamientos, urbanización, seguros marítimos, proyectos de comunicación con los pueblos vecinos, construcción de casas baratas y mejora de los servicios públicos.


El proceso de expansión de esta entidad, sin embargo, se vio interrumpido por la depresión económica mundial y la propia situación española entre 1931 y 1939. Tras la Guerra Civil, se reanudó el proceso de aproximación de la gran banca nacional a las instituciones financieras gallegas, pero el banco herculino terminó sus días como filial del Banco de Bilbao en 1969.


El emprendedor coruñés fue también uno de los pocos empresarios pesqueros que estableció un almacén de carbón en el puerto coruñés. Esta nueva iniciativa empresarial operaba bajo el nombre de Depósito Flotante de Carbones de La Coruña. Pese a las expectativas creadas, las pérdidas sufridas por la firma, junto a otras circunstancias, provocaron su disolución en 1933.


La otra gran inversión empresarial de Dionisio Tejero fue la entrada en La Galicia Industrial SA, sociedad dedicada a la fabricación de hilados y tejidos. En 1930, sin embargo, empezaron a surgir los problemas: subió el coste de las materias primas y la competencia entre las fábricas de la región era inmensa, a lo que había que añadir la que ejercían los competidores extrarregionales. La evolución de la moneda en los mercados internacionales y el coste del transporte de los envíos sobrecargaban los gastos de la empresa. Los stocks se acumularon durante el decenio, hasta que la Guerra Civil propició su liquidación.


Durante la contienda, Dionisio siguió ejerciendo como comerciante individual mayorista, naviero y consignatario de buques. Al finalizar el conflicto, fue necesario ampliar el capital, debido a que el incremento de precio de las mercancías en los puntos de producción, los nuevos impuestos y el consecuente aumento de los fletes, exigían un mayor volumen de fondos. Sus operaciones fueron bastante irregulares durante 1940, aunque obtuvieron beneficios. En esta época entró la segunda generación familiar.


El empresario falleció en 1941 sin descendencia. Su viuda y sobrinos transformaron la empresa individual en una sociedad limitada, Dionisio Tejero SL. El ámbito empresarial de la nueva compañía consistía en la realización de actividades de importación y exportación de sal, vinos, carbones, cordelería, despacho de aduanas de mercancías, agencia internacional de paquetes postales, pesca marítima, ejerciendo también como consignatarios y armadores de buques. Bajo la nueva denominación social comenzaron la transición del carbón al fuel oil en los barcos de vapor.


La explotación del vapor había provocado pérdidas significativas en 1952. Convencidos de que la combustión de carbón resultaba antieconómica en el negocio de la pesca, decidieron adaptar el vapor para quemar combustible líquido en los Astilleros y Talleres del Noroeste SA (Astano). Tres años después, la explotación daba ya beneficios. Al cumplir su cincuentenario de vida operativa, la empresa absorbió a La Galicia Industrial. La compañía venía operando bajo los auspicios de la casa Tejero, y esta nueva fusión supuso el cambio de objeto social de Dionisio Tejero Pérez SA, al incluir ahora la fabricación de hilados y tejidos de algodón, tintes y aprestos de los mismos.


El crecimiento fue especialmente intenso desde finales de la década de los 60. La única ocasión en la que redujo capital fue en 1986. La siguiente modificación se produjo en 2001 con motivo de la adaptación al euro. Finalmente, en marzo de 2006 acordaron dividir el negocio y el capital en dos secciones, por un lado, el marítimo y otras actividades, por otro.


Alonso, Luis; Lindoso, Elvira; Vilar, Margarita. Construyendo empresas. La trayectoria de los emprendedores coruñeses en perspectiva histórica

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